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Estoy adolorido y entumido. Me duelen las muñecas
y los pies que tengo fuertemente atados. Llevo días
aquí en un rincón de esta casa que no
es la mía. Impedido para seguir luchando.
Hace
una década que supimos de la presencia de los
dzulob(i),
hombres blancos y barbados. Por ese entonces, nos llegaron
noticias que estaban en el kúuchkabal(ii)
de los Couoh, que cuentan con armas que echan y hacen
mucho daño. Nos contaron de su atrocidad. Corríamos
peligro, cada célula de mi cuerpo lo sabía.
Eso fue lo que me hizo ir a ellos.
Y yo, junto con mis principales fuimos hasta ellos para
dialogar, con la esperanza de hacer una alianza como
las que antes habíamos hecho con los Tayú
o con los Canché.
Hablamos
con su halach uinic a quien llaman Francisco de Montejo
y lo hicimos en buenos términos. Nos prometió
respeto; pero él se fue y dejó a su hijo
al mando de sus hombres y cuando éste se establece
en la tierra de Ah Kin Pech, hace un año, nos
convocó a los bataob(iii)
de Ah Canul para que les presentemos obediencia, esas
son las órdenes. Sabíamos que aprovechando
la antigua rivalidad habida entre los de Maní
y los de Sotuta, renovada por la matanza de varios de
los Xiu de Maní en Otzmal por órdenes
de Nachi Cocom, ya había establecido alianza
con los batabes de las provincias de Ceh Pech, y Ah
Kin Pech.
Yo, Na Chan Canul y otros señores del Ku'uchkabal
de Calkiní, no hicimos caso del llamado. No acudimos
por no estar de acuerdo con la disposición y
combatimos duramente. Primero llegaron a estas tierras
los de Culhúa (traídos de Xicalango) al
mando de Gonzalo Méndez y dimos batalla. Después
llegó fresca pues había descansado en
Sacnicteelchen, la tropa comandada por el sobrino Montejo,
a quienes se les unieron los Canché y pese a
nuestros esfuerzos, nos vencieron y ahora estoy amarrado,
sometido junto con los de mi séquito.
Ya
llegó hasta mí que Na Pot Canché
reitera su fidelidad , a estos dzulob, también
lo hizo su yerno Na Couoh Mut.
No tengo miedo, nunca lo tuve. Tengo dolor. Un dolor
en el pecho. Es rabia e impotencia; ¡ellos, al
lado de los blancos! Y aquí, en el tu tancabal(iv)
de Na Pot Canché, donde está erguida la
sagrada ceiba, aquí, en Calkiní, los Canché
ordenaron a los calkinienses, que estaban admirados
y asustados por tanta barbarie de los extranjeros, les
fuese entregada, a estos dzulob la tasación del
tributo.
¡Cómo
es posible que a nosotros los canulob, los grandes guerreros,
el grandioso grupo mayense de custodios, los aliados
de los Cocom, primero en Chichén Itzá
luego en el consejo-gobierno de Mayapán, nos
hayan vencido estos dzulob! Nosotros, los grandes guerreros
a quienes nos fue reconocida nuestra pericia y valor,
nuestra enjundia, y que por ello se nos equiparó
con el jaguar y así quedó plasmado en
el costado sur del Templo de las Mesas, en Chichén
Itzá.
¡Oh,
cómo ladran los perros de estos extranjeros!
Persiguen a los míos, a aquellos que me fueron
fieles y lucharon a mi lado, hombro con hombro, y …
los Canché… festejan en esta vorágine.
Ven una oportunidad para readquirir el poder que antes
tuvieron.
Veo
un pequeño hueco entre el colobché de
las paredes… me acercaré con cuidado…los
dzulob, mezclados con los de Culhua se tiran codiciosamente
sobre el tributo entregado por mi pueblo, se lo arrebatan
entre ellos. Hubo quien agarró más que
otros, pero todos se hacen con avaricia de las mantas,
la miel y las brazadas de algodón.
Escucho la voz de mi abuelo que me vuelve a decir lo
que su padre Ah Tzab Canul le contaba:
Tuvimos que salir de la ciudad-estado de Mayapán,
en 1441, cuando los Cocom, para quienes trabajábamos
como guardianes protectores asociados de esa ciudad,
perdieron el poder a manos de los Xiu. Ellos nos sugirieron
dirigirnos al poniente en busca de la región
primera que fue el asentamiento de los nuestros a su
llegada en la 2ª. Época de la civilización
maya, después de haber partido del occidente,
de Zuyua- Xicalango…
(i) Extranjeros.
(ii) Espacio territorial gobernado
por un poder que reside en un lugar determinado.
(iii) funcionarios
(iv) enfrente de la casa |