El corazón de Ah' Canul - 18
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Anatomía de la Metáfora
Pedro Alcalá Guerrero
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El lenguaje crece merced a las metáforas, la respuesta común a la pregunta "¿qué es?" es, cuando la respuesta es difícil o la experiencia única, "bueno, es algo como...", éste es el modo principal de formación de lenguaje; un lenguaje nuevo conforme la cultura humana va adquiriendo complejidad, una ojeada al azar a las etimologías de palabras comunes en un diccionario demostrará esta afirmación. O tomemos los nombres de plantas o animales en sus indicadores en latín, o en sus bellos nombres en español, como escarabajo cornudo, encaje real, botón de oro, diente de león, etc., el cuerpo humano es un generador de metafores o él mismo es un metafor, crea distinciones que de otra manera serían inexpresables: el cuerpo de un ejército con el general a la cabeza, el ojo de la aguja, del huracán, de la cerradura; el labio de la herida; las lenguas de fuego; brazo de mar; la boca del cañón, etc.; todas estas metáforas acrecientan enormemente nuestras facultades de percepción del mundo que nos rodea y nuestra comprensión de él y, literalmente, crean nuevos objetos. No cabe duda de que el lenguaje es un órgano de percepción, no sólo de comunicación. El lenguaje se desplaza creando conceptos abstractos cuyos referentes no son observables excepto en un sentido metafórico, esto es, ciertamente, el nudo, el meollo, el corazón, la médula, el centro, el eje, etc. de nuestro razonamiento y que se "ve" únicamente con los "ojos" de la mente.

La mente consciente subjetiva es un análogo de lo que llamamos el mundo real. Esta constituido por un vocabulario o campo lexicológico cuyos términos son metáforas o análogos de conducta que se encuentran en el mundo físico. Es decir, la función común de la metáfora es el deseo de designar un aspecto particular de una cosa o de describir algo para la cual no existen palabras. Esta cosa que queremos designar, describir, expresar o ampliar lexicológicamente es lo que se llama metafrando y lo que opera sobre de él, mediante algo similar, familiar es lo que se llama metafor, por ejemplo, decir "brazo de mar" o la "cabeza de un clavo", los metafores son "brazo" y "cabeza" que se utilizan para designar una porción determinada -metafrando- del mar y uno de los extremos -metafrando- del clavo.

Pero esto no es todo, en la base de metáforas más complejas, compuestas de más de un metafor y de un metafrando, existen varias asociaciones o atributos del metafor a los que se les llama: parafores y que se proyectan de vuelta en el metafrando como lo que se llama: parafrando del metafrando.

Es claro que parece trabalenguas, pero algunos ejemplos mostrarán que descomponer la metáfora en estos cuatro elementos o partes, es algo muy sencillo; consideremos la metáfora "la nieve cubre la tierra como un manto".

El metafrando es algo (no conocido) sobre la totalidad y aun sobre el espesor con que la nieve cubre la tierra.

El metafor es una manta (conocido) sobre la cama.

Los gratificantes de esta metáfora están en los parafores (atributos) del metafor manta: tibieza, descanso, protección y sueño tranquilo hasta la hora de despertar. Estas asociaciones de la manta se convierten automáticamente en atributos o parafrandos del metafrando original, o sea, de la forma en que la nieve cubre a la tierra

Mediante esta metáfora hemos creado la idea de que la "tierra duerme y está protegida bajo la capa de nieve hasta su despertar en la primavera"; todo comprimido en la simple frase "manto de nieve", que indica la forma en que la nieve cubre la tierra.

No todas las metáforas, claro está, tienen ese mismo potencial generador. Si decimos que los "barcos surcan la aguas", el metafrando es la acción de la proa que penetra en el agua y el metafor la acción de hacer surcos. La correspondencia es exacta y el fin de ella, Pero si decimos que "el arroyuelo canta en el bosque", la similitud del metafrando del arroyo (burbujeando y gorgoteando) y el metafor de un niño o una mujer cantando, no tiene nada de exacta, aquí lo que tiene importancia son los parafores (asociaciones) de gozo, parloteo y bailoteo musical que se convierten en los parafrandos (atributos) del arroyuelo.

Para terminar basta oír a Agustín Lara en una de sus hermosas composiciones en que compara el amor y a la mujer con una rosa, lo que nos atrae no es la tenue correspondencia del metafrando con el metafor, sino los parafrandos de que el amor vive y florece con el sol únicamente en una estación, la primavera de la vida (otra metáfora), huele dulcemente, tiene espinas que lastiman, etc., o el verso que dice que "el amor es como una dorada mariposa que se consume en el fuego de la vida". Pero podemos decir lo contrario, menos romántico, que nuestro amor es como el cucharón del hojalatero, que se hunde bajo el brillo del ardiente crisol de tu anatomía; son muy claras las implicaciones y es obvio que ni la mujer ni el amor tienen esas cualidades a menos que las generemos mediante metáforas.