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El lenguaje crece merced a las metáforas, la
respuesta común a la pregunta "¿qué
es?" es, cuando la respuesta es difícil
o la experiencia única, "bueno, es algo
como...", éste es el modo principal de formación
de lenguaje; un lenguaje nuevo conforme la cultura humana
va adquiriendo complejidad, una ojeada al azar a las
etimologías de palabras comunes en un diccionario
demostrará esta afirmación. O tomemos
los nombres de plantas o animales en sus indicadores
en latín, o en sus bellos nombres en español,
como escarabajo cornudo, encaje real, botón de
oro, diente de león, etc., el cuerpo humano es
un generador de metafores o él mismo es un metafor,
crea distinciones que de otra manera serían inexpresables:
el cuerpo de un ejército con el general a la
cabeza, el ojo de la aguja, del huracán, de la
cerradura; el labio de la herida; las lenguas de fuego;
brazo de mar; la boca del cañón, etc.;
todas estas metáforas acrecientan enormemente
nuestras facultades de percepción del mundo que
nos rodea y nuestra comprensión de él
y, literalmente, crean nuevos objetos. No cabe duda
de que el lenguaje es un órgano de percepción,
no sólo de comunicación. El lenguaje se
desplaza creando conceptos abstractos cuyos referentes
no son observables excepto en un sentido metafórico,
esto es, ciertamente, el nudo, el meollo, el corazón,
la médula, el centro, el eje, etc. de nuestro
razonamiento y que se "ve" únicamente
con los "ojos" de la mente.
La
mente consciente subjetiva es un análogo de lo
que llamamos el mundo real. Esta constituido por un
vocabulario o campo lexicológico cuyos términos
son metáforas o análogos de conducta que
se encuentran en el mundo físico. Es decir, la
función común de la metáfora es
el deseo de designar un aspecto particular de una cosa
o de describir algo para la cual no existen palabras.
Esta cosa que queremos designar, describir, expresar
o ampliar lexicológicamente es lo que se llama
metafrando y lo que opera sobre de él, mediante
algo similar, familiar es lo que se llama metafor, por
ejemplo, decir "brazo de mar" o la "cabeza
de un clavo", los metafores son "brazo"
y "cabeza" que se utilizan para designar una
porción determinada -metafrando- del mar y uno
de los extremos -metafrando- del clavo.
Pero
esto no es todo, en la base de metáforas más
complejas, compuestas de más de un metafor y
de un metafrando, existen varias asociaciones o atributos
del metafor a los que se les llama: parafores y que
se proyectan de vuelta en el metafrando como lo que
se llama: parafrando del metafrando.
Es
claro que parece trabalenguas, pero algunos ejemplos
mostrarán que descomponer la metáfora
en estos cuatro elementos o partes, es algo muy sencillo;
consideremos la metáfora "la nieve cubre
la tierra como un manto".
El
metafrando es algo (no conocido) sobre la totalidad
y aun sobre el espesor con que la nieve cubre la tierra.
El
metafor es una manta (conocido) sobre la cama.
Los
gratificantes de esta metáfora están en
los parafores (atributos) del metafor manta: tibieza,
descanso, protección y sueño tranquilo
hasta la hora de despertar. Estas asociaciones de la
manta se convierten automáticamente en atributos
o parafrandos del metafrando original, o sea, de la
forma en que la nieve cubre a la tierra
Mediante
esta metáfora hemos creado la idea de que la
"tierra duerme y está protegida bajo la
capa de nieve hasta su despertar en la primavera";
todo comprimido en la simple frase "manto de nieve",
que indica la forma en que la nieve cubre la tierra.
No
todas las metáforas, claro está, tienen
ese mismo potencial generador. Si decimos que los "barcos
surcan la aguas", el metafrando es la acción
de la proa que penetra en el agua y el metafor la acción
de hacer surcos. La correspondencia es exacta y el fin
de ella, Pero si decimos que "el arroyuelo canta
en el bosque", la similitud del metafrando del
arroyo (burbujeando y gorgoteando) y el metafor de un
niño o una mujer cantando, no tiene nada de exacta,
aquí lo que tiene importancia son los parafores
(asociaciones) de gozo, parloteo y bailoteo musical
que se convierten en los parafrandos (atributos) del
arroyuelo.
Para
terminar basta oír a Agustín Lara en una
de sus hermosas composiciones en que compara el amor
y a la mujer con una rosa, lo que nos atrae no es la
tenue correspondencia del metafrando con el metafor,
sino los parafrandos de que el amor vive y florece con
el sol únicamente en una estación, la
primavera de la vida (otra metáfora), huele dulcemente,
tiene espinas que lastiman, etc., o el verso que dice
que "el amor es como una dorada mariposa que se
consume en el fuego de la vida". Pero podemos decir
lo contrario, menos romántico, que nuestro amor
es como el cucharón del hojalatero, que se hunde
bajo el brillo del ardiente crisol de tu anatomía;
son muy claras las implicaciones y es obvio que ni la
mujer ni el amor tienen esas cualidades a menos que
las generemos mediante metáforas. |