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Cuando el género humano hizo su aparición
en la tierra, como forma de subsistencia deambuló
en persecución de las manadas y recogiendo los
frutos que la naturaleza le brindaba. Con la aparición
de la agricultura, se volvió sedentario y con
ella, aparecieron los primeros asentamientos humanos:
las aldeas.
Los
vertiginosos avances de las tecnologías de la
informática y la comunicación, han permitido
un estrecho acercamiento entre las diversas regiones
del mundo, donde los sucesos, sin importar las distancias,
repercuten de manera inmediata en el entorno social,
político y económico, creando la sensación
de que el mundo se ha empequeñecido, hasta sentirnos
formando parte de una aldea, la formada por todos los
seres humanos, la llamada aldea global.
Nunca
como ahora la información, de todo tipo, había
estado al alcance de todos en tiempo real, sucesos como
la hecatombe del terremoto y maremoto y la posterior
contaminación radioactiva del Japón; los
conflictos bélicos y políticos del Medio
Oriente, o la muerte del terrorista Osama Bin Laden,
presenciados por millones de personas, en los momentos
de su acontecer, nos parecen de lo más normal,
aunque hace escasos años esto era inimaginable.
Por
otra parte, el avance de los transportes producen una
gran movilidad, donde desplazarse de un lugar a otro
sea una práctica generalizada, haciéndonos
cada vez, más parecidos a los trashumantes primitivos,
aunque los motivos y medios sean ya diferentes.
Sin
embargo y a pesar de esa sensación de estrechez,
por estar cada día más unidos y cercanos,
más enterados de lo que pasa en el mundo y ser
parte de la sociedad de la informática y la comunicación,
resulta que, en contraposición, estos mismos
avances nos están llevando, casi sin percibirlo,
a una vida de aislamiento.
Llegamos
a nuestros hogares, cada miembro de la familia a su
propio tiempo, para luego encerrarnos con las máquinas
de las noticias y del entretenimiento, sea la televisión
o la internet, olvidándonos de los aconteceres
más cercanos, los de la familia o la de nuestros
vecinos cercanos, a los que casi nunca vemos y, si los
vemos, basta con el saludo rápido para poder
contar con el tiempo de estar con, y cerca de, los sucesos
de nuestros otros vecinos , los de Irak, Yemen o de
Libia o quizá con los de más cercanía,
aquellos de Ciudad Juárez. Tijuana o de cualquier
otro lugar de nuestro país.
Así
en esta aldea global, donde la información y
la comunicación son de los principales rasgos
que la caracteriza, pareciera ser que el individualismo
de las aldeas virtuales, será la tónica
de vida de sus aldeanos, en la que día a día
se convive con mayores índices de soledad aunque,
nos “Twitiemos”, en cualquier momento, con
todo mundo.
Paradoja.
Seremos una sociedad de solitarios o, la de los solitarios
acompañados?
Entonces
que: “Más vale sólo, que mal
acompañado” o como a manera de guasa
decía el popular Carlos Escobar “Mandolina”(+),
“Más vale mal acompañado, que
sólo”, cuando se ofrecía a
acompañar, con la música de su inseparable
violín, a cualquier intérprete de alguna
melodía.
Ante
esta problemática, el papel que le corresponde
a la familia es de primordial importancia: el acercamiento
entre sus miembros, las charlas de sobremesa, el ver
juntos la televisión y comentar los acontecimientos
entre todos, leer y comentar el contenido de un libro
con los pequeños de la casa.
Aprovechar
los días de asueto para la convivencia familiar,
son formas sencillas, aparentemente, que tendremos que
rescatar o, de manera inexorable, nos veremos expuestos
a pasar de la aldea global, a la del ermitañismo
social, donde la forma de vida podría traducirse:
“hagan lo que quieran, con tal que no me molesten”,
para decirlo de la mejor manera.
Afortunadamente,
por otra parte, la sociedad parece darse cuenta de la
magnitud del problema, ante la aparente falta de solidaridad
para enfrentar situaciones que afectan el bien común
y al peligro de vivir aislados dentro del conglomerado,
van surgiendo, cada vez un mayor número de Organizaciones
No Gubernamentales (ONG`s), Asociaciones Civiles y Grupos
de Vecinos, que han hecho suyas causas comunes, que
van desde la preservación del medio ambiente
y la protección contra la inseguridad, como la
reciente marcha de Cuernavaca a la Cd. de México,
hasta las más variadas causas de bienestar social
o comunitaria.
Todo
parece indicar, que en la participación social
solidaria, convocada de manera virtual, el hombre ha
encontrado el cause para intentar resolver, lo que por
si solo le sería imposible y lograr de esta manera,
el estado de bienestar, al que todos aspiramos.
Los
últimos acontecimientos sociales y políticos
en el mundo, con las grandes movilizaciones civiles,
convocados a través de los medios informáticos
(redes sociales), parecen así confirmarlo.
No
podemos obviar la realidad del mundo que nos ha correspondido
vivir y que, si no somos capaces de aceptar esa realidad,
difícilmente podremos hacer algo por mejorarla.
Aceptemos
el reto que como individuos, familia y como sociedad
nos corresponde, soló así podremos mejorar.
Y
para estar en la retórica de los medios de comunicación:
¡Tienes el valor o te vale!
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