El corazón de Ah-Canul 2

No. 2

Juegos Olímpicos

Saúl Hernández Ortiz

 

Su origen
Los antiguos Juegos Olímpicos, (llamados así por celebrarse en la ciudad de Olimpia) fueron fiestas religiosas, culturales y deportivas celebradas en la antigua Grecia (776 a. C- 392 d. C) en honor de los dioses mayores. En ellos participaban los atletas, que debían ser ciudadanos, sólo hombres, que se entrenaban durante años en los gimnasios.

Existen muchas leyendas acerca del origen de los antiguos Juegos Olímpicos. Una de ellas asocia a los primeros Juegos con el concepto de la antigua Grecia de (ekecheiria) o Tregua Olímpica. La fecha de comienzo de los mismos sirve como referencia al calendario helénico y se considera en el año 776 a. C., aunque las opiniones de académicos la sitúan entre el año 884 a. C y el 704 a. C.

A partir de entonces, los Juegos tomaron rápidamente una mayor relevancia en la antigua Grecia, alcanzando su cenit en el sexto y quinto siglos adC. Las primeras competencias se basan en carreras a pie, y más tarde fueron introduciéndose la lucha, el pentatlón –prueba de varios eventos que incluía lanzamiento de jabalina, lanzamiento de disco, salto de longitud y el pankration- carreras de carros, competiciones artísticas como música, poesía y danza.

En Olimpia se llegaron a celebrar 293 Juegos Olímpicos, hasta que con la conquista de Grecia por los romanos, el emperador romano Teodosio I los abolió en el año 393. Como excusa adujo que eran paganos.

Los juegos de la era moderna
En 1829 el gobierno francés, y el 1875, el
gobierno alemán, hicieron excavaciones para desenterrar Olimpia. En 1881 quedaron completamente descubiertas las ruinas, y no hay duda que los hombres de ciencia, al descubrirlas, también hicieron resurgir, a la luz, el espíritu y la gloria de los antiguos Juegos, motivando un fuerte deseo por revivirlos.

Aunque siempre que se habla del renacimiento de los Juegos Olímpicos, el hecho se atribuye a Francia, y al Barón Coubertin, que es llamado el padre de los Juegos Olímpicos Modernos, la verdad es que el primer intento se hizo en Grecia, gracias al entusiasmo de un griego apellidado Zappas, mucho antes de que se pensara hacerlo en Francia. Fue así que en Grecia se efectuaron los primeros Juegos Olímpicos Modernos el 15 de noviembre de 1859, el 15 de noviembre de 1875, y el 18 de mayo de 1889.

El intento fracasó debido a que el mundo no estaba listo para el retorno de los Juegos ya que Grecia no era un país ya que Grecia no era un país lo suficientemente importante para entusiasmar al resto del mundo con la idea. Otro factor importante fue que el patrocinador no tenía muchas ideas de organización, a diferencia del Barón Coubertin, que buscó a los líderes del atletismo escolar universitario y amateur del mundo, de quienes obtuvo su ayuda.

El Barón de Coubertin atraído por los trabajos de exploración en Olimpia, y por los vanos esfuerzos por revivir los Juegos Olímpicos hechos en Grecia por Zappas, y con la creencia de que la competencia deportiva podía producir el entendimiento internacional, se dedicó a la tarea de revivir, él mismo, los Juegos Olímpicos, con la participación de todos los países del mundo. Contó con el ánimo y la colaboración del sacerdote católico Henri Didon, que sería el inspirador del lema olímpico “Citius, Altius, Fortius” (Más rápido, Más alto, Más fuerte).

Coubertin presentó su proyecto a la Unión Deportiva y Atlética de París, a fines de 1892, después de una cuidadosa labor de relaciones públicas.

Coubertin era un hombre persistente y pronto tuvo la oportunidad de solicitar el respaldo de otros países, cuando la Unión Deportiva Francesa organizó un congreso internacional sobre amateurismo. El congreso se efectuó en 1894 y Coubertin obtuvo un sorprendente y fuerte respaldo de hombres transformistas tan prominentes como el Duque de Esparta, el Príncipe de Gales, el príncipe heredero de Suecia, el rey de Bélgica y el primer ministro de Gran Bretaña. Estuvieron presentes, además, delegados de Grecia, Rusia, Italia y España. Así mismo, se recibieron comunicados oficiales de Alemania y Austria-Hungría, expresando interés en el proyecto.

Los entusiastas delegados decidieron no esperar hasta 1900, el año que se consideraba apropiado para comenzar a computar las Olimpiadas, sino que programaron el evento para el año de 1896, en Atenas, cerca de la sede de las Olimpiadas antiguas. Se acordó que los Juegos se celebrarían cada cuatro años, cambiándose la sede a diferentes ciudades importantes del mundo y que se elegiría un Comité Olímpico Internacional con plena autoridad de regir los Juegos. El sueño de Zappas, y posteriormente de Coubertin, se había hecho realidad. D. Vikelas, un griego que había figurado en la organización de los primeros intentos por revivir los Juegos Olímpicos, fue el primer presidente del Comité Olímpico Internacional.