En los primeros 30 años del siglo XX, la ciencia de la Física, tuvo un avance como no había tenido en los 2500 años anteriores. Surgen las teorías de la Relatividad y de la Cuántica que revolucionan muchos de los postulados de la física newtoniana.
Albert Einsteín con su teoría de la relatividad entre muchas cosas, unifica el espacio – tiempo, lo hace una sola entidad; habla de un espacio elástico que se estira, se encoge, se curva y que incluso puede romperse ante mucho peso, y que los cuerpos por muy rígidos que fueren, se acortan cuando son sometidos a velocidades extremas. Así mismo que el tiempo se hace más lento conforme los aparatos medidores son expuestos a fuerzas gravitatorias muy poderosas, etc.
La física cuántica, que se refiere al mundo subatómico: electrones, protones, fotones, neutrinos, etc. hace revelaciones sobre el comportamiento de esas partículas y nos presenta un universo completamente novedoso, en el cual el azar y la incertidumbre son leyes esenciales. Dicen, por ejemplo, que las partículas no poseen atributos o características como son velocidad, posición, trayectoria, mientras no sean observadas; y que su comportamiento puede variar según se les observe o no; que pueden estar en dos lugares al mismo tiempo y que pueden trasladarse de un sitio a otro, sin pasar por los puntos intermedios, y muchas cosas como éstas contrarias al sentido común.
Ante estos postulados de la cuántica, Einstein levanta la voz y dice que el comportamiento de las partículas también debe regirse por la ley de causa – efecto, y que de ninguna manera puede ser azaroso. Que actualmente no conozcamos la causa, no quiere decir que esta no exista. Es cuando expresa su famosa frase: “Dios no juega a los dados”. O bien “que él (Dios) haya resuelto a jugar a los dados con el mundo… es algo que no puedo creer ni por un solo instante”.
Muchos años después, cuando los medios y los recursos aportados por la física cuántica lo hacen posible, el científico norteamericano Stephen Hawking pudo refutar la frase del creador de la teoría de la relatividad: “Dios no solamente juega a los dados con el mundo, sino que a veces los arroja donde no podamos verlos”.
Está fundamentada respuesta nos habla de cómo se dan las cosas en el universo cuántico, que aunque lo consideremos lejos de nuestro alcance es parte de nuestro mundo.