A
través de la prensa que circula en nuestro Estado
nos enteramos de una propuesta ciudadana para despenalizar
el aborto en Campeche, esperando que, al menos tres
diputados, al parecer el mínimo requerido, la
haga suya y la lleve al Congreso del Estado para que
éste, después de un análisis, lo
acoja y siga el proceso necesario para su enmienda,
rechazo o aprobación.
Numerosas
voces ciudadanas se han dejado oír, manifestándose,
como era de esperarse, en pro y en contra. En esta marejada
también el sector católico se ha expresado.
Los eclesiásticos recalcan que el aborto es un
crimen y la vida un don de Dios; sin embargo, un importante
grupo progresista del mismo sector se declara partidario
de la mencionada despenalización e incluso, le
dan su apoyo.
¿Cuál
será la participación por la que optarán
nuestros representantes ante el congreso?
Están
ante un evento difícil y por lo mismo podrían
desentenderse totalmente del asunto y dejar las cosas
como están y no asumirse en su papel de gestores,
bien por anteponer su posición e interés
político, o bien por ser, de por sí, un
asunto bastante espinoso, difícil de abordar
por la carga de valores religiosos, éticos y
morales que no son fáciles de reconciliar entre
sí ni con las características de sociedad
machista imperante.
Pese
a que nuestro Estado está regido por principios
ancestrales de pudor y “buenas costumbres”,
no deja de ser preocupante, lo que para todos es un
secreto a voces: ¡el aborto se practica en nuestro
medio en la misma medida que en otros lugares del mundo!
La mayoría de las veces es efectuado de manera
oculta, clandestina y en muchas ocasiones en condiciones
insalubres, poniendo en riesgo incluso la vida de las
gestantes, dándose el caso de que algunas mueren
en el evento. Estas muertes, o las esterilizaciones
que en ocasiones se producen entre las desesperadas
mujeres que
recurren a él, hacen que sea inobjetable la necesidad
de su atención en el Congreso del Estado.
Es
necesario prestar atención a este tema del aborto
pero hacerlo desde varios frentes y es algo que no pueden
ni deben soslayar nuestras señoras diputadas
y desde su perspectiva de mujeres luchar por los derechos
sexuales y reproductivos de sus congéneres, por
la atención médica adecuada y de calidad.
Ciertamente
que la mujer está naturalmente dotada para dar
nacimiento a la vida pero es ella quien debe decidir
cuando ejercer este derecho.
El
hombre, la sociedad en general, ha manejado esta capacidad
femenina de generar vida para negarle derechos fundamentales,
como por ejemplo el trabajo. En pleno siglo XXI, caracterizado
por logros femeninos, aún se pide a la mujer,
cuando solicita entrar a una empresa u oficina, que
no esté embarazada y cuando ya trabaja se le
restringe su tiempo y su derecho a gozar de su maternidad.
La hacen vulnerable a sus antojos, la reducen y la convierten
en dependiente del hombre, si es que está oficializada
esta presencia en su vida, si no la estigmatizan de
mil modos, la arrinconan, la marginan.
La
condenan por dar vida y la condenan por abortar, negándole
así su derecho y su capacidad de decidir de manera
autónoma sobre aspectos de su propia vida, en
especial del reproductivo.
No
estoy abogando por el uso indiscriminado del aborto.
Hablo de reconocerle a la mujer su derecho a decidir
libremente por sí misma.
Considero
para que el aborto no se convierta en práctica
de primera mano hay que trabajar sobre los abusos cometidos
y los prejuicios existentes contra la mujer y esto requiere
desarrollar acciones específicas con todos los
sectores sociales; incentivar la autovaloración
femenina a través de la apertura de espacios
y aquí sí quiero recalcar que para lograr
la cacareada equidad de género es necesario hacer
una “discriminación positiva” que
implica dar más a quien menos tiene. Hay que
desarrollar en buen número de mujeres autorresponsabilidad,
autorrespeto, la dignidad y el orgullo por ser mujer,
el autocuidado, así como también las competencias
necesarias para la toma de decisiones, para el manejo
y solución de conflictos, para la elaboración
de un proyecto de vida, para ser asertiva.
Es
imposible seguir desatendiendo la realidad del aborto,
es un reclamo social, por ello es hora de abordar de
modo responsable, solidario esta problemática
privada de carácter público.
Es
una deuda y un deber hacia la mujer.
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