El corazón de Ah-Canul 3

No. 3

La mujer y el aborto

Estela Hernández Sandoval

 

A través de la prensa que circula en nuestro Estado nos enteramos de una propuesta ciudadana para despenalizar el aborto en Campeche, esperando que, al menos tres diputados, al parecer el mínimo requerido, la haga suya y la lleve al Congreso del Estado para que éste, después de un análisis, lo acoja y siga el proceso necesario para su enmienda, rechazo o aprobación.

Numerosas voces ciudadanas se han dejado oír, manifestándose, como era de esperarse, en pro y en contra. En esta marejada también el sector católico se ha expresado. Los eclesiásticos recalcan que el aborto es un crimen y la vida un don de Dios; sin embargo, un importante grupo progresista del mismo sector se declara partidario de la mencionada despenalización e incluso, le dan su apoyo.

¿Cuál será la participación por la que optarán nuestros representantes ante el congreso?

Están ante un evento difícil y por lo mismo podrían desentenderse totalmente del asunto y dejar las cosas como están y no asumirse en su papel de gestores, bien por anteponer su posición e interés político, o bien por ser, de por sí, un asunto bastante espinoso, difícil de abordar por la carga de valores religiosos, éticos y morales que no son fáciles de reconciliar entre sí ni con las características de sociedad machista imperante.

Pese a que nuestro Estado está regido por principios ancestrales de pudor y “buenas costumbres”, no deja de ser preocupante, lo que para todos es un secreto a voces: ¡el aborto se practica en nuestro medio en la misma medida que en otros lugares del mundo! La mayoría de las veces es efectuado de manera oculta, clandestina y en muchas ocasiones en condiciones insalubres, poniendo en riesgo incluso la vida de las gestantes, dándose el caso de que algunas mueren en el evento. Estas muertes, o las esterilizaciones que en ocasiones se producen entre las desesperadas mujeres que recurren a él, hacen que sea inobjetable la necesidad de su atención en el Congreso del Estado.

Es necesario prestar atención a este tema del aborto pero hacerlo desde varios frentes y es algo que no pueden ni deben soslayar nuestras señoras diputadas y desde su perspectiva de mujeres luchar por los derechos sexuales y reproductivos de sus congéneres, por la atención médica adecuada y de calidad.

Ciertamente que la mujer está naturalmente dotada para dar nacimiento a la vida pero es ella quien debe decidir cuando ejercer este derecho.

El hombre, la sociedad en general, ha manejado esta capacidad femenina de generar vida para negarle derechos fundamentales, como por ejemplo el trabajo. En pleno siglo XXI, caracterizado por logros femeninos, aún se pide a la mujer, cuando solicita entrar a una empresa u oficina, que no esté embarazada y cuando ya trabaja se le restringe su tiempo y su derecho a gozar de su maternidad. La hacen vulnerable a sus antojos, la reducen y la convierten en dependiente del hombre, si es que está oficializada esta presencia en su vida, si no la estigmatizan de mil modos, la arrinconan, la marginan.

La condenan por dar vida y la condenan por abortar, negándole así su derecho y su capacidad de decidir de manera autónoma sobre aspectos de su propia vida, en especial del reproductivo.

No estoy abogando por el uso indiscriminado del aborto. Hablo de reconocerle a la mujer su derecho a decidir libremente por sí misma.

Considero para que el aborto no se convierta en práctica de primera mano hay que trabajar sobre los abusos cometidos y los prejuicios existentes contra la mujer y esto requiere desarrollar acciones específicas con todos los sectores sociales; incentivar la autovaloración femenina a través de la apertura de espacios y aquí sí quiero recalcar que para lograr la cacareada equidad de género es necesario hacer una “discriminación positiva” que implica dar más a quien menos tiene. Hay que desarrollar en buen número de mujeres autorresponsabilidad, autorrespeto, la dignidad y el orgullo por ser mujer, el autocuidado, así como también las competencias necesarias para la toma de decisiones, para el manejo y solución de conflictos, para la elaboración de un proyecto de vida, para ser asertiva.

Es imposible seguir desatendiendo la realidad del aborto, es un reclamo social, por ello es hora de abordar de modo responsable, solidario esta problemática privada de carácter público.

Es una deuda y un deber hacia la mujer.