Se ha eclipsado, recientemente, un símbolo de los más altos ideales de la humanidad, dejando para todo el mundo, un legado de igualdad y justicia.
Nació el 18 de julio de 1918, en Umtata, Transkei, aunque crece en Quna y muere el jueves 5 de diciembre del presente año 2013, en Johannesburgo, lugar donde un centenar de jefes de Estado y de gobierno de todo el mundo, en una emotiva ceremonia, le rindieron homenaje al Gran Madiba Sudafricano y, su pueblo, que tanto lo quería, lo prolongó durante diez días.
La ideología de este gran luchador era un socialismo africano: nacionalista, antirracista y antiimperialista; comprometió totalmente su vida con y por la igualdad y dignidad de los sudafricanos. Soñaba con un Estado multirracial, igualitario y democrático, aspiración que lo conduce a incorporarse al Congreso Nacional Africano (ANC), un movimiento de lucha contra la opresión de los negros sudafricanos y en el que participa muy activamente y llega a ser motor clave.
Al interior de esta agrupación, organiza, ante el endurecimiento cada vez más cruel del régimen, actos no violentos −manifestaciones y boicoteos−, pero, ante el poco impacto de éstos, pasa luego a la realización de sabotajes y ataques armados a instalaciones, tratando, por todos los medios de no atentar contra vidas humanas. Por unos y otros eventos es encarcelado en varias ocasiones; finalmente es acusado de alta traición, se le juzga y encarcela nuevamente, su último episodio carcelario se prolongó por 27 años.
Refiriéndose a esa época, en su libro autobiográfico El largo camino hacia la libertad, escribe: “La cárcel y las autoridades conspiran para robar la dignidad al hombre. Eso, por sí solo, garantizaba mi supervivencia”. Es, en esta etapa referida, en la que se convierte en un símbolo contra el apartheid dentro y fuera del país; ante esta situación el gobierno sudafricano (1984), intentando acabar con tan incómodo mito, le ofrece la libertad para que se establezca en uno de los siete territorios marginales (bantustanes), en donde habían sido confinados, con una independencia ficticia, la mayoría negra. Lógicamente, el gran defensor de la dignidad de la persona, rechazó el ofrecimiento y sus biógrafos recogen las palabras por él expresadas en ese momento: “Me sorprenden las condiciones que el gobierno desea imponerme (…) Sólo los hombres libres pueden negociar (…) No puedo, ni pienso hacer promesas en un momento en que vosotros, el pueblo y yo, no somos libres. No se puede separar vuestra libertad de la mía”. Finalmente es liberado, sin condiciones, en 1990. |
En 1994, se convierte en el primer presidente negro de Sudáfrica (1994-1999), y desde ahí se desempeña con una altura moral pocas veces vista. Concretiza su política de reconciliación nacional demostrando una impresionante capacidad como mediador de conflictos.
En junio de 1998, junto con el arzobispo emérito africano Desmond Tutu, que fungía como presidente de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, presenta un informe en que se señalan abusos y crímenes del régimen segregacionista así como también los cometidos por los movimientos de liberación, incluyendo el ANC, tratando de conseguir para la población sudafricana igualdad y justicia.
El arzobispo Tutu, al saber de su deceso comenta: “Mandela nos enseñó lecciones extraordinarias sobre el perdón, la compasión y la reconciliación”.
Siempre pensó y actuó en base al reconocimiento del Otro individual y colectivo como un legítimo Otro y rigió su vida congruentemente con la convicción expresada en sus siguientes palabras: “soy el dueño de mi destino, soy el capitán de mi alma”
De estos rasgos y de lecciones de dignidad están impregnadas las páginas de vida de Mandela. Sus características personales le valieron ser reconocido como un verdadero líder. Las tareas correspondientes a un líder él las describía con una bella y sencilla metáfora: “Al igual que un jardinero, un líder debe aceptar la responsabilidad por lo que cultiva; debe estar pendiente de su tarea, rechazar a los enemigos, preservar lo que puede ser preservado y prescindir de aquello que no da fruto”.
Este gran hombre, según su autobiografía, se preguntó algunas veces: “¿Sirve de algo mi sacrificio?”
Son muchos sus logros por y para su pueblo. A pesar de 400 años de aberraciones acumuladas, Mandela señaló el camino para construir una nación para todos los sudafricanos, y Sudáfrica, avanza hacia una sociedad más justa y equilibrada, aunque ciertamente con algunos tropiezos. |