En estos tiempos de reformas en la República Mexicana, resulta de vital importancia, por su relevancia, la efectuada en materia educativa y cuyos postulados, desde sus primicias, causaron gran inquietud en el gremio magisterial sobre todo porque el mismo SNTE se levantara en contra de ella y como en tiempos de un pasado reciente para el docente todo le era posible con su sindicato y nada sin él, se envolvió y dejó que lo envolvieran en esa turbulencia de acciones Sindicato-SEP pero esta vez y por causas que en este escrito no vamos a analizar, el maestro no obtuvo los resultados por él apetecidos y así fue conformándose una convulsa situación multicausal, pero con un solo agente reconocido: el maestro. Él con su ineficacia, su incumplimiento, su falta de calidad, según pregón acarreado por los vientos en los cuatro puntos cardinales, es el causante de la falta de calidad en educación.
Se le achaca todo al docente y toda la artillería social y política está enfocada a él y el profesor desorientado voltea para todos lados buscando apoyo y se da cuenta que está solo, que hasta aquel que antaño lo apapachara −aunque con fines utilitarios a su propio beneficio−, lo ha abandonado y ahora se encuentra empeñado no en cuestiones que podrían justificar su existencia, sino en menesteres que le aseguren su propia supervivencia.
Esta variable ha generado en el docente, desestabilización, inseguridad, inconformidad y ha provocado que se manifieste incluso con violencia, en tanto un buen número permanece a la expectativa y otros, ante la embestida optan por el retiro del servicio y quienes se deciden o tienen que seguir activos, comienzan a preguntarse bajo una incipiente toma de conciencia, ¿qué somos?, ¿cómo realizaremos eso que somos?, preparándose para sumergirse en esa nueva realidad que es ser maestro conforme las exigencias y requerimientos actuales tanto sociales como laborales y se disponen a iniciar una nueva andadura.
En todos los tiempos, en todos los pueblos, desde los más apartados a los barrios más marginados, los profesores han sido y constituyen una de las piezas fundamentales, cuando no la única en la vertebración del cuerpo social y los docentes no se han olvidado de esto, sólo que la misma SEP, en un conflicto de intereses, las más de las veces políticos, se desentendió de su función rectora y la entregó envuelta como atractivo regalo al sindicato, único en ese entonces, quien de esa manera se ungió con un enorme poder por la magnitud de sus agremiados.
Ahora que la SEP retoma su papel y en medio de reformas a las leyes referidas a educación, la creación de otras, la formulación de acuerdos, el docente, el verdadero, se dispone a iniciar un nuevo camino que le permita alcanzar su permanencia o su promoción en el servicio, así como la autonomía, la autogestión y la calidad en las escuelas como un estilo de vida.
Esta recuperación de identidad magisterial flota en el aire, flota pero no acaba de ser. Ese estado de espíritu que aún no cristaliza, que no es, pero que quiere volver a ser y convertirse, el maestro, una vez más en el vertebrador de la vida social de donde un día fue desprendido; para lograr lo enunciado, es preciso que el profesor se plantee con profundidad el para qué de su tarea educativa.
Los procesos que estamos viviendo, causados por la reforma educativa, las leyes emitidas y los acuerdos emanados tienen un gran propósito: el logro de la calidad educativa, para ello era necesario que el gobierno tomara las medidas que tomó, verdad indiscutible, pero también es obvio que ninguna reforma se muestra eficaz hasta que no formen parte de la cultura o del modo de pensar de aquellos que la han de aplicar y esperamos que esto suceda pronto. Este evento implica a otros actores además del maestro.
Directores escolares y autoridades educativas de la Secretaría tienen decisiva importancia, porque si ellos que son quienes verdaderamente toman las decisiones desconocen el meollo, la esencia de lo que se pretende lograr a través de las acciones de la Reforma, si no se involucran en sus postulados y por lo tanto no actuarán en consecuencia, por mucho que se presione al docente o que éste tome conciencia de lo que le corresponde, simple y sencillamente no se tendrán los resultados pretendidos.
Necesario es, pues, que la estructura que toma las decisiones que impactan en la escuela y al maestro, tengan también calidad y no se limiten a dar órdenes verticales y algunas veces sin sentido que en nada ayudan a la calidad educativa. Se necesitan verdaderos líderes transaccionales y transformacionales, conocedores y competentes, con y de calidad, que ocupen estos puestos clave por sus competencias y no por compadrazgos, pagos de cuota o cuestiones políticas o cualesquier otra que no guarda referencia alguna con el logro de la cacareada calidad educativa.
También es imprescindible que el docente, cualquiera que sea su función desempeñada, reciba capacitación eficiente; paradójico es que este año escolar que recién termina se haya caracterizado por la cancelación de la oferta de actualización o capacitación al docente por no contar con la economía, según se comentó.
A todos nos gusta lo bueno, pero hay que pagar por ello. El éxito no es producto de la improvisación ni del azar, tampoco se obtiene porque se legisle o por mandatos.
Entonces, si verdaderamente se aspira a tener una educación de calidad además de las acciones implementadas hay que atender la formación y capacitación del docente y crear una estructura operativa en la Secretaría con las competencias requeridas para la tarea emprendida. |