El corazón de Ah' Canul - 36
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Llegar a viejo es un privilegio para unos cuantos
Andrés Jesús González Kantún
Portada -36
 

Que ya tengo los años encaramados en el lomo, y qué…

Pueden ser 60 o más, y qué… Que le robamos oxígeno a la naturaleza, y qué… Que me ganan los achaques de pies a cabeza, y qué... Que el bamboleo en mi caminar me vuelve un esperpento ante el abucheo de los graciosos, y qué… Que mi andar se vuelve medido y prudente, y qué… Que mis ojos miran entre aciagas brumas, y qué… Que la libido ha disminuido en enjundia, y qué… Que la memoria me falla, y qué… Que mis palabras brotan de una voz cascada de un viejo y qué…

Pero me queda el tesoro de un alma juvenil en un pellejo acendrado de experiencia pura que sabe aprovechar, sin ningún descuido, esa esencia elemental que la juventud desconoce y no ha aprovechado porque le gana las ansias de vivir todo en un santiamén de vida desenfrenada.

Todos esos desgastes físicos y psicológicos que el tiempo inflexivamente trae entre pesares a la gente adulta se torna en un privilegio sin discusión, pues ya le tocó vivir una porción de vida juvenil, y ahora que el tiempo se ha encimado debe aprovecharse en su máxima intensidad para aletargarlo, en cierta forma, puesto que ya viene cabalgando en los vientos alisios para ponerle punto final al invierno de la vida.

Llegar a viejo, señoras y señores, es una enorme distinción ofrecida a unos cuantos.

Llegar a la ancianidad ha sido con el permiso de Dios.