Los pueblos originarios de la cultura maya que por siglos habitaron en gran parte de Mesoamérica destacaron por sus avances en diferentes campos del conocimiento, logros que siguen causando admiración para extraños e indiferencia para propios.
Particularmente, los pueblos mayas que se extendieron desde al sureste de México hasta países centroamericanos, en distintos lugares vieron florecer ciudades que constituyeron reconocidas capitales no sólo por su crecimiento poblacional y sus majestuosas construcciones que son la prueba más contundente de su desarrollo sino por su elevado desarrollo cultural y comercial.
Los grandes monumentos que dan testimonio de la grandeza de nuestras culturas revelan sus conocimientos en los campos de la arquitectura, ingeniería, escultura, pintura, matemáticas, astronomía, física, etc., pero esto sólo lo pudieron haber alcanzado con una organización social altamente eficaz, con un sistema de educación para formar y capacitar a profesionales en esos campos, con tecnología básica, con un sistema de producción de alimentos con suficiencia, etc., tenemos que reconocer que todo eso sólo lo puede alcanzar una sociedad altamente desarrollada. Los ejemplos más imponentes los tenemos en Palenque y Bonampak (Chiapas), Calakmul y Edzná (Campeche), Chichen Itzá y Uxmal (Yucatán), Tulum (Quintana Roo) Tikal (Guatemala), El Caracol (Belice), Tazumal y Casa Blanca (El Salvador), Copán (Honduras), por mencionar algunos.
En la literatura dieron muestra del arte de escribir y de narrar a través de libros como el Rabinal Achí (Guatemala) Popol Vuh (Guatemala), el Chilam Balam (Yucatán, México), los Cantares de Dzitbalché (Campeche, México), los Códices de diferentes pueblos, etc.
Hoy nos preguntamos ¿qué rastros quedan de esta antigua civilización maya que llegó a compararse con la mesopotámica o la egipcia?, tristemente podemos ver muchos pueblos que actualmente están sumidos en la pobreza y en el abandono, sin tener servicios básicos de salud o educación; sus pobladores son campesinos y sus hijos con pocas oportunidades para prepararse profesionalmente. Muchos de los descendientes son víctimas de la ignorancia, del alcoholismo, la indigencia, de enfermedades curables pero sin atención y por consiguiente son fácil presa de la manipulación, del engaño y del abuso de quienes se aprovechan de su vulnerabilidad.
El desarrollo de la modernidad y las tendencias mercantilistas de la sociedad actual han tenido un fuerte impacto en sus estilos de vida. La misma influencia de la tecnología moderna hizo olvidarse de la lectura de los astros y de las señales ambientales para anticipar cambios climáticos asociados a sus actividades agrícolas, la total dependencia de la medicina occidental moderna los hizo olvidarse de sus plantas medicinales y las formas de curación tradicional que gozaron de gran reconocimiento. Perdimos ese contacto mágico con los otros elementos de la naturaleza viva, por lo que en vez de cuidarla, hoy la destruyen la contaminan y la explotan.
Igual suerte tienen hoy los pocos vestigios culturales y arqueológicos, pues se están extinguiendo sin que autoridad alguna contribuya a evitar este proceso de desaparición paulatina. Con el paso del tiempo nuestros descendientes sólo tendrán acceso a estos vestigios en los museos o en los archivos históricos.
En el presente año 2014, de manera oficial se reconoce la presencia de 11 millones 132 mil 562 habitantes indígenas (PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA, 2014) con 364 variantes lingüísticas, pero cada vez son menos las personas que hablan la lengua maya, en los hogares no se le otorga un valor digno a esta lengua, es más, en muchas familias la consideran de menos valor por el denominativo de “indígena” que para algunos es peyorativo. Solamente a personas de avanzada edad se les puede escuchar conversar en la lengua autóctona que es su lengua materna. En las escuelas (que no son consideradas de la modalidad indígena) que están establecidas en zonas indígenas, se evita el uso de esta lengua en el aula como un medio de enseñanza y en ninguna parte se exhibe algún texto en maya, es más fácil encontrar algún texto en inglés que en el idioma propio de la población.
Este proceso de extinción también se aprecia en la gastronomía, las hamburguesas han sustituido al papadzul o a los codzitos, la Coca Cola es preferida en lugar del k'eyem, a los niños se les enseña más a comer sabritas que el xtop'. Nosotros mismo hemos desvalorizado esto que forma parte de nuestra cultura, pues muchas veces consideramos que lo proveniente del extranjero es mejor que lo nuestro y por lo tanto menos lo defendemos.
Muchas otras manifestaciones están desapareciendo igualmente tales como el vestido, costumbres como el Jetz mek', ceremonias como el u Hanli col, las danzas tradicionales antiguas y modernas, en las escuelas se enseña un vals y no una jarana. Los niños y jóvenes descendientes imitan más lo que ven en la televisión o en las películas y adoptan los peinados, vestimenta, vocabulario y conductas.
¿Cuánto tiempo de vida le queda a nuestra cultura? Con este ritmo de decadencia, le queda poco tiempo. Sin políticas que protejan la cultura autóctona con la influencia de medios de comunicación que difunden más lo extranjerizante y los bienes materiales, muy pronto la habremos perdido.
Como descendientes de esta civilización debemos reforzar el intento de sobrevivir y de resistir de nuestra cultura. Es imprescindible dar oportunidad a nuestros hijos de conocer y de convivir con nuestras raíces, pues son parte de nuestra identidad y de nuestra riqueza intangible. El día que perdamos nuestra cultura, desconoceremos nuestras raíces, nuestro origen y estaremos extraviados en el universo sin saber nuestro glorioso pasado.
Invitamos a los gobiernos para que través de sus dependencias encargadas de la educación y la cultura desarrollen políticas y promuevan diversos programas, para recuperar y enriquecer las prácticas educativas y culturales ancestrales. |