El corazón de Ah' Canul - 39
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Lo que se ve se pega
Andrés Jesús González Kantún
Portada -39
 
 

Las veces que han ido a la casa, Íker y Valeria, dos nietecitos muy cariñosos me ofrecen con naturalidad besitos al por mayor. Me llaman abuelito aunque no lo soy; pero me lo dicen, imitando a sus primos, mis nietos. No se están quietos para nada, observan y platican conmigo sin cesar. Ahora se les ha antojado leer.

En sus repetidas visitas me piden permiso para agenciarse de algún libro porque les gana el deseo por la lectura. Me hago a lo desentendido pues aún no saben nada del abecedario. Es tanta su insistencia que caigo en la trampa seductora de sus encantadoras voces y les doy permiso para hurgar en donde saben que guardo mi tesoro.

Me traen sendos y voluminosos libros para curiosear y palpar. Se sientan los dos en la entrada de la casa para fingir que leen. El varón comenta: “no tiene figuritas”; la otra; “qué importa”— responde.
Obviamente, no tardan en juguetear con las letras, fantasmas terribles aún invisibles para ellos, y se despiden de mí con estas palabras que me matan de ternura:

—Abuelito, tu beso de despedida, mañana regresamos para terminar de leer. Me inclino y asientan sus delicados labios en los senderos de mi piel desmadejado por el tiempo.

Los niños aprenden lo que ven, lo que sienten y lo que oyen. Su aprendizaje nunca termina mientras habitan este mundo de infinita evolución.

Yo le sentí el gusto a la lectura cuando veía a mi hermano siempre con un libro en la mano, una revista o un periódico.

Lo que veía se me pegó para siempre. Lo que se ve se pega, una estrategia tan fácil de seguir para encandilar a los niños a leer. Los padres tienen la palabra.