El corazón de Ah-Canul 4

No. 4

Anecdotario Calkiniense

 

Allá por el año de 1935, la Sociedad Cultural “Aurora” logró conformar un equipo de beisbol, que a decir de personas conocedoras, ha sido de los mejores equipos integrados por peloteros locales; y basan esta aseveración en los tantos triunfos que para su causa supieron lograr ese grupo de deportistas ante poderosos equipos de la región, de la ciudad de Campeche y de la capital yucateca.

Eran algo así como una máquina de jugar beisbol, y dentro de esa pléyade de peloteros entre los que estaban Gilberto Cuevas, José del Carmen Cuevas, Juan Adam, Gonzalo Rodríguez, Isauro Herrera; la responsabilidad de la batería – el picher y el cacher – recaía principalmente en los señores Ermilo Ceh Gamboa (Punús), y Andrés Alpuche Herrera (Desho), que se entendían de maravilla; y dadas su calidad y su experiencia podían nulificar aun a los mejores bateadores contrarios de la época.

En cierta ocasión el equipo “Aurora”, recibiría la visita de una novena de la ciudad de Mérida, que venía reforzada con jugadores cubanos. Así que la celebración de este acontecimiento deportivo había provocado gran expectación entre el público calkiniense que esperaba, disfrutar de un juego de antología.

Así estaban las cosas, cuando un inesperado suceso causó temor en la fanaticada local. Se supo que por esos días “Punús”, el picher estrella y “Desho”, su mancuerna en la receptoría, habían tenido un fuerte disgusto, al grado tal que juraron que jamás volverían a cruzar palabra. Esta situación, desde luego, cayó como un balde de agua fría entre los aficionados, pues se frustraban las esperanzas de presenciar un buen partido y quedaba al aire la probabilidad de un triunfo local.

Sabedores los integrantes del equipo, así como los amigos de ambos jugadores, de la dificultad surgida, se dieron a la tarea de hablar con ellos para convencerlos a fin de llegar a una reconciliación, para que retornara la camaradería y la amistad.

La labor de convencimiento para que ambos peloteros jugaran en tan esperado partido no fue nada fácil; pero al fin el picher y el cacher estrellas, aceptaron jugar.

El día del juego ante un público entusiasta que abarrotaba la plaza principal, ambos peloteos tomaron sus posiciones y durante nueve entradas, a base de las señales propias de este deporte, se fueron entendiendo a la perfección, como era su costumbre, y los autes fueron cayendo hasta llegar al número 27. Se ganó el partido, pero aun así, Don Ermilo y Don Andrés, nunca volvieron a dirigirse la palabra.

(Anécdota relatada por el Profr. Pastor Rodríguez Estrada).