El corazón de Ah-Canul 4

No. 4

De Holanda para México y Calkiní

Felipe Castellanos Arcila

 

El articulista Alberto Castillo Pérez, del periódico El Universal de la Cd. de México, en un escrito titulado "Drogas, molinos y tulipanes" de fecha 2 de octubre de 2008, señala la forma como los holandeses se enfrentan a muchos de los problemas sociales que les aquejan, entre otros, el problema de la drogadicción, que han subsanado en parte, permitiendo o tolerando el consumo de las llamadas drogas blandas, entre ellas la marihuana, con estrictos mecanismos de control, es decir debidamente reglamentado. Esta medida, de alguna manera, les ha dado resultados positivos para atenuar tan grave flagelo y los problemas colaterales derivados del consumo, como lo son el tráfico y la comercialización de manera clandestina.

En México estos problemas nos tienen en la desesperación, en donde el miedo se ha apoderado de todos los habitantes del país, ya que sus estragos son percibidos en todas las latitudes, aún en lugares, donde hasta hace poco tiempo pensábamos que estábamos exentos de los mismos, como es el caso de nuestra entidad y en particular de nuestra ciudad.

El tema de la legalización del uso de algunas drogas se puso en discusión en días pasados en el recinto de la Asamblea Legislativa de la Cd. de México, la opinión de muchos analistas y representantes sociales fue adversa a la propuesta de legalización y los representantes legislativos terminaron por dejar la discusión para otros tiempos..

¿Por qué los holandeses pudieron llegar a una solución viable en esa medida y en México solamente se cuestiona?, la respuesta tal vez la encontremos al acercarnos y conocer un poco de las características del pueblo de los Países Bajos, como oficialmente se les denomina. Algunas de estas características es el de la gran preocupación por el bienestar colectivo, el interés en el vecino es un rasgo de su vida social, en el que los tienen más dan parte de sus recursos para el que tiene menos y en donde la propensión a la moderación y modestia es forma común de vida. Un país que vive bien pero sin los grandes lujos.

Una cita textual del artículo periodístico de referencia nos ilustra mejor: "Es bastante conocido que Holanda ganó buena parte de su tierra al mar. Casi dos tercios de su territorio estuvo alguna vez bajo el agua, se trataban de tierras inundadas, lodazales que fueron secados a través de la fabricación de canales y lagos artificiales hacia donde se llevaba el agua. Estas tierras desecadas se les conoce como polders, y para mantenerlas había que bombear agua constantemente por medio de los molinos tan característicos de este país. Si alguien no bombeaba el agua de su terreno para conducirla a los canales, invariablemente el terreno del vecino se inundaría. Y si el vecino no hacía lo mismo, las tierras propias terminarían bajo el agua. De ahí que el trabajo y el comportamiento del prójimo (y del propio) fuera tan importante para los holandeses, quienes hasta ahora están siempre interesados en el bienestar del de al lado porque, así lo entienden, de eso depende su propio bienestar".

¿Qué tan cerca estamos los mexicanos de esta forma de pensar y actuar?

En el ámbito local existen problemas que reclaman de nuestra atención, no tan solo de nuestras autoridades, la de todos como sociedad. Problemas que dañan la imagen de pueblo culto, al que aspiramos, pero que también dañan a nuestra salud, me refiero a los terrenos baldíos en completo abandono y al tiradero de basura en nuestras calles. Antaño, como los holandeses, cada calkiniense era responsable del mantenimiento de sus predios, patios y frentes de casa; siempre limpios; vecinos limpiando, recogiendo y tirando su basura. Los días de fiesta comunales, la autoridad municipal invitaba a pintar las fachadas y a blanquear, con agua de cal, las albarradas, bastaba sólo la invitación para encontrar respuesta positiva. ¿Qué nos hizo cambiar?

Si bien a las Autoridades Municipales les corresponde brindar los servicios de limpieza en los sitios públicos y la recoja de basura, a los ciudadanos corresponde lo propio, algo de lo que antes hacían nuestros abuelos y padres y que por apatía o falso modernismo dejamos de realizar. El Ayuntamiento tendrá que asumir sus responsabilidades, hacer valer su autoridad ante los apáticos, aplicando la reglamentación establecida para el caso, organizar a los vecinos, establecer campañas y proyectos de participación social, impulsar programas educativos con el apoyo de los maestros, buena parte del problema es de índole educativo, estar atentos de que los servicios municipales de limpieza sean eficaces y eficientes, pero sobre todo, ponerse al frente de la sociedad misma, apoyándose en los organismos sociales ya constituidos y haciendo uso de todos los medios disponibles para hacer de Calkiní una ciudad limpia.