El articulista Alberto Castillo Pérez, del periódico
El Universal de la Cd. de México, en un escrito
titulado "Drogas, molinos y tulipanes" de
fecha 2 de octubre de 2008, señala la forma como
los holandeses se enfrentan a muchos de los problemas
sociales que les aquejan, entre otros, el problema de
la drogadicción, que han subsanado en parte,
permitiendo o tolerando el consumo de las llamadas drogas
blandas, entre ellas la marihuana, con estrictos mecanismos
de control, es decir debidamente reglamentado. Esta
medida, de alguna manera, les ha dado resultados positivos
para atenuar tan grave flagelo y los problemas colaterales
derivados del consumo, como lo son el tráfico
y la comercialización de manera clandestina.
En México estos problemas nos tienen en la desesperación,
en donde el miedo se ha apoderado de todos los habitantes
del país, ya que sus estragos son percibidos
en todas las latitudes, aún en lugares, donde
hasta hace poco tiempo pensábamos que estábamos
exentos de los mismos, como es el caso de nuestra entidad
y en particular de nuestra ciudad.
El
tema de la legalización del uso de algunas drogas
se puso en discusión en días pasados en
el recinto de la Asamblea Legislativa de la Cd. de México,
la opinión de muchos analistas y representantes
sociales fue adversa a la propuesta de legalización
y los representantes legislativos terminaron por dejar
la discusión para otros tiempos..
¿Por
qué los holandeses pudieron llegar a una solución
viable en esa medida y en México solamente se
cuestiona?, la respuesta tal vez la encontremos al acercarnos
y conocer un poco de las características del
pueblo de los Países Bajos, como oficialmente
se les denomina. Algunas de estas características
es el de la gran preocupación por el bienestar
colectivo, el interés en el vecino es un rasgo
de su vida social, en el que los tienen más dan
parte de sus recursos para el que tiene menos y en donde
la propensión a la moderación y modestia
es forma común de vida. Un país que vive
bien pero sin los grandes lujos.
Una
cita textual del artículo periodístico
de referencia nos ilustra mejor: "Es bastante conocido
que Holanda ganó buena parte de su tierra al
mar. Casi dos tercios de su territorio estuvo alguna
vez bajo el agua, se trataban de tierras inundadas,
lodazales que fueron secados a través de la fabricación
de canales y lagos artificiales hacia donde se llevaba
el agua. Estas tierras desecadas se les conoce como
polders, y para mantenerlas había que bombear
agua constantemente por medio de los molinos tan característicos
de este país. Si alguien no bombeaba el agua
de su terreno para conducirla a los canales, invariablemente
el terreno del vecino se inundaría. Y si el vecino
no hacía lo mismo, las tierras propias terminarían
bajo el agua. De ahí que el trabajo y el comportamiento
del prójimo (y del propio) fuera tan importante
para
los holandeses, quienes hasta ahora están siempre
interesados en el bienestar del de al lado porque, así
lo entienden, de eso depende su propio bienestar".
¿Qué
tan cerca estamos los mexicanos de esta forma de pensar
y actuar?
En el ámbito local existen problemas que reclaman
de nuestra atención, no tan solo de nuestras
autoridades, la de todos como sociedad. Problemas que
dañan la imagen de pueblo culto, al que aspiramos,
pero que también dañan a nuestra salud,
me refiero a los terrenos baldíos en completo
abandono y al tiradero de basura en nuestras calles.
Antaño, como los holandeses, cada calkiniense
era responsable del mantenimiento de sus predios, patios
y frentes de casa; siempre limpios; vecinos limpiando,
recogiendo y tirando su basura. Los días de fiesta
comunales, la autoridad municipal invitaba a pintar
las fachadas y a blanquear, con agua de cal, las albarradas,
bastaba sólo la invitación para encontrar
respuesta positiva. ¿Qué nos hizo cambiar?
Si
bien a las Autoridades Municipales les corresponde brindar
los servicios de limpieza en los sitios públicos
y la recoja de basura, a los ciudadanos corresponde
lo propio, algo de lo que antes hacían nuestros
abuelos y padres y que por apatía o falso modernismo
dejamos de realizar. El Ayuntamiento tendrá que
asumir sus responsabilidades, hacer valer su autoridad
ante los apáticos, aplicando la reglamentación
establecida para el caso, organizar a los vecinos, establecer
campañas y proyectos de participación
social, impulsar programas educativos con el apoyo de
los maestros, buena parte del problema es de índole
educativo, estar atentos de que los servicios municipales
de limpieza sean eficaces y eficientes, pero sobre todo,
ponerse al frente de la sociedad misma, apoyándose
en los organismos sociales ya constituidos y haciendo
uso de todos los medios disponibles para hacer de Calkiní
una ciudad limpia.
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