El corazón de Ah' Canul - 6
 
No. 6
Cocay: Cuando las oraciones son contestadas
Heriberto Arcila Herrera (htinjoroch@hotmail.com)
 

Desde niño sabía cómo hablar con Dios.
Sí, con Dios. Su mamá se lo había enseñado:
Háblale profundamente,
desde el fondo de tu corazón, háblale desde tu esencia,
desde lo más final y distal de tus raíces
y sólo entonces estarás hablando con Él.

Y desde niño lo había hecho.
Cuando se sentía confuso, adolorido, confundido,
sabía entonces que tenía que hablar con Él.

Siempre supo que era un monólogo.
Era aquella una catarsis en la que desfogaba sus miedos,
aquello a lo que él llamaba pecados y errores,
pero que siempre, al final, se sentía reconfortado.

Pero sucedió que un día sucedió lo que nunca,
en los días de su eternidad, había sucedido.
Sucedió el suceso de que le contestaron,
con hechos, con palabras, con acción.

Desde entonces lo llaman
“el loco del pueblo”.
Todos hacen escarnio de él,
pero él es feliz.
En su inconciente conciencia
balbucea y solamente dice:
Gracias, gracias,
al oír el sonido metálico
de una moneda que cae
en su pote metálico de pordiosero.