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De
acuerdo con los diversos escritos revisados acerca de
la vida y cultura de los mayas, podemos afirmar que
ha sido uno de los pueblos mesoamericanos que se ha
alimentado bien y de forma equilibrada. Un pueblo que
alcanzó un alto grado de refinamiento en su civilización
y, por lo tanto, también en su alimentación.
La
dieta era sencilla y comían poco en su vida cotidiana.
Por el contrario, en las ceremonias, fiestas o bodas,
la dieta era espléndida; preparaban gran cantidad
de guisos (aves silvestres y animales domésticos
con legumbres, carne de venado o armadillo, etc.) y
hacían el balché que, ingerido en grandes
cantidades, produce el mismo efecto que cualquier otra
bebida embriagante. En estos convivios el pueblo comía,
bebía y participaba en la preparación
de los platillos especiales.
Con
el desarrollo de la agricultura, la caza y la pesca,
tuvieron acceso a una enorme variedad de productos utilizados
para su alimentación; por lo que la dieta estaba
constituida por los diversos grupos de alimentos necesarios:
proteínas, vitaminas y minerales. Las calorías
las consumían de la miel de abeja y de la grasa
que obtenían de la pepita de calabaza “k’un”,
pepita molida con tomate “siquil’ paac”,
“took tzel”, ibes con pepita molida y su
cocimiento era sobre piedras calientes, cintún.
El
cultivo del maíz ”ixi’n” estaba
asociado a la práctica religiosa, y fue la actividad
por excelencia de los mayas, constituía la base
de su alimentación y de su economía; el
maíz y los productos de la milpa se ofrendaban
a los dioses para implorar su ayuda o manifestar su
agradecimiento. Ejemplo: las ofrendas del hanicool y
“saca’a” bebida con los granos de
maíz enteros y cacao sin nixtamalizacion, el
atole nuevo “ac´saá” en el
mes de noviembre, el “is´’ hua´"
(tortilla con manteca, sal y con masa nueva).
Aun
en la actualidad, la cocina tradicional maya está
constituida a base de maíz; ejemplo: el “pozole”
y el “chocozacán” y en la elaboración
de varios guisos todavía emplean el horno bajo
tierra.
Con
la convivencia de las culturas maya y española
se dio inicio al intercambio de productos de tierra
y de mar, animales, especias y hierbas de olor, hecho
que enriqueció considerablemente la cultura culinaria
de ambas civilizaciones. La sabiduría maya en
el arte de la cocina, unida a la incorporación
de productos europeos, dio origen a la cocina campechana,
que hoy se distingue por ser una de las más variadas
y exquisitas del mundo.
La
cocina campechana es muy amplia en sazones y sabores,
por donde quiera que se pruebe. El antojito distrae
y de lo que se trata es de abrir el apetito, para disfrutar
después la oferta de lo que se pesca y caza,
para luego reposar la comida en la hamaca. Hay también
un orden de la presentación de los platillos.
Se puede comenzar con un ceviche, seguir con una ensalada
de mariscos o unas manitas de cangrejo, y sabemos que
por ahí puede venir más tarde un armadillo
en adobo o kol o un pipián de venado, salpicón
de venado.
Entre
otros ingredientes de importancia están las hojas
de la chaya, un arbusto tropical con los que se confecciona
el brazo de reina, refresco de chaya y el frijolito
verde “x’pelón”, con el que
se hacen tamales colados y torteados de pollo y puerco,
envueltos en hojas del plátano o de maíz
“joloch”.
Un
platillo muy Campechano que no es un antojito propiamente,
pero que es una variedad del tamal, resulta ser el “pibipollo”
que se sirve para el día de todos los fieles
difuntos junto con los tradicionales “chanchamitos”
(empanadas tortillas fritas, rellenas de sesos de puerco).
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