En el mes de julio de 1847, un movimiento social armado, que algunos historiadores llaman “Guerra de Castas”, sacudió la península de Yucatán. Los indígenas se levantaron contra los blancos y los mestizos. Las causas fueron el sojuzgamiento, los malos tratos y la explotación que venían padeciendo desde la época de la conquista hispana.
La independencia de México (1821) no había venido a remediar la situación. El movimiento indígena estaba acaudillado por tres caciques: Manuel Antonio Ay, Cecilio Chi, Jacinto Pat.
La barbarie y los horrores de la guerra habían contaminado ambos grupos contendientes:
“Coronel Rosado, usted atacará KampolKolché y sus alrededores. Nada ni nadie debe quedar en pie”.
Hubo intentos para acabar con el conflicto, el más sonado fue de Los tratados de Tzucacab; sin embargo, las negociaciones no prosperaron.
Para el año 1850, los tres jefes mayas iniciadores del movimiento habían muerto. Parecía que el fin de la guerra había llegado. No fue así, surge el llamado culto de La Cruz Parlante, fundado por el mestizo José María Barrera y apoyado por Venancio Pec, y la lucha cobra nueva intensidad.
“… sus cruces parlantes les mandarían sus mensajes de aliento y fuerza para continuar la guerra iniciada por el General del Trueno, Cecilio Chi”.
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