El corazón de Ah' Canul - 7
 
No. 7
Alianza... para qué
Felipe J. Castellanos Arcila
 

Es innegable que vivimos en un mundo de acelerados e irreversibles cambios, tanto en lo científico y tecnológico, como en lo político y social; del cual no estamos exentos como país; ante este nuevo orden mundial tenemos la imperiosa necesidad de configurar una nueva postura educativa, sobre todo que en fechas últimas se ha cuestionado el actuar de nuestras escuelas por los magros resultados obtenidos en las evaluaciones de organismos internacionales como la Organización para el Comercio y Desarrollo Económico (OCDE).

Conscientes de esta realidad se suscribió, entre el Gobierno Federal, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y la Sociedad. La Alianza por la Calidad de la Educación, cuyo objetivo central es propiciar e inducir una amplia movilización en torno a la educación, a efecto de que la sociedad vigile y haga suyos los compromisos que reclama la profunda transformación del sistema educativo nacional. Alianza que en el momento de su publicación causó polémica entre el gremio magisterial, sobre todo en el aspecto referido al acuerdo del ingreso y promoción de todas las nuevas plazas y todas las vacantes definitivas, que se asignarían como resultado de concursos de oposición, pasados esos turbulentos momentos iniciales, todo parece volver a la calma, si no es que al olvido, dejando una incertidumbre en cuanto al futuro de esta propuesta de transformación de la educación en México, que sin duda contempla requerimientos necesarios, impostergables para el desarrollo del país, como: Modernización de los centros escolares. Profesionalización de los maestros y de las autoridades educativas. Bienestar y desarrollo integral de los alumnos. Formación integral de los alumnos para la vida y el trabajo y Evaluar para mejorar.

Todas y cada una de las premisas contempladas en la Alianza por la calidad de la Educación, responden a requerimientos urgentes, para lograr la transformación de nuestro sistema educativo nacional, por tanto, gobierno federal, maestros y sociedad en general, tenemos la ineludible obligación de establecer los canales de comunicación que permitan establecer consensos que hagan viable su puesta en marcha y no quede sólo en las buenas intenciones del momento de su firma.

Requerimos de una educación y de una escuela que respondan a una vida, de continuos y acelerados cambios, de una sociedad más compleja, abierta y participativa, de economías globalizadas y cada vez más competitiva, del uso de tecnologías más sofisticadas, de avances científicos cada día más asombrosos, pero también acompañados con cambios negativos de un mundo con problemas económicos, de grandes desigualdades, con conflictos bélicos derivados en su mayoría por intereses económicos, por la explotación de los recursos, o de mercados, de una irresponsable explotación y contaminación de la naturaleza, de drogadicción e inseguridad, pero por sobre todas las cosas, de una gran pérdida de valores y del sentido humanista de la convivencia. Ante este panorama del orden mundial y nacional, todo parecía indicar que la mencionada Alianza, sería una de las prioridades del actual gobierno federal, sin embargo, por lo que se percibe, todo parece indicar que se postergará, para otros tiempos, lo que en su momento se dijo que era impostergable.