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Es innegable que vivimos en un mundo de acelerados e
irreversibles cambios, tanto en lo científico
y tecnológico, como en lo político y social;
del cual no estamos exentos como país; ante este
nuevo orden mundial tenemos la imperiosa necesidad de
configurar una nueva postura educativa, sobre todo que
en fechas últimas se ha cuestionado el actuar
de nuestras escuelas por los magros resultados obtenidos
en las evaluaciones de organismos internacionales como
la Organización para el Comercio y Desarrollo
Económico (OCDE).
Conscientes
de esta realidad se suscribió, entre el Gobierno
Federal, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la
Educación y la Sociedad. La Alianza por la Calidad
de la Educación, cuyo objetivo central es propiciar
e inducir una amplia movilización en torno a
la educación, a efecto de que la sociedad vigile
y haga suyos los compromisos que reclama la profunda
transformación del sistema educativo nacional.
Alianza que en el momento de su publicación causó
polémica entre el gremio magisterial, sobre todo
en el aspecto referido al acuerdo del ingreso y promoción
de todas las nuevas plazas y todas las vacantes definitivas,
que se asignarían como resultado de concursos
de oposición, pasados esos turbulentos momentos
iniciales, todo parece volver a la calma, si no es que
al olvido, dejando una incertidumbre en cuanto al futuro
de esta propuesta de transformación de la educación
en México, que sin duda contempla requerimientos
necesarios, impostergables para el desarrollo del país,
como: Modernización de los centros escolares.
Profesionalización de los maestros y de las autoridades
educativas. Bienestar y desarrollo integral de los alumnos.
Formación integral de los alumnos para la vida
y el trabajo y Evaluar para mejorar.
Todas
y cada una de las premisas contempladas en la Alianza
por la calidad de la Educación, responden a requerimientos
urgentes, para lograr la transformación de nuestro
sistema educativo nacional, por tanto, gobierno federal,
maestros y sociedad en general, tenemos la ineludible
obligación de establecer los canales de comunicación
que permitan establecer consensos que hagan viable su
puesta en marcha y no quede sólo en las buenas
intenciones del momento de su firma.
Requerimos
de una educación y de una escuela que respondan
a una vida, de continuos y acelerados cambios, de una
sociedad más compleja, abierta y participativa,
de economías globalizadas y cada vez más
competitiva, del uso de tecnologías más
sofisticadas, de avances científicos cada día
más asombrosos, pero también acompañados
con cambios negativos de un mundo con problemas económicos,
de grandes desigualdades, con conflictos bélicos
derivados en su mayoría por intereses económicos,
por la explotación de los recursos, o de mercados,
de una irresponsable explotación y contaminación
de la naturaleza, de drogadicción e inseguridad,
pero por sobre todas las cosas, de una gran pérdida
de valores y del sentido humanista de la convivencia.
Ante este panorama del orden mundial y nacional, todo
parecía indicar que la mencionada Alianza, sería
una de las prioridades del actual gobierno federal,
sin embargo, por lo que se percibe, todo parece indicar
que se postergará, para otros tiempos, lo que
en su momento se dijo que era impostergable.
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