| La
incorporación de la mujer en el mercado laboral
comenzó a darse a partir de los años sesentas
del siglo pasado. Es en ese tiempo cuando se produjeron
una serie de movimientos que reclamaban un replanteamiento
de la sociedad, de la autoridad y de los cánones
culturales. Estos grupos revolucionadores plantearon
una serie de cuestionamientos que, en términos
generales, propiciaron cierta liberación colectiva
de los grupos marginados, entre ellos el grupo de las
mujeres quienes se vieron favorecidas por un cierto
grado de emancipación que les permitió
aparecer en la esfera pública en diferentes roles.
Este
evento cimbró las estructuras culturales e ideológicas
del sistema de jerarquías establecidas por el
patriarcado cuya característica principal es
preponderar lo masculino sobre lo femenino; es decir
se trata de una organización social basada en
el ejercicio del poder por parte de los varones a partir
de la estructura del grupo familiar. El hecho de que
la mujer abandone lo privado e incursione en io público,
ha dislocado a la familia y a la sociedad; aquélla
por el relativo abandono de las tareas hogareñas,
pero principalmente a los hijos, y, a ésta porque
ha transfigurado las condiciones de género, esfuminándolos
o trastocando tos roles desempeñados con anterioridad
por las mujeres y por los hombres en situaciones familiares,
lo que ha provocado confusión, en lo familiar
y en lo social, e incluso, indecisión, frustración
en las personas.
Aunado
a lo anterior, en el plano laboral, la mujer entra en
competitividad con el hombre, pero también con
otras mujeres, es decir, con ambos sexos, por alcanzar
los empleos o por mejorar posiciones laborales en un
mundo de trabajo de pocas oportunidades, lo que hace
peligrar la afirmación e identidad de los individuos,
puesto que en el trabajo es donde hombres y mujeres
se sienten útiles, reciben reconocimiento que
les permite reafirmarse como personas.
La
inserción femenina al trabajo fuera de casa,
no sólo ha provocado que ella se enfrente a nuevos
escenarios, también, en todo el orbe, ha incrementado
el desempleo ya que hay más mano de obra, o,
mayor número de personas con altas competencias
para el desempeño de diferentes funciones, por
si esto fuera poco, este evento, en algunos casos, ha
generado salarios a la baja, para ambos, pero especialmente
para la mujer, pues pese a los logros femeninos, aún
no se le trata con equidad, ia cual, incluso legislada,
a veces es letra muerta.
Son
casi 50 años los que han transcurrido desde el
momento en que, un mayor número de mujeres, se
lanzó a la conquista de espacios para ella: estudia,
se gradúa en universidades, o en otras instituciones
superiores, desarrolla capacidades dormidas, adquiere
nuevas competencias, pero, me parece oportuno preguntar,
¿desempeñan roles sociales de idéntico
peso hombres y mujeres? ¿Dejaron de ponerse limitantes
a las mujeres en sus aspiraciones laborales por tener
la capacidad de ser madre?
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