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El
atraco a la ética nos deja sin aliento. O lo que
es lo mismo, sin poesía viva que nos aliente realidades,
revele lo escondido, despierte la voz enterrada, suscite
revelaciones y rebeliones, lenguaje y verdad, pasión
y vida en un mundo de sombras que vive más en el
desencuentro que en el encuentro. Hace falta dar luz y revestir
de versos los vestidos falsos del alma. Donar conciencia,
en definitiva. Antes con humor (ayuda a vivir) que con ironía
(puede matar), por pura consideración; sobre todo,
la opinión pública, que ejerce un poderosísimo
influjo en la vida de los ciudadanos, debería esforzarse
más en formar y difundir una recta opinión.
Por desgracia, existen y coexiste una legión de manipuladores,
sin corazón alguno, que son capaces de rajarte el
alma a traición.
Cuidado
con las agitaciones contrarias a normas escritas en los
pétalos del aire, con tergiversar el abecedario del
universo, apropiarnos de semánticas y pasar de escuchar
la voz que nos nace del interior de cada cual. De hecho,
los conflictos en esta sociedad consumista que vivimos,
se avivan, en parte debido a una falta de ética total,
en cuanto a justicia social, falta de solidaridad con los
desfavorecidos de todo el planeta y abandono del medio ambiente.
El progreso humano pasa por tomar conciencia de los derechos
fundamentales en los que se refleja su dignidad original.
Un baño de ética es lo que precisa el mundo
para que los aires se calmen y colmen de humanidad, empezando
por ejemplarizar humanamente instituciones de servicio ciudadano.
Estadísticas recientes nos dicen que son muchos los
españoles que se sienten ninguneados por diversos
poderes fácticos.
La
fuerte carga de relativismo que soportamos, bajo una falsa
y farsante ética, deja al ser humano a la deriva,
con un montón de trastornos psíquicos. Cuando
pensábamos que los avances científicos nos
llevarían a mejores condiciones de vida, resulta
que la muerte por fallos médicos ha aumentado en
los últimos tiempos. Pensábamos que lo económico
podría ser un factor básico para el desarrollo
social, pero el mundo empresarial, en la mayoría
de las veces, le importa más la ganancia empresarial
que el trabajador. Creíamos también que la
sociedad de consumo nos iba a dar mayor bienestar a todos
y lo que se acrecientan son las desigualdades. La política
social es más política de captación
votante que reparto de bienes a los más necesitados.
En la misma línea de contrariedades, nos encontramos
con legislaciones nada sensibles al orden moral. La honestidad
de algunos gobernantes, a juzgar por sus actuaciones, parece
que se la ha robado el ratón Pérez.
Oponerse,
pues, a hechos corruptos como a disposiciones contrarias
al sentido común, pienso que es lo más razonable
cuando alguien pretende alienarnos a su capricho. Es un
puro acto de ética. Eso de que solapadamente el poder
nos arrebate el yo como monigotes de feria, conlleva una
maldad y rudeza desmedida. Cuando el comportamiento se vuelve
incivil, surgen dificultades que resultan difíciles
de atajar. Hay que escuchar todas las voces. Y respetar
todos los pensamientos. Precisamente, la crisis que ahora
atraviesa Europa, sería más fácil de
solventar si la unión se hubiese fundamentado en
los valores éticos y en las raíces de su historia.
En
cualquier caso, todas las personas de ética estamos
empeñados en una tarea tan compleja como apasionante:
llegar a ser miembros de una especie dotada de dignidad
plena. Esto no es una realidad, es un proyecto creativo
continuo y constante. Lo que debe hacernos sentir vivos,
comprometidos e implicados en otro mundo más justo
y solidario. Hoy por hoy, los pronósticos sobre el
futuro de la humanidad son más bien negros. Dicen
que por no tener, no vamos a tener ni agua en abundancia.
El gobierno se ha dado cuenta de que el agua es un bien
escaso y ha librado unos millones de euros para llevar a
los ciudadanos, un mensaje de ética: “Pon tu gota
de agua. Gota a gota se hace el río”. Habrá
que también educar para ello, para que compartir
trasvases deje de ser un trauma. Por lo pronto, la batalla
del agua hierve ahora en el Tajo. En Castilla-La Mancha
dicen que sólo compartirán “para beber”. En
Murcia lo piden con datos en la mano: los embalses de la
cuenca del Segura casi están secos. Lo de siempre,
una España húmeda que debe ayudar a la España
seca, cuestión de lógica.
Por
esa sensatez, volviendo a la pérdida de éticas
que los rompedores tiempos nos ofrecen, pienso que sería
procedente propugnar y promover una pedagogía basada
en los afectos para reintegrar conductas hacia una atmósfera
que nos acreciente el optimismo, para no vivir en precario.
Lo educativo tampoco funciona. En las aulas ya no se enseña
ética ni buenos modales, sino defensa personal ante
el diluvio de violencias. Habrá que pensar en organizar
una manifestación festiva en Madrid un sábado
próximo, que aglutine a todas las ciudades de España,
reclamando planes educativos más eficientes para
nuestros hijos y el derecho a que no se nos usurpe el sagrado
derecho que tenemos los padres a decidir cómo queremos
que eduquen a nuestra prole. De momento, la resignación
a tantas felicidades perdidas, por falta de ética,
es lo que nos salva.
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