Treinta
veces ví
detenerse el sol
en las palabras.
Eran
los pecados cómplices
en el leve sueño
que trazaba la piel
Entonces
venía
la lluvia sobre el cuerpo
y el silencio
Alguien
en olvidado sitio
haría promesas
a la noche
Qué
ángeles
qué vuelos
asolaban las calles.
Cuál profecía
nos cegaba el alba.
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