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Hoy
me trajiste la palabra otoño
en un plato de frutas,
la digital caricia de un jugoso
racimo de te amo y nomeolvides;
semiaturdido el corazón no te esperaba
en este amanecer. Hay días
en que dormimos demasiado
y se nos muere el gusto por la vida.
Cuánto agradezco esta sencilla deferencia
que me sacó del sueño amablemente,
y cuánto estos frutales besos y sonrisas
que me ofreces cuajados de penumbra.
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