9
¿He
escrito lo que el mar siempre desea?
Jamás.
Han
mojado las cadenas que lo atan a mí
como un velero sin faro.
He visto su interior,
tal vez sea un cisne alzándose a la altura de mi
mano
y su piel un río conduciendo la vida en una hoja;
se ha desviado hacia un montón de piedras,
esa corroída masa de piel curtida por la proa
de girasol en veda.
Ya está cautivo,
le abrió los muslos a las piedras
dejándolas
vacuas entre arcilla de sol.
¿Hube escrito lo que el mar odia?
Siempre.
Lo
he visto más de una vez como un niño de
petróleo
que grita por los desiertos con mariposas de limpia sombra
que lo atacan como un estanque de mil cabezas
cuando beben cerveza fría.
Son sopa que atrapa la piel del mar
que lo ata a él como nunca.