Hace muchos años la península de Yucatán era un paraíso; la mancha urbana estaba lejos de los medios rurales; la flora y la fauna se mantenían en perfecta comunión con la naturaleza.
Eolo Durán Castillo arribó a Cuchjoloch, donde haría sus prácticas normalistas. Rápido se adaptó al entorno: por las mañanas enseñaba el alfabeto, por las tardes convivía con los campesinos y practicaba el béisbol con ellos. Su comprensión de la lengua maya le despertaba simpatías.
Todos los niños con salud son traviesos; un día perdió la paciencia con un fosilillo repetidor y le arrió dos cinturonazos. Luego supo que su padre, alcohólico y pendenciero, traía en jaque a los pueblerinos cuchjolochenses. Un hilillo de preocupación lo mantenía en vigilia, escuchando el golpeteo incesante de la lluvia en su techumbre de lámina galvanizada.
Fuertes toquidos a la puerta lo sacaron de sus cavilaciones. Al abrir, sus ojos chocaron con la siniestra silueta de un hombre a caballo, con sombrero y gabardina. Los relámpagos iluminaron dos o tres veces un rostro y aspecto patibularios. Sintió miedo.
La voz aguardentosa del jinete lo hizo sacudirse y sentir frío en la espalda.
-Maestro, ¿es cierto que usted le pegó a mi hijo?
-Mire usted señor, su hijo es un poco travieso.
-Sí es un poco terrible, pero es mi hijo. ¿Le pegó? ¿Sí o no?
La puerta se cerró con un golpe de viento. Las rodillas le temblaban, pero trató de aparentar calma.
-Tiene razón en estar molesto. Nunca volverá a pasar.
-Entonces sí le pegó, ¿verdad?
Aun los socialistas invocan a Dios cuando sienten que la hora final se acerca. Era soltero, pensó en sus padres y hermanos, en sus compañeros y maestros, y con débil voz contestó, al tiempo que pensó muy fuerte ¡PERDÓNAME, DIOS MÍO!:
-Sí (y unas lágrimas se confundieron con las últimas gotas de la lluvia).
El hombre introdujo una mano en el oscuro gabán, al tiempo que decía resuelto:
-Pues ¡esto es para usted!
El normalista esperaba con pavor el machetazo que arrancara la flor de sus proyectos juveniles.
-Tenga esta piernita de venado, porque mi hijo es un cabrón.
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