P o e s í a

En los prados sin niño / Manuel Quiroga Clérigo

 
 

En los prados sin niño sólo inocencias vanas
nos devuelven la imagen que procede del llanto.
Ni siquiera unos versos suscitan la tristeza
de aquella soledad que burla las miradas
y despedaza tréboles, cosechas o rosales.
Son prados de violencia con escena de angustia,
doloridos reflejos de siberias y páramos
Se encuentran muy lejanos el amor y la vida,
las orquestas de flores y el mapa de las aves.
Es como un cementerio despojado de horarios
con la sombra infinita que recurre a los bosques
y a todos los vestigios de las torpes batallas.
Se acumulan momentos de astutos vendavales,
las horas de violencia y soledades turbias
o peregrinaciones de nieblas y de harapos.
En los prados sin niño no es posible la herida
pPero tampoco el pájaro. Sólo son clandestinos
escenarios abiertos a todas las rutinas,
a los claustros antiguos del dolor impensado.
De repente sucede que intensas amapolas
ponen nuevo color junto a arbustos y acequias
en las inmediaciones de la hierba agostada.
Entonces nos parece que algún niño invadiera
ese pequeño caos del sándalo furtivo
y la melancolía, el lugar de la tarde.

 
 

Fuente: Texto enviado por Manuel Quiroga Clérigo, de Madrid, España.