P o e s í a

Verdaderos oficios / Manuel Quiroga Clérigo

 
 

Prefiero los oficios que olvidan la distancia,
aquellos que predican el esfuerzo constante,
incluso si construyen catedrales de cera.
Son oficios de luz y latidos de estambre,
con gritos fervorosos para otoños y rosas.
Contienen sinfonías de ternura y acacias,
espacios de algodón, los gritos fervorosos.
Reviven el amor y destruyen la nada,
Inventan las escenas menos ocasionales,
entierran la penumbra y las horas ociosas.
Trascurren por el tiempo y todos sus sonidos,
el germen de la lluvia, la intemperie, el ocaso.
Son aquellos que viven el instante del viento,
el licor de jardines, el rigor de la infancia.
Se suelen preferir los oficios de dioses,
con sus protagonistas de elegantes despachos
y agendas repletas de cuestiones formales.
Toda inmovilidad sólo produce estragos,
el tedio y sus secuelas, el suicidio de frases,
la aromática espuma de espasmos y fantasmas.
No queremos siquiera el lujo y sus aromas
o la acuarela intensa de bosques y fragancias
avivando certezas de amanecer y abrazos.
Suelen ser las esquinas de los trenes y el verso
los lugares concretos para el fervor y el odio,
rechazando el oficio de ternuras y árboles.
Serán protagonistas de las torres más altas
o inspectores de rosas y de álamos gigantes.
Portavoces del viento y de un sueño blanco
tomarán el oficio de pecador y de hombre
analizando inquietos la sal y la distancia ,
decorando columnas de palacios e iglesias
y dibujando alegres los andenes de luces.
No elijamos oficio de lluvia o destemplanza,
esa sucia botánica en medio de la bruma
donde nos disfrazamos de orillas y umbrales.
Podemos dibujar los ropajes oscuros
de cetrinos parterres con primorosos lápices,
clandestinos espacios de fragmentos y rocas,
los ritmos del deseo iluminando almohadas.
Existen aduanas retrasando la espera.
los ritos del olvido inventando tinieblas:
son buenos los oficios de refugio y de bálsamo,
los que nos proporcionan las edades completas
en que siempre aparecen vendavales e invierno.
A veces aparecen disturbios de la aurora,
la fatigada astucia de inéditas palabras,
ese idioma cansado de la sequía intensa.
Vuelve la vibración del futuro y las paces,
esa canción que asombra con toda su gramática,
el oficio sencillo de las blancas banderas,
el triunfo de relojes y de las nubes libres.
Cualquier esfuerzo es algo elemental y válido
para lograr que vivan los tardíos gorriones
en medio de las calles y sus breves fragancias.
Queremos los oficios disciplinados, bellos,
para crear sonidos de laureles y frases.

 
 

Fuente: Texto enviado por Manuel Quiroga Clérigo, de Madrid, España.