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Lo
que ves son mis manos,
sólo mis manos
moldeando ceniza petrificada,
inyectando vida negra
para que la hoja ya no sea pálida
para que ya no sea sola y muerta. Lo que veo son tus manos,
sólo tus manos,
en la distancia,
empuñando espadas,
coleccionando triunfos vanos,
sonriendo horizontalmente,
acariciando pasto rancio,
dictando sentencias a oídos necios
y a los tuyos. Querías hazañas rosas para mi jardín,
coronas de fuego para mi frío,
alimento de reyes para el ácido estomacal
y bufones para forzar la risa,
todo perfecto.
Conquistador y conquista. Querías ser caballero errante
antes que mi dueño,
navegar por la tierra,
y caminar por el agua,
ser Midas.
Pero no, querías ser libro,
palabra, realidad pretérita,
antes que ser mío. Y es que me querías verde
y azul, para las ansías,
dulce y obediente, pura, casta.
Y es que tus ojos son pinceles
para dibujarme perfecta.
Yo era torre alta,
huracán, calma, insomnio,
sueño grato...etérea. Y es que tu eras bocina vertical,
voz al viento para el hastío,
mentira tuya de mí para tu sueño,
herrero de quien soy armadura, caballero
del viento derribando molinos:
más obstáculos para tu sed de gritarme perfecta
y merecer el cielo. Tú me querías blanca,
como yo te quiero.
Pero no, he aquí la tiza,
he aquí la palabra,
he aquí la voz petrificada
para los que no leen ni entienden.
Aquí está mi mano acariciando ilusiones,
como la tuya.
He aquí la paloma sin pico para cantar,
y esta voz tosca y de espaldas
que no me toca.
Pies que se alejan de modo
que mis ojos no te vean
y puedas creer que me muero
porque abandones y vuelvas. Escucha, siempre es así,
esta realidad haciendo océanos,
para que vayas entre puertos,
buscando un invento,
Yo.
Siempre es así,
para que siembre molinos,
antes que llegues a mí.
Aquí el invento de mí para ti,
el sueño de tí para mí.
Siempre es así,
tu el Quijote para mi sed de romance,
yo Dulcinea para tu sed de mujer.
Locos a partes iguales
y siempre...como es.
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