De
la vela que mi madre
encendió en el altar
bajan lentamente hormigas
Huyen del hormigueo ardiente
Hormigas líquidas ahora estatuas
petrificadas como Ruth
en el intento de lograr
su libertad utópica
Desde su nacimiento
condenadas a vivir
lo que dure la metamorfosis
Hormigas
blancas para una luna negra
que pretende alumbrar mi camino
¿Quién llora hormigas?
¿Los cirios o la mesa
que evoca a sus muertos?
¿Qué corazón no se derrite
con la lumbre de la ausencia
de un ser querido?
La
luna reclama estos insectos
agotada ya de ser guadaña
con que la noche siega
los sueños que crecen
a orillas de mí
La luna como los ángeles del insomnio
busca entre la hojarasca de mi alma
el mapa que la conduzca a casa |