I
Allá,
a mil pasiones luz del iris,
donde al final sorpresivo, los nervios
precipitan el fragor de ciudades
en lagos de silencio azul,
donde albúmina dormida es la forma,
brazo que palpa en busca de ademanes,
letra que ahogada en umbilical curva
sueña fórceps de lápiz y hoja en blanco,
apenas la semilla del deseo.
Sueño
arriba
con rumbo del asombro,
donde río crecido
hacha de agua nocturna
cedros en el limo derrota;
náufragos, solitarios,
al alba una mujer y un hombre
varan en la arena de un beso,
descubren el anhelo del espacio.
II
Primero
el deseo,
hoy es la comunión de nuestras manos
de aprendices eternos:
brota el verbo despacio
como el cuerpo de una mujer
de muslos que despiertan bajo prendas
cuando las manos del hombre
le inauguran el fuego lentamente,
brilla en las nuevas vetas de madera la sazón
tras la garlopa de los días que cisea,
desbasta, alisa, frota,
pule y lubrica hasta el umbral del hueso;
golpea el mazo de roble cadencioso
sobre el formón solar
hundiendo espigas adjetivas
dentro de escoples sustantivos;
la madera se funde, copula,
alumbra bastidores,
por enmarcar el tiempo y sus andamios
y un lienzo contra el viento.
III
Amor,
amor, amor,
aprendemos a vernos desde siglos atrás.
Ven,
vamos a iluminar el biombo de la vida.
Amanece
en tu cuello con sonrisas de plata.
Lunalba, luz bajo de tu cabello,
hebra de noche
que dibuja en la sábana el rumbo de los sueños.
Delinea,
esta línea, de lirio,
poderoso caudal de tus cabellos
derramado en el vértigo de hombros
donde el olor a durazno
desciende y se ovilla en tus pezones;
fuente donde la sed y el agua se conjugan sin edad
y el sabor de los frutos del tiempo
se vierte gota a gota.
Lunalba
la modestia del sol en tus pupilas.
Pulso de un mundo creado con los ojos del viento:
corazón, lunalba, corasol,
capital de la diaria utopía
donde habrán de habitar nuestros
rostros definitivos.
Cintura
sideral
donde el nadir se niega si se toca
y abrazarse con desesperación
es la única forma de subsistir a la ausencia,
al desamparo de saberse
constructor efímero de auroras boreales
en horizontes sin mañana,
guerrero
de la brisa,
sicario de la primavera,
mercenario de la lujuria,
sarraceno en las dunas de amaranto
de tu dorso y tus caderas,
jaguar extraviado en la noche de tu pubis,
corsario en el mar insondable de un gemido,
corsario de los mil y un asedios a la nave de tu boca,
de las mil y unas derrotas
en el asalto a las torres de Alejandría de tus pechos.
Lunalba, corasol,
cintura de obsidiana hasta la inanición pulida,
único punto de referencia en el mapa celeste
de mi cama.
Lunalba, corasol, Lunalba.
Iluminamos con magia nuestro biombo.
Llévame de la mano en tu gemido.
derramamos el ánfora de los secretos,
abrimos las compuertas del arcoiris,
llovemos desde la oscura clara nube del silencio.
El lienzo cobra vida y como un loco amoroso,
como un río joven
sonriente de acariciar la tierra,
se va peregrinando por el mundo.
Después,
lúbricos en el rocío del agotamiento,
la última piola se desata
en el velamen de tus párpados,
duermes mar adentro
mientras reposo en la lunar almohada de tus piernas
bebiendo el sueño en el pacífico agave de tu vulva.....
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