EN
LA QUIETUD de la tarde,
sólo la fuente continúa
bautizando con sus aguas
a las golondrinas que han bajado
hasta el jardín donde los enamorados
más tarde, al amparo de la sombras
sacian la sed de sus jóvenes corazones.
Mas
allá del jardín
donde flores y cipreses
velan de la fuente su tranquilidad,
el viento sutilmente
desempaca en los almendros de la iglesia
su equipaje de pájaros.
Es
la tarde. Nunca es tarde para reposar,
refrescarse con la brizna de la fuente.
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