Salió
el sol y con ello la refrescante brisa del alba que empapa mis
cabellos al dormir, siento la frescura de las gotas de las paredes
que humedecen poco a poco mis tendidas manos que yacen inerte
en la cavidad del manto verde que arropa mi alrededor, mis ojos
temblorosos rehúyen del brillo que acalora mis pupilas
diluyéndolos sin sentido. Miro, busco, trato pero no encuentro
la razón de mi despertar, sonámbulo deambulo entre
el mar del concreto buscándote... sin poderte hallar, las
grandes montañas cimentadas una tras de otras me pierden,
me sumergen, me confunden, sigo tu rastro a través de las
húmedas huellas esculpidas en el lacrimoso río de
piedra, que busca perderse en el ocaso del horizonte... El perfume
de tu cuerpo se disipa en el ávido aire del olvido, sigo
tu rastro; no quiero perderte, camino sin cesar en las pálidas
tierras donde descansan los cuerpos teñidos por el umbral
del destino, sigo sin rumbo... En la lejanía, creo es escuchar
tu nombre, camino entre las puntiagudas piedras sembradas como
maizales que crecen por donde quiera que deambulo, la pereza de
mis pies se van haciendo cada vez más fuerte, siento desfallecer
en cada minuto en la voluptuosa agonía, cálida muerte
vestida de afrodita... El murmullo del viento me ha dicho que
sola has estado sentada entre el cobijo de las sombras de los
gigantes; apresuro mi marcha para poderte encontrar; las arenas
del tiempo se conjugan con los cánticos de las aves que
pronuncian la llegada del atardecer y con ello la soledad del
crepúsculo... Ahí estás lucero de mil noches
fusionándote con el paisaje astra, mi venus, mi diosa,
mi reina; al fin te he encontrado, te miro como un infante mira
su preciado tesoro y no me canso de contemplarte, el viento acaricia
tu cabellera tendida sobre tu espalda y deja entre ver la delicadeza
de tu piel, el aroma de tu cuerpo se hace presente y la belleza
de tu rostro revela tu esencia de ninfa. Me miras, me sonríes,
me hablas... siento perderme en la armonía de tus palabras
que me envuelven en un éxtasis terrenal. Mis ojos ya cansados
se disponen a dormitar, ya el calor de la noche me sumerge de
nuevo a los dominios de Morfeo, el cual ha dejado a salir a su
fiel amante que se dispone a iluminar con su bella luz el manto
estelar.
Salió
el sol y con ello la refrescante brisa del alba que empapa mis
cabellos al dormir... Miro, busco, trato pero no encuentro la
razón de mi despertar, sonámbulo deambulo por la
eternidad...
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*José
Santiago Dzib Tuyub nació en Calkiní, Campeche,
el 22 de febrero de 1981. En el 2003, egresó como Licenciado
en Historia, de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma
de Campeche. Fuente:
Texto enviado por José Santiago Dzib Tuyub, el 26 de septiembre
de 2008. |