Bajo
el cuerpo del Xan
reposan leñadores cabizbajos
A
sus espaldas la piel arde
en el cansancio de aquéllos que conocen la selva
Atraviesan
el monte y en el cuello de las caobas
se enroscan los pecados
El
follaje de grillos aclama
su tardanza
(llegar al pueblo es tocar el corazón del Principio)
Es
noche ya
desgajan la corteza que se extiende como lagarto
(nadie escucha sus gemidos)
niños y mayores respiran el aire húmedo
de la fatiga y pernoctan
Las
hormigas crean jeroglíficos en este silencio
que se quebranta ante la resistencia de mujeres
agazapadas entre rescoldos de lluvia
y los despojos de la selva
aguardando el perdón de su hambre
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