Elmer Cocom Noh

 

Flor anónima

 

uno

Lueve porque llueve.

Un relámpago acierta en lo incierto de mis ojos.

Entre penumbras permanezco atado como si fuera sombra

al recuerdo inevitable de una flor no conocida

ni besada por el viento.

La calle está vacía, mi corazón está vacío y lo demás

no tan diferente a este instante

que se va con su música

a otra ciudad de la memoria.

 

dos

Quédate -me dices-

a dibujar el rostro que llores estas lágrimas

que resbalan del cristal.

Quédate a desgranar tu angustia nerudiana,

alimento del viento y las palomas,

del reloj y del silencio forzado de un perico

disecado sobre la mesa.

Quédate a embriagarte con la música de Paganini.

Hoy los dioses no trabajan,

tan sólo duermen y sueñan como nosotros

en ese árbol increado

de donde caen pájaros y se enciende

el canto de la tierra.

 

tres

Diciembre me habla al oído

y me tiemblan la voz y el pensamiento.

Sobre agua tengo la mirada:

ondulación de hojas.

Pienso en el ayer y es hoy.

A media altura se desvanece la memoria

junto con el oleaje nocturno.

Quedan en el aire huellas de luna,

huellas de cardenal sacrificado

por la prisa del recuerdo

que se fue cerrando con el alba.

 

cuatro

Qué necesidad por respirar tu imagen

en el agua derramada por la lluvia.

Qué necesidad por amanecer junto a la playa,

no como náufrago y sí como caracol:

sumiso en la arena,

musical cuando pegamos nuestro oído

a su estructura.

 

Cada minuto en órbita, un minotauro a vencer.

 

cinco

Este reloj no marca la hora,

ha devorado sus hormigas.

 

seis

Alguien dijo que una flor anónima

florece cuando menos lo esperas

o ya no florece, se marchita

sin conocer a las abejas, al colibrí, al viento

y a la mirada que por vez primera toca las cosas

y las vuelve luz, noche; música, silencio;

multitud, nocturna soledad.

 

siete

Nadie diga: no hubo sol ni agua

ni pájaro que llevara su perfume por el mundo

cuando la encuentren muerta con sus pétalos inéditos.

 

Sin flor no hay abeja, no existo;

sin flor se me hace eterno el relámpago que se consume en mis adentros;

sin flor no le hallo principio ni final a este poema,

sin flor todo lo que he dicho es mentira.

Quiera la memoria ser memoria y la flor, flor.

Quizás cuando la luna cierre sus alas,

comprenderé el por qué de este sufrimiento.

 

ocho

Tantos relojes pintó Dalí,

que no sé cuál marca la hora exacta

para descansar.

Intuyo la madrugada, el insomnio indescifrable.

Debo cerrarlo porque ya no aguanto

mi lluvia interna.

Puede que la flor florezca en estos versos.

No sabría que hacer, como no sé qué hacer

con esta soledad que resbala de mi rostro

y empaña mi sonrisa.

 

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Fuente: COCOM NOH, Elmer. Manual de soledades. Ayuntamiento de Calkiní, Campeche. Ediciones Nave de Papel, Bacalar, Quintana Roo, 1998, 72 p.

JULIO DE 2002

Grupo Génali (neros Narrativo y rico)