| De
primera intención, déjenme agradecer
una oportunidad más que me dan, para poder
acercarme a este hospitalario lugar, saturado por
sus cuatro puntos de: historia, tradiciones, costumbres
y un bien ganado prestigio en la cultura, por lo que
consecuentemente, desde hace mucho tiempo ha sido
registrado como la “Atenas del Camino Real”. Hoy,
en el ejercicio de la palabra, se renuevan las páginas
literarias, ofreciendo a los espíritus lectores,
una selección de escritos que gusta, asombra
y deleita finamente nuestra realidad cotidiana. Con
toda propiedad, un novel valor, heredero del linaje
de los Ah-Canul, ha sabido comunicarnos su visión
y sentir, visión desde luego muy personal.
Asomarse
al arte del grupo Génali, que en tres décadas
ha sabido mantenerse vigente, unido y activo, no deja
de ser interesante; así mismo, nos permite
situarnos curiosamente ante un movimiento que tiene
definido con claridad sus propósitos y que
no debe ser ajeno a la colectividad de esta latitud
ni de nuestra entidad, pues la hermosa tarea que se
han impuesto: Ramón, Miguel, Waldemar, Santiago,
Élmer y otros que fortalecen sus filas, siempre
nos cautivan con sus trabajos y se instalan en la
historia contemporánea de la literatura del
sureste mexicano, es demasiado meritorio para ellos
y para esta tierra a la que aman con particular dedicación,
haciéndola cada vez más rica y reconocida
con y por sus obras.
Puedo
pensar que quienes integran el grupo Génali,
se han formado y forjado por el influjo de la poesía
y aunque se desempeñan por razones de trabajo
en diversos puntos del sureste, aunque asumen con
individualidad sus labores poéticas, aunque
caminan con autonomía como colectivo, y aun
cuando existe una marcada diversidad y calidad en
sus voces, al referirse a ellos, se hace como el de
una familia sólida que ha sabido sortear adversidades
en una sociedad cada vez más convulsionada
y violenta.
Al
traspasar estos rasgos distintivos del grupo Génali,
no puedo omitir a Ramiro Suárez Huchín,
poeta de estos rumbos, quien ha hecho posible vincularme
más y compartir las individualidades propuestas
en que se funda el ejercicio literario de estos hijos
distinguidos de Calkiní, que hoy responden
de manera ejemplar a su pueblo que los cobija con
particular afecto.
Seguir
hablando del grupo, sería minimizar la magnitud
de este evento que nos ocupa, sería descalificar
sus creaciones. Creo que lo más importante
ahora, es ocuparme de los escritos de Élmer
Cocom Noh. Como persona, ustedes lo conocen mejor
que yo, y en cuanto a su poesía, después
de leer el texto “Bajo la lluvia escribo” que hoy
pone a consideración de ustedes, puedo señalar
lo más relevante encontrado entre sus líneas,
pero para ello tuve que partir de sus escritos anteriores,
contenidos en: “Conjuro de alas”, publicado en 1996,
y “Manual de soledades”, en 1998.
Vasta
y variada es la temática que integra el conjunto
de poemas, de los cuales damos cuenta en la obra que
hoy sale a la luz pública. Algunos rasgos humanos
están allí: el amor, la ternura, la
nostalgia, la pesadumbre, desesperación, etc.,
y no es que sea inventiva del autor, sino más
bien es una nueva forma de plantear lo ya existente.
En
este poemario, integrado por seis bloques, notamos
que: el primero, segundo, tercero y quinto, se conforman
con cinco, cuatro, doce y diecisiete poemas, respectivamente,
en tanto los otros dos bloques, es decir, el cuarto
y el sexto, están compuestos por cuatro poemínimos
y trece poemas combinados, todos escritos en verso
libre, con una musicalidad bien lograda, que llegan
con sus raíces tiernas como un regalo al espíritu.
Extenso
como la geografía de las nubes que con su lluvia
se detiene sobre las cosas para humedecerlas y renovarlas
agradablemente; de igual modo, la lectura de estos
poemas llega a nuestro espíritu para recrearlo
y vivificarlo con la ternura cabalgante en cada verso.
Élmer
somete su oficio creativo en una reflexión
y en un ejercicio constante, hasta lograr de cada
trabajo, una verdadera celebración de la palabra,
que nos dice cosas de este mundo convulsionado, imparable
por la cotidianeidad, pero hermoso, que pese a todo,
vale la pena vivirlo, disfrutarlo, y cantarle cada
minuto.
Sabe
como pocos, el autor, nutrir su poesía con
imágenes de su pueblo, como en aquel poema
que habla de la fuente:
(Poema
3)
O
cuando en otros poemas, nos habla de la célula
umbilical de la sociedad, la familia. En el conjunto
de cantos que titula “apunte para el retrato familiar”,
Élmer se auto define tal como es, hace una
verdadera radiografía de cómo piensa
y cómo se considera física y emotivamente.
Nos pinta un homenaje ternuroso de la contemplación
motivada por la sobrina distante. También en
este segmento, alza un himno para el tronco familiar,
su padre, un padre educado en los pasillos difíciles
de la vida, curtido por las adversidades que lejos
de endurecerle el alma, templa la costumbre de mirar
crecer rutinariamente a sus hijos.
El
tiempo, es otro asunto por el que transita con una
acuarela de conceptos para cada mes; veamos estos
versos que los ilustra:
“Enero
era un plato vacío”.
“Búsqueda vana de febrero”.
“Abrí abriles, sobre la mesa amplia de un recuerdo”.
“Se adelantaron las mariposas de junio”. (*)
y así sucesivamente cunde emotivos follajes
a cada mes del año.
Al mar, Élmer se asoma con su bajel cargado
de olas, gaviotas, arena, peces y caracoles con que
vivifica sus poemas, recalando a sus imaginarias playas
para buscar cobijo y consuelo.
En
los segmentos “Poemas sin familia”, “Palabras del
exilio” y “Memoria bajo la lluvia”, encontramos una
recreación muy propia y un depurado dominio
de la escritura, en el que además, va la emoción
y la perspicacia de fotografiar amenamente los instantes
entrañables, las atmósferas y los espacios
o situaciones que guardan importancia.
Con
claridad y belleza, estos poemas contenidos en el
libro, son un claro ejemplo del autor por querer que
su trabajo tenga grandes alcances en el ánimo
de los lectores.
Finalmente,
creo que esta obra, que hoy nos presenta Élmer,
indudablemente representa una contribución
al arte de la expresión, al grupo Génali
y en consecuencia, a la riqueza cultural, ya que la
lectura fortalecerá la sensibilidad y la imaginación
de quienes se acerquen al contenido de las páginas
de “Bajo la lluvia escribo”.
En
hora buena.
*
Este título es un verso de un poema de Ramón
Iván Suárez Caamal. (Nota de Santiago
Canto Sosa)
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