Narrativa
       

Ramón Santini Pech

 

Juicio insólito

 

Juicio insólito

-... Y consecuente con las ideas que he expuesto, con la venia de su Señoría, apruebo lo que han dicho los que me han precedido en la tribuna de este foro. Todos hemos coincidido en censurar al jurado popular, porque se ha convertido en proceso de escarnio y tortura, organizado en contra de los hombres que se sientan en la silla de los acusados. ¡No más jurados! ¡Que se elimine para siempre a esta Inquisición de nuevo cuño! ¡Qué desaparezca el Jurado Popular! ¡Esta es mi opinión, por ella voto!

El Fiscal al escuchar al último de los miembros del Jurado, sonrió, seguro de su triunfo, mientras en la Sala Judicial el orden de nuevo era interrumpido por las ruidosas manifestaciones de aprobación provenientes del público presente.

-¡Calma señores! Respeten este recinto! -clamó el juez golpeando repetidas veces la mesa tras la cual se encontraba, con el mazo que la fuerza de la costumbre había puesto en sus manos con la misma exigencia con que colgó de su cuello la toga y asentó en su testa el birrete.

El juzgador, tras restablecer la correcta compostura, escasamente mantenida en el transcurso de la sesión, indicó a los asistentes ponerse de pie.

La intervención del Presidente del jurado para concluir ese juicio que había despertado gran especulación, tenía importancia sólo por lo que correspondía a la expresión formal y solemne de una decisión que ya era prevista por la concurrencia.

-La ley que es dinámica y cambia con la sociedad que la genera –señaló el magistrado-, se ha enriquecido con una norma que exige al jurado empezar por juzgarse a sí mismo. Aquí estamos procediendo a su fiel observancia. Quienes intervinieron en este proceso lo hicieron con tanta emoción que olvidaron con frecuencia cual era la materia del juicio. Ustedes fueron oportunamente advertidos de que sus decisiones, siendo de interés público, podrían afectar sus propios intereses privados. Por ello previmos que no fuese simple la emisión de sus votos, les pedimos que cada uno fuera públicamente fundamentado. Pues bien, cumplidos los requisitos, la sentencia no ha de ser otra que la que aquí se ha expresado en forma unánime: ¡Que desaparezca el Jurado Popular!

Algo extraño sucedió en la sala de jurados. Quienes afuera esperaban, escucharon en ese momento un ruido metálico tal y como si se hubiere producido un encuentro violento de dos planchas gigantescas. El caso es que a partir de esa fecha, nadie ha podido dar razón alguna de paradero de un juez insobornable, un implacable fiscal, doce individuos “Honrados y de buena fe” y ochenta y seis curiosos que habían acudido a esa corte judicial con el placer que seguramente experimentaban los que en la Roma de los Césares asistían al Coliseo para presenciar el espectáculo del circo.

 
Fuente: Sumario de Ficciones. Ramón Santini Pech, Ramón Suárez Caamal y Ramón Tun Cab. Ayuntamiento de Calkiní, Campeche. Imprenta “Elín” , de Bécal. 1982. 82 pp.