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La
creatividad permite a los hombres y mujeres imaginar escenarios,
construir sueños, dibujar líneas en el mar o el
espacio, crear personajes y dar vida a otros seres. Gracias
al lenguaje, el pensamiento se representa mediante la palabra
escrita, trasciende en el tiempo y en el espacio, a través
de los libros. El reconocimiento a la creación literaria
es un cumplido para valorar las diversas formas de expresión
y apreciación de las letras; mediante la palabra, el
hombre comunica sentimientos, experiencias, valores y conocimientos.
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El
día mundial del libro y derecho de autor se celebra el
23 de abril, una forma simbólica para reconocer la propiedad
intelectual de escritores de todas las lenguas y culturas; sus
aportaciones –en prosa o verso- son testimonio real del
potencial humano. Los artesanos de las letras comparten historias,
reflexiones, aprendizajes y permiten la comprensión del
mundo. Cada libro es obra de arte y cultura. Cada obra refleja
libertad.
La
idea original de esta celebración corresponde al escritor
Vicente Clavel Andrés, quien en la región de Cataluña
se convirtió en gran impulsor del reconocimiento del
trabajo literario y defensor de la protección de las
obras. Su iniciativa fue acogida por grupos editoriales y asociaciones,
mismas que plantearon en el Consejo de Naciones Unidas. Fue
hasta 1995 cuando la Asamblea General proclamó la aprobación
del 23 de abril como fecha oficial para celebrar a los libros
y a sus autores.
Desde
hace quince años, la UNESCO retoma la necesidad de impulsar
programas a favor de la cultura, particularmente para favorecer
el placer de la lectura; también otorga apoyos y exhorta
a las naciones, a construir puentes en búsqueda de la
equidad, derribar los muros de la ignorancia y edificar baluartes
de paz entre los pueblos y culturas. Desde el año 2001,
el Departamento de Cultura de la UNESCO nombra –previo
consenso y análisis- la Ciudad Capital mundial del libro.
La primera ciudad fue Madrid (2001), le siguió Alejandría
(2002), Nueva Delhi (2003), Amberes (2004), Montreal (2005),
Turín (2006), Bogotá (2007), Amsterdan (2008),
Beirut (2009) y este 2010, será Ljubljana (Eslovenia),
una ciudad que destaca por centros culturales como el Instituto
Cervantes, British Council y el Instituto Goethe, entre otros.
Hasta ahora, ninguna ciudad de la República Mexicana
tiene el privilegio de ser seleccionada como Capital del libro;
esperemos que alguna vez nuestro país tenga tal distinción.
La
XV edición de esta fiesta mundial es un buen motivo para
reconocer el valor universal de los libros, honrar a escritores
y sus obras; pues gracias a su talento y libertad, es posible
conocer naciones lejanas, personajes de otros siglos; su creatividad
es compartida en cada historia o en cada poema.
Para
comprender mejor el mundo y la diversidad cultural en la humanidad,
nada mejor que el libro: une naciones, fortalece alianzas, amplía
horizontes, establece diálogo entre culturas y acerca
el conocimiento universal. El libro es la extensión de
la memoria y el pensamiento, un objeto tangible que cobra vida
con las experiencias del lector. Considero a los libros como
instrumentos insustituibles del conocimiento, fuente permanente
de cultura y oasis inagotable de información. Un libro
dejar ver otros horizontes.
Estamos
en pleno decenio del siglo XXI, tiempo de impulsar proyectos
editoriales, intensificar programas y talleres literarios; bien
vale la pena, hacer una evaluación de la situación
actual de las condiciones y funcionamiento de las bibliotecas
públicas, el impacto en las comunidades y las estadísticas
de los usuarios, la oferta de librerías, ferias y editoriales
para acercar los libros al público. Es buena ocasión
para abrir las puertas de las bibliotecas y salas de consulta
en todos los rincones de la geografía local, promover
intensamente el gusto y la promoción de la lectura.
Sirva
la celebración del día mundial del libro como
incentivo para construir un Campeche lector, como reza el gobierno
estatal “justo y solidario” con los campechanos
de todas las edades y de todas las comunidades; con los poetas
y escritores de los once municipios, con las librerías,
bibliotecas y escuelas que cobijan el acervo y el trabajo de
las personas.
Desde
un espacio de esta página, mi reconocimiento a los escritores,
por compartir su obra, dejar en cada lector la semilla del conocimiento
e iluminar con sus palabras, otras luces del saber.
San
Francisco de Campeche, Cam., abril de 2010.
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