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Me
fío del que habla con el corazón,
porque el corazón no habla.
No
me fío del que silencia dolores,
porque el dolor se comparte.
Me
fío y no me fío de los que te buscan:
hoy te florean, mañana te desfloran.
Por
eso, cada día quiero ser más libre,
y más yo contigo en este valle de poesía,
donde el único lenguaje sea la mirada
de Dios que se refleja en nuestras vidas.
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Cuando
se vive con Dios,
hoy se está mejor que ayer,
y mañana mejor que anteayer,
uno llora lo mismo, pero no es igual.
Porque
Dios siempre responde,
nunca está fuera de cobertura,
probarlo ahora y me respondéis después.
Él
se traga nuestras lágrimas,
nos resguarda a su consuelo y nos aguarda.
Sólo
Él, nuestro Creador, tiene una historia
de gloria que contarnos y cantarnos.
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