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Después
de meses de discusión, en agosto de 2010, se publicó
en el Diario Oficial de la Federación, el “Acuerdo
nacional de salud alimentaria. Estrategia contra el sobrepeso
y la obesidad”. Si bien fue un logro, el impacto del Programa
de acción en el contexto escolar, continuó provocando
discusiones y críticas severas por parte de los medios
de comunicación y personas con ideas contrarias a tal
iniciativa.
La
publicidad ha incrementado el consumo de alimentos azucarados,
comida rápida con alto contenido en grasas y sales; junto
con ello, el sedentarismo y ausencia de ejercicio, son causales
principales de la problemática. ¿Por qué
legislar hasta ahora? Respuestas muchas. Medidas para prevenir
y atacar la problemática se definieron. Por la salud,
bienestar y mejora de la calidad de vida de los pequeños,
no se podía postergar tales decisiones. La meta, cambiar
la posición del horroroso primer lugar, disminuir los
índices de obesidad en la población mexicana,
promover una cultura de hábitos buenos para la alimentación,
modificar criterios en el expendio y distribución de
alimentos y bebidas en las escuelas, inculcar la modificación
de prácticas en la preparación del refrigerio
de los escolares y en general en la dieta familiar.
Finalmente,
el protocolo y la logística en Salud y Educación,
terminaron por impulsar los fundamentos que avalan las decisiones
preventivas y correctivas en contra de la obesidad infantil;
aunque esas disposiciones por sí solas no garantizan
una disminución de los índices de obesidad, si
proponen acciones que llevadas a cabo por las instancias repercutirá
en la organización de los planteles escolares, en el
cambio de la oferta de alimentos y bebidas, el desayuno escolar,
las actividades físicas y al aire libre, incluso el menú
preparado en el hogar.
Para
combatir desde la escuela, el sobrepeso y la obesidad, se requiere
la participación permanente de autoridades, jefes de
sector, supervisores, directores, maestros, alumnos, padres
y madres de familia. La familia tiene una función educadora
determinante en la adquisición de hábitos de sus
integrantes; ante tal emergencia, las prácticas cotidianas
en pro de una alimentación sana, es recomendable que
ésta sea equilibrada, suficiente, adecuada y variada.
Como una forma de incentivar a las familias, existe la publicación
“Cómo preparar el refrigerio escolar y tener
una alimentación correcta. Manual para madres, padres
y toda la familia”, cuya finalidad es contribuir
a la mejora de las prácticas y calidad de la alimentación
desde el hogar.
En
la medida que directivos y maestros apliquen los lineamientos
y los padres de familia, se esfuercen por colaborar, paulatinamente
se lograrán cambios en los menús de refrigerio
escolar, una dieta equilibrada, entorno familiar saludable –libre
de comida chatarra y con tiempo para la actividad física-
y en general, una vida saludable. Si bien, los usos y costumbres
de comunidades y familias son diversos, con voluntad y disciplina,
puede cambiarse la cultura. Los maestros tienen que empezar
en su familia, y las familias tienen que participar para que
sus hijos sean sanos. El ejemplo es el mejor medio para aprender
el “bien comer”. Ese sería un buen proyecto
personal para iniciar este año.
Para
la segunda década de este siglo, la situación
debe modificarse, ceder la posición 1 a nivel mundial
para pasar al bloque de naciones con índices bajos de
obesidad. Mas que un reto oficial en materia de salud y educación,
es una oportunidad para impulsar el desarrollo humano mediante
la cultura de la prevención de enfermedades, una vida
digna, sana y segura para todos.
San
Francisco de Campeche, Cam. Enero de 2011. |