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| Calkiní,
7 de febrero de 2005 |
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Los
Obispos y el Clero de Yucatán durante la Guerra
de Castas (1847-1901) |
Capítulo
IV |
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Detalle de la portada del libro, diseñada
por Patrica Cab. Óleo "Izamal"
de Marco Chab |
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Este
último capítulo lo hemos dividido en cuatro
partes; las tres primeras partes dan a conocer la participación
de los obispos José María Guerra, Leandro
Rodríguez de la Gala y Crescencio Carrillo y Ancona,
quienes tuvieron largos períodos de gobierno episcopal
–29, 19 y 15 años respectivamente–
y que estuvieron inmersos en la situación conflictiva
de la Guerra de Castas; el primero con mayor intensidad,
porque vivió la etapa más difícil
de la Guerra de Castas, pero todos con alguna aportación
en la búsqueda de la paz. La última parte
del presente capítulo es muy breve, porque solamente
presentamos una semblanza de los obispos fray José
Guadalupe Alba Franco y Martín Tritschler y Córdova,
que a pesar de haber gobernado la Diócesis de Yucatán,
durante el período de la campaña final emprendida
por el presidente Porfirio Díaz, por diversos motivos
no tuvieron la oportunidad de colaborar en la solución
del conflicto, concluido en 1901 con la ocupación
de la capital de los cruzoob.
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A.
EL OBISPO JOSÉ MARÍA GUERRA Y RODRÍGUEZ
CORREA (1834-1863)
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En
esta parte, primeramente presentaremos la vida y obra
del obispo José María Guerra; después,
comentaremos la Carta Pastoral dirigida a los mayas sublevados
el 2 de febrero de 1848; posteriormente, analizaremos
la respuesta de los rebeldes a dicha Carta Pastoral; luego,
hablaremos del cura José Canuto Vela, que desempeñó
un papel importante en las negociaciones de paz, al encabezar
las comisiones eclesiásticas entre 1848 y 1851;
y, por último, daremos a conocer el funcionamiento
de esas comisiones eclesiásticas y los resultados
obtenidos.
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1.
Vida y obra |
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En
1827, al morir el obispo Pedro Agustín Estevez
y Ugarte, el Cabildo eligió vicario general de
la Diócesis de Yucatán al canónigo
José María Guerra y Rodríguez Correa 340, pero como la autoridad civil objetó
la legalidad de la elección y alegando que tenía
más méritos el provisor José María
Meneses (1782-1856) 341,
por los servicios que éste había prestado
a la nación, el Cabildo procedió a nueva
elección resultando vicario capitular Meneses y
gobernador de la Mitra el canónigo Guerra. En 1832
el Supremo Gobierno de la Nación propuso para ocupar
la sede vacante de Yucatán a José María
Guerra, electo senador aquel año; pero con el triunfo
de los federalistas, varios centralistas y Guerra fueron
desterrados a Veracruz.
Estando
en Veracruz, Guerra recibió en marzo de 1833 la
noticia de que había sido nombrado obispo de Yucatán,
pero la administración federalista detuvo las bulas;
sin embargo, con el retorno al centralismo, Guerra recibió
las bulas y fue consagrado en la Cd. de México
el 25 de julio de 1834 por el obispo Juan Cayetano Portugal.
«Guerra, obispo de Yucatán, puede considerarse
como fruto de las mismas gestiones del Ilmo. Sr. Vázquez» 342,
realizadas ante la Santa Sede 343.
En el mismo 1834, Guerra, el primer yucateco que se ciñó
la mitra del Obispado de Yucatán, dio a conocer
dos Cartas Pastorales: una el 26 de julio, comunicando
su consagración; y otra el 2 de noviembre, avisando
su arribo a la Diócesis y el nombramiento de Manuel
José Pardío (1790-1861) 344,
cura de Sotuta, como provisor y vicario general y, desde
entonces, José María Meneses se dedicó
al cuidado de la parroquia meridana de San Cristóbal 345.
En
1835, el obispo Guerra, debido a las guerras internas
de la Península de Yucatán, prefirió
realizar la visita pastoral de Tabasco y el 29 de noviembre
de ese año dio a conocer una Carta Pastoral, expresando
la pena que le causaba no realizar la visita pastoral
de la región yucateca y la necesidad de suplirla
por las instrucciones que daba por medio de la Carta 346;
en septiembre de 1836, el obispo Guerra declaró
vigente el diezmo en Yucatán. De 1837 a 1840, sucedió
una cosa curiosa en Yucatán: la familia Guerra
y Rodríguez Correa gobernó civil y eclesiásticamente
la Península, pues Pedro Marcial, hermano del obispo
José María, fue nombrado gobernador de Yucatán;
sin embargo se abrió un período de guerras
intestinas entre federalistas y centralistas y «la
Iglesia sufría así de los unos como de los
otros» 347,
pues querían despojar al clero de sus bienes, «aunque
siempre los liberales denominaron clericales a los centralistas,
y estos llamaron impíos y demagogos a los primeros» 348.
Después
del triunfo de la sublevación de Tizimín,
encabezada por Santiago Imán, el 4 de marzo de
1840 asumió funciones de gobierno Juan Cosgaya,
y el Congreso Local de Yucatán mandó poner
en práctica la Constitución federal de 1824
y jurar ésta públicamente y «sin restricción
cumplieron el juramento todos, excepto el Sr. Obispo de
la Diócesis don José María Guerra» 349; en 1842 reapareció
Manuel José Pardío en México, presentándose
como obispo auxiliar de Yucatán 350 y, al ser suspendido por el arzobispo metropolitano, optó
por radicar en la Cd. de México, llegando a ser
considerado por los masones como «el mejor de nuestros
obispos» 351.
En
1844, el obispo Guerra dirigió un oficio al gobernador
Santiago Méndez, protestando contra el proyecto
del Gobierno sobre la dotación del culto religioso
y sus ministros, pues consideraba «que las urgencias
del erario harían impracticables los abonos, y
después, una nueva ley vendría a declararlo
desobligado a continuarlos» 352;
en 1845 encomendó a la Prefectura de los jesuitas
en Belice la administración, «en lo posible»,
de las poblaciones yucatecas confinantes y vecinas a su
territorio 353;
en 1847, comenzó la sublevación de los mayas
y el obispo Guerra organizó una comisión,
encabezada por el cura José Canuto Vela, y por
medio de esa comisión dirigió a los sublevados
una Carta Pastoral 354.
Después del fracaso del tratado de Tzucacab y ante
la amenaza de ser tomadas Mérida y Campeche por
los mayas sublevados, en mayo de 1848 el obispo Guerra
decidió trasladarse a San Juan Bautista, Tabasco,
llevando con él a las Religiosas Concepcionistas,
pero el gobernador Barbachano lo convenció de permanecer
en Mérida y obtuvo su autorización, porque
la Tesorería del Estado estaba en bancarrota, de
disponer «en calidad de préstamo» 355,
de la plata y oro de los templos que habían ocupado
los indios rebeldes y que no habían saqueado, así
como de las alhajas no necesarias al servicio del culto
ordinario que tenían los otros templos; Barbachano
prometió devolver esos bienes de la Iglesia, pero
nunca cumplió su palabra.
En
1849, el obispo Guerra vio desaparecer la vicaría
de Bacalar «y con ella muchas florecientes parroquias
del oriente y sureste de la Península» 356;
en junio de 1850, cuando se calmó un poco la situación
de la Guerra de Castas, para reorganizar los curatos de
la Diócesis convocó al clero a ejercicios
espirituales y a concurso de curatos, se presentaron entonces
en Mérida cerca de cien sacerdotes 357;
luego, aprovechando una tregua de las continuas revueltas
y del alejamiento de los indios rebeldes, llevó
a cabo en 1854 y 1855 la visita pastoral, «primero
en las parroquias de la parte oriental en que no había
peligro próximo y después en las del distrito
de Campeche» 358.
La Constitución de 1857 y las Leyes de Reforma
dejaron a la Diócesis de Yucatán en la miseria
al ser confiscados sus bienes y si el obispo Guerra no
fue desterrado fue por el servicio prestado al Gobierno
«menos de diez años antes, dándole
sus tesoros para salvarlo de su ruina» ; en julio
de 1861, fue extinguido el Seminario de San Ildefonso,
al igual que la Pontificia Universidad, y fue transformado
en Colegio civil. El obispo José María Guerra
murió el 3 de febrero de 1863 habiendo publicado
unos venticuatro documentos entre Cartas Pastorales, tratados
instructivos, oficios o notas. |
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2.
Carta Pastoral (2 febrero 1848)
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Durante
la Guerra de Castas, a pesar de que muchos indígenas
hablaban y leían el español, la lengua maya
adquirió un carácter de lengua oficial en
la correspondencia entre los adversarios. El primer impreso
en lengua maya dirigido a los sublevados fue la Carta
Pastoral del obispo José María Guerra, firmada
el 2 de febrero de 1848. La Pastoral del Ilustrísimo
Señor Obispo, dirigida a los Indígenas de
esta Diócesis, como se puede leer en la portada
de dicho documento, fue publicada en Mérida por
Antonio Petra, en 1848; el mensaje del obispo Guerra está
en español y en maya; la traducción del
español al maya fue realizada por el cura José
Canuto Vela.
Esta
Carta Pastoral tenía como destinatarios: «los
indígenas de todo el Obispado y particularmente
los que habitan la parte oriental y sur de esta vasta
Península» 360.
El obispo Guerra manifestaba su amargura por los hechos
acaecidos en el pueblo de Tepich el 30 de julio de 1847;
también se quejaba de «la profanación
sacrílega y escandalosa del augusto templo parroquial
del pueblo de Tixcacalcupul» 361 y de la muerte del párroco Eusebio García
Rejón y del presbítero Patricio Loría;
el obispo Guerra consideraba que esos acontecimientos
sangrientos eran efecto de la «Justicia Divina,
irritada contra nosotros por tantos pecados, y especialmente
por el enorme pecado de abandono del cumplimiento de los
deberes cristianos, por la falta de la asistencia a los
divinos oficios, y a escuchar la enseñanza de la
doctrina» 362.
El abandono de todo esto, según Guerra, se debía
a «las ideas exageradas de la época» 363, lo cual nos
hace pensar en el liberalismo radical que se había
ido extendiendo a todos los niveles de la sociedad yucateca,
incluso hasta en las filas del clero.
Además,
el obispo, considerando que no eran suficientes sus cartas
pastorales, sus exhortaciones y providencias para el restablecimiento
de los «preciosos beneficios celestiales»
resolvía enviar una comisión compuesta por
los sacerdotes José Canuto Vela, Manuel Saturnino
González, Manuel Ancona y Jorge Burgos para que
los sublevados les hicieran saber sus resentimientos,
para que les confiaran sus quejas «que ellos sabrán
transmitirlas a la autoridad respectiva, a quien toque
poner remedio» 364.
Guerra finaliza su Carta exhortándolos a hacer
caso al llamado de Dios a la reconciliación; esta
Carta Pastoral, fue impresa para que llegara por distintos
caminos a los sublevados y tuvo una respuesta de varios
jefes mayas sublevados, respuesta que veremos en el siguiente
apartado. |
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3.
Respuesta de los rebeldes a la Carta Pastoral del obispo
Guerra |
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El
gobernador Santiago Méndez, no teniendo otra alternativa,
comisionó a Miguel Barbachano para presidir la
comisión gubernamental que debería entrar
en tratativas de paz con Jacinto Pat. Barbachano salió
de Mérida el día 15 de febrero de 1848 con
ese objetivo; mientras tanto, ese mismo día, la
comisión eclesiástica, portadora de la Carta
Pastoral del obispo José María Guerra y
encabezada por el cura José Canuto Vela, salió
para Tecoh; reuniéndose ambas comisiones en Ticul
y continuando juntas a Tekax 365.
Instalada en Tekax, la comisión pacificadora por
diferentes conductos hizo llegar comunicaciones amistosas
a los principales jefes mayas. El 17 de febrero, el cura
Vela dirigió una carta suya y la del obispo Guerra
a los jefes mayas; en su carta Vela daba a conocer a los
jefes mayas sublevados que el obispo deseaba que pusieran
fin a los ataques y a las matanzas, también les
recordaba que matar, odiar, robar e incediar eran pecados
mortales y los exhortaba «a abandonar la lucha,
para estar en condiciones de recibir la bendición
de Dios» 366 y terminaba la carta comunicándoles que enviaba
seis ejemplares de la Carta Pastoral del obispo, especialmente
a Jacinto Pat y Cecilio Chí 367.
El
19 de febrero respondieron los caudillos mayas de Sotuta 368 a Domingo
Bacelis y José Dolores Pasos, agradeciendo primeramente
su carta y la del obispo que les habían hecho llegar,
y daban a conocer desde el inicio el motivo de su rebelión:
«Una sola cosa digo a ustedes y a los venerables
santos curas ¿Por qué no se acordaron o
se pusieron alerta cuando nos empezó a matar el
señor gobernador?» 369;
en su carta los jefes mayas daban a conocer las causas
de su actitud contra los blancos, destacando la siguiente
sentencia: «todo lo que los blancos nos han hecho,
lo hacemos, otro tanto, para que vean si quedan contentos
con este pago» 370.
Con esto, los jefes mayas de Sotuta rebelaban resentimiento
y rencor, pero presentaban un razonamiento enérgico
y justo: no fueron ellos los iniciadores de la guerra
sino los blancos, los que ahora querían entrevistarse
con ellos.
El
24 de febrero, desde Tihosuco, Jacinto Pat escribió
una carta al cura Vela, en la que también expresaba
el «tenaz resentimiento» 371 que sentían los indígenas hacia los blancos.
Pat hacía saber a Vela y al obispo Guerra que «a
no haber sido los daños que empezaron a ocasionarnos
los señores españoles, aquí en el
pueblo de Tihosuco, no se hubieran alzado estos pueblos» 372 y decía
que si se habían sublevado «es por defenderse
de la muerte que empezó a ocasionarnos el señor
subdelegado don Antonio Trujeque» 373;
los indígenas, según Pat, esperaban de parte
del Gobierno de Yucatán una respuesta favorable
y solicitaban la abolición de la contribución
civil, «pues de lo contrario, la vida o la muerte
decidirá este asunto porque yo ya no tengo más
recurso» 374,
y la disminución de la contribución eclesiástica.
Jacinto Pat daba la posibilidad de una negociación,
dependiendo de la respuesta del Gobierno, y quizá
por ello, habiendo sido considerado como la esperanza
de los comisionados para un arreglo de paz, todos dirigieron
hacia él una labor de persuasión epistolar. |
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4.
El cura José Canuto Vela y su correspondencia epistolar
con los sublevados |
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El
cura José Canuto Vela 375,
excelente escritor en lengua maya, nombrado por el obispo
Guerra como el responsable de la primera comisión
que trató de mediar entre los sublevados y el Gobierno 376, desarrolló
su labor con gran celo en medio de problemas y dificultades,
con resultados parciales de poca duración. El 17
de febrero de 1848, le escribió a Pat desde Tekax,
quien le respondió el 24 de febrero; el 6 de marzo
«el valeroso cura y algunas otras personas, sin
escolta alguna, se entrevistaron con [Ignacio]Tuz en Tzucacab,
donde el señor cura Vela obtuvo de parte del jefe
indio la promesa de ir personalmente a Tihosuco en busca
de Jacinto Pat» 377;
estando en Tzucacab, el cura Vela escribió el 8
de marzo otra carta a Pat donde expresaba que Miguel Barbachano
quería conversar con él «para hacer
la paz con ustedes bajo el deseo de que ya no haya más
daños ni temores aquí en la tierra» 378.
Como
el 14 de marzo los mayas sublevados tomaron Valladolid,
el entonces gobernador Santiago Méndez consideró
oportuno dimitir y entregó la gubernatura a Barbachano,
quien tomó posesión el 26 de marzo. El cura
Vela y Felipe Rosado, el comisionado gubernamental, el
1 de abril manifestaron a Pat la urgencia de «hablar
y redactar una buena acta en la que estén bien
plasmados sus deseos y los del respetable señor
Gobernador» 379;
Vela y Rosado nuevamente le escribieron a Pat el 14 de
abril, insistiendo en la necesidad de los acuerdos de
paz que «alegrará a todo Yucatán,
y particualrmente al excelentísimo señor
Gobernador» 380.
Finalmente, la insistente y persuasiva correspondencia
epistolar de los comisionados Vela y Rosado, así
como del mismo Barbachano, rindió sus frutos de
tal manera que Pat accedió sentarse a negociar
en Peto el 18 de abril, firmándose el tratado de
Tzucacab, que fue roto poco tiempo después por
Cecilio Chí y otros jefes mayas, inconformes con
lo que establecía.
Después
el cura Vela siguió manteniendo comunicación
con los mayas sublevados a través de la correspondencia
epistolar, como lo demuestra la carta que José
María Barrera y otros jefes mayas le dirigieron
al cura Vela, el 7 de abril de 1850, desde Haas: «he
recibido su respetable carta en la que me dice que ya
llegó su excelencia al rancho Kampocolché.[…],
me da a saber que es el comisionado del excelentísimo
señor Gobernador, y me pide que escriba o que vaya
a hablar con su excelencia» 381.
José María Barrera había escrito
a Vela para manifestarle la firme convicción de
su pueblo de no rendirse, hasta ver cumplido todo lo que
pedían y le recordaba la falta de palabra de los
blancos respecto al tratado de Tzucacab. El 19 de abril,
José María Barrera escribió otra
vez, respondiendo una carta de Vela, poniendo en entredicho
al cura, pues insinúa que era comerciante de aguardiente:
«quiero que me venda un garrafón de aguardiente
[…], si no hay aguardiente, aunque sea habanero;
perdóneme, pero aunque sea un poquito» 382.
Los sublevados, días después acordaron con
el cura Vela reunirse el 4 de mayo en Kampocolché
para terminar con las hostilidades, pero la reunión
no pudo efectuarse, debido a que el comandante militar
de Yucatán Manuel Micheltorena ordenó acabar
con los sublevados, con toda la fuerza posible; los sublevados
el 5 de mayo enviaron una carta al cura Vela, en la que
le comunicaban que «las tropas nuestras han tomado
por el rumbo de Chemay una carta que el señor comandante
de Valladolid puso a otros compañeros suyos en
que les dice que acaban de salir los señores curas
a engañar al indio» 383.
El 7 y el 13 de mayo, Vela dirigió sendas cartas
a José María Barrera advirtiéndole
que las tropas gubernamentales lo buscaban 384,
entonces éste condujo a los demás sublevados
selva adentro donde fundaron Chan Santa Cruz y el culto
de la Cruz Parlante. |
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5.
Comisiones eclesiásticas |
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Barbachano
aceptó encabezar el comité de paz que organizó
Santiago Méndez 385,
en diciembre de 1847, pero como las medidas militares
y políticas del Gobierno no surtían efecto
para la pacificación de los indígenas se
recurrió al obispo y al clero 386;
en febrero de 1848, el obispo José María
Guerra designó como miembros de una comisión
eclesiástica para la pacificación de los
indígenas sublevados a los sacerdotes José
Canuto Vela, Manuel Saturnino González, Manuel
Ancona y Jorge Burgos 387,
que debieron participar en el tratado de Tzucacab.
En
1849, después de que el coronel Patricio O’Horán
realizó exitosamente, entre junio y julio, la expedición
desde el pueblo de Sabán hasta la villa de Bacalar,
los jefes mayas Venancio Pec y Florentino Chan trataron
de entablar pláticas de paz por medio del cura
García y solicitaron la suspensión de hostilidades,
formándose tres comisiones conciliadoras con sacerdotes
respetables. La primera comisión estaba representada
por José Canuto Vela, cura de Sagrario, la segunda
por José Antonio García, cura de Temax,
y la tercera por Manuel Antonio Sierra 388,
cura y vicario de Valladolid. Cada comisión se
había formado «para que por distintas partes
tratasen de entrar en pláticas con los indios principales» 389.
El
cura Vela salió con tal fin para Tihosuco; el cura
Sierra para Bolonchén, y el cura García
para Valladolid 390;
apenas el cura Vela trató de sondear el ánimo
de los jefes mayas del sur, por medio de un agente llamado
Isidro Blanco, tuvo la triste noticia de que éste
había sido asesinado por los indígenas.
Este inicidente obligó a los comisionados a ser
cautos; las hostilidades continuaron por todas partes 391; los sacerdotes
estaban en situación muy difícil, eran mal
vistos por las tropas debido a los reproches que hacían
por la matanza de prisioneros y la violación de
las mujeres; por su parte, los indígenas ya no
los respetaban y ante sus peticiones de acabar con la
guerra recibían como respuesta: «Váyanse
de aquí y así habrá paz» 392.
En
1850, algunos sacerdotes realizaron gestiones pacificadoras.
Por ejemplo, el sacerdote Juan Burgos dirigió una
carta desde Kankabchén el 15 de enero a Juan Ascensio
Cab, jefe de las fuerzas de San José, en la región
de Peto, que decía: «Soy sacerdote, y me
envió el excelentísimo obispo, a petición
del excelentísimo señor don Miguel Barbachano
para que yo les pida benevolente y afectuosamente que
vengan a presentarse en forma pacífica» 393.
Otro caso es el cura José Canuto Vela, que intentó
negociar la paz en mayo de 1850 con José María
Barrera y otros jefes mayas sublevados 394,
con el consabido fracaso por la acción de las tropas
gubernamentales que lanzaron una fuerte ofensiva, propiciando
la huida de los indígenas sublevados 395.
El 25 de mayo, Manuel Micheltorena, el comandante militar
de Yucatán, se lamentaba ante el ministro de Guerra
y Marina sobre el fracaso de las comisiones eclesiásticas 396.
Sin
embargo, en 1851 el comandante militar Rómulo Díaz
de la Vega, enviado en marzo de ese año por el
Supremo Gobierno en sustitución de Micheltorena,
organizó las tropas para hacer una guerra defensiva 397 y estableció
una comisión eclesiástica, utilizando «al
mismo padre Vela y a su plana mayor de sacerdotes que
ya habían fracasado antes. Se dieron las mismas
órdenes que en ocasión anterior [1849] para
conciliar la tarea de los eclesiásticos con los
imperativos de la guerra» 398,
pero cuando el cura Vela se preparaba a salir de Peto 399 para iniciar
su labor, se supo que el gobernador Barbachano, obrando
descoordinadamente respecto de la autoridad militar, había
autorizado un nuevo sistema de pacificación, teniendo
como figura central al corregidor del Petén Modesto
Méndez, quien aseguró estar en condiciones
de apaciguar, por la persuación, a los habitantes
de Chichanhá, con los que en agosto de 1851 llevó
a cabo un tratado, aunque «en virtud de ese acuerdo,
los sacerdotes debían encontrarse en Chichanhá
con el fin de organizar las elecciones y ofrecer a los
indios la bendición del obispo» 400.
Enterado el cura Vela de la firma del tratado de Chichanhá,
consideró inútil viajar a ese lugar«con
el objeto de cooperar con el corregidor del Petén
y el cura Hoil, y suponemos que desde ese momento ni él
ni sus sacerdotes, volvieron a pensar en la intervención
de las comisiones eclesiásticas cuya presidencia
le había sido encomendada por el Gral. Vega» 401. Sin embargo
todavía tenemos noticias de que en septiembre de
1851 seguían funcionando comisiones de paz 402.
Haciendo
una valoración de las comisiones eclesiásticas,
conducidas por el cura Vela, encontramos lo siguiente:
la de 1848 había logrado convencer a Pat a firmar
el tratado de Tzucacab, pero éste tuvo una efímera
duración porque los demás jefes mayas no
estuvieron de acuerdo en que se nombrara a Pat gobernador
de los indígenas; las comisiones formadas en 1849
fracasaron, debido principalmente a las expediciones “exploradoras
y cosecheras” de las tropas gubernamentales en perjuicio
de los indígenas mayas 403,
expediciones de las que se lamenta el cura Vela en una
carta que dirigió al diputado Alonso Manuel Peón
el 9 de noviembre de 1849 404:
«y
habiendo averiguado que sin este paso no habría
rancho entre muy pocos días, pues no hay depósito
de granos ni otro medio de proporcionarlo a la tropa,
tuve que callar, y penetrado de ser no sólo inútil
sino muy expuesta mi medida combinada, tanto respecto
a mis enviados que muy bien podían ser sacrificados
por sus parientes y amigos, como respecto de lo sustancial
de mi comisión, tuve a bien retraerme de mi idea,
eligiendo este extremo como un dictado enérgico
de la prudencia. Tú y los sensatos creo que no
reprobarán mi conducta en este particular, y verán
que mientras permanezca la necesidad que se alega de seguir
estas incursiones, se aumentarán también
los obstáculos que se oponen a mi comisión»
405.
Según
Leticia Reina, las tres comisiones eclesiásticas
trataron de lograr la paz, pero no la consiguieron «porque
lo hicieron en nombre de Dios, que para los indígenas
era la palabra del “blanco”» 406.
Por su parte, Peniche Vallado al criticar los resultados
de las gestiones de las comisiones eclesiásticas
de 1849, considera que estaban formadas por sacerdotes
respetables 407,
«quienes se dedicaban a hacer labor de convencimiento
con los indígenas del Oriente y del Sur» 408, pero no lograron
buenos frutos porque «no se procuró que,
al menos mientras se efectuaban los parlamentos religioso-pacifistas,
se abstuvieran las tropas blancas de hostilizar a los
residentes indígenas» 409,
en su afán de procurarse su sustento y el Gobierno
se hacía el desentendido, pues se reconocía
incapacitado para sostenerlas 410.
Según Peniche Vallado, las comisones eclesiásticas
de 1849 también fracasaron, porque las autoridades
militares tomaron actitudes y disposiciones improcedentes
y abiertamente contradictorias, la mayor parte de ellas
de las órdenes formuladas por el gobierno para
encauzar las labores pacificadoras de las comisiones eclesiásticas,
«cuyos componentes se veían presionados en
el desarrollo de sus gestiones, y no tenían otro
recurso que modificar éstas, introduciendo cambios
que les restaban fuerza moral y material, o renunciar
totalmente a ellas con grave daño de la misión
que les había sido encomendada» 411.
En 1851 las comisiones eclesiásticas fracasaron,
porque el gobernador Barbachano no estuvo de acuerdo con
las autoridades militares y prefirió utilizar otro
sistema de pacificación. |
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B.
EL OBISPO LEANDRO RODRÍGUEZ DE LA GALA (1868-1887) |
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En
esta segunda parte daremos a conocer, en primer lugar,
la vida y obra del obispo Leandro Rodríguez de
la Gala, obispo al que le tocó vivir situaciones
difíciles maquinadas por gobernantes liberales,
y en segundo lugar haremos un comentario de su Carta Pastoral
del 6 de marzo de 1870, dirigida a los mayas rebeldes
de oriente y a los pacíficos del sur, de los que
no hubo respuesta alguna. |
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1.
Vida y obra |
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A
la muerte del obispo José María Guerra,
el 3 de febrero de 1863, fue nombrado gobernador de la
Mitra de Yucatán el canónigo Leandro Rodríguez
de la Gala 412 y poco tiempo después, el 17 de abril, el Papa
Pío IX (1846-1878) lo instituyó administrador
apostólico del Obispado de Yucatán. El presidente
Benito Juárez restituyó el Seminario de
San Ildefonso a la Diócesis por decretos del 9
de septiembre y 9 de diciembre de 1863; el 4 de julio
de 1864, Rodríguez de la Gala dio a conocer su
primera Carta Pastoral y estableció una Academia
de literatura y ciencias eclesiásticas, siendo
su presidente el presbítero Crescencio Carrillo
y Ancona; siempre en 1864, Rodríguez de la Gala
envió al presbítero Manuel Antonio Sierra
y a algunos otros sacerdotes a visitar las rancherías
de los indígenas mayas de la frontera con Belice
y también el territorio de esta colonia británica
pero no pudieron hacer mucho porque aquel territorio pertenecía
al Vicariato Apostólico de Jamaica 413.
Con
la caída del Imperio de Maximiliano y la restauración
de la República en 1867, resurgieron las clausuras
de instituciones eclesiásticas, sufriendo la Diócesis
de Yucatán en octubre de 1867, la extinción
del convento de las Religiosas Concepcionistas de Mérida
y en febrero de 1868 del Seminario Conciliar; entonces
los presbíteros Crescencio Carrillo y Ancona y
Norberto Domínguez fundaron el Colegio Católico
de San Ildefonso, de instrucción primaria y secundaria,
que ayudó en la formación seminarística 414.
Debido
a las exigencias anticanónicas de los ministros
de Maximiliano, durante el Imperio no se pudo establecer
un Concordato con la Santa Sede y la petición de
un obispo para Yucatán quedó para mejor
ocasión. Con la restauración de la República,
el Papa Pío IX nombró obispo de Yucatán
a Leandro Rodríguez de la Gala, el 22 de junio
de 1868, siendo consagrado en la Habana, Cuba, por el
obispo fray Jacinto Martínez el 14 de febrero de
1869; el nuevo obispo tomó posesión de la
Diócesis el 4 de marzo, cuando se guardaba luto
en el Estado de Yucatán por la muerte del gobernador
Manuel Cepeda Peraza 415.
A
pesar de su débil salud, el obispo Rodríguez
de la Gala realizó la visita de toda la Diócesis
durante sus años de gobierno episcopal, pues acostumbraba
recorrer tres o cuatro parroquias y regresaba a Mérida.
Durante una de sus visitas, estando en Tekax en marzo
de 1870 «dirigió a los indios rebeldes una
Carta Pastoral el día 6, excitándolos a
la paz y a la conversión» 416.
Para lograr mejor efecto, el obispo Rodríguez de
la Gala pidió al cura José del Pilar Vales
que la tradujera al idioma maya y se imprimió después
en dos columnas con el texto español y maya en
la Imprenta de José Dolores Espinosa.
El
1 de enero de 1876 se restableció el Seminario
Conciliar y cesó sus funciones la Academia de ciencias
eclesiásticas que sostenía suplementariamente
la enseñanza del Seminario. En marzo de 1877, debido
a su Octava Carta Pastoral, que fue considerada como subversiva
por el Gobierno yucateco, el enfermo obispo tuvo que sufrir
el exilio por un mes. En diciembre de 1877, por su precaria
salud, Rodríguez de la Gala designó como
su secretario al presbítero Crescencio Carrillo
y Ancona y lo nombró canónigo en 1879 «delegándole
casi todas sus facultades y descargando en él todo
el peso de la administración» 417.
En 1883 lo nombró su provisor y vicario general
y ese mismo año pidió a la Santa Sede lo
nombrara su coadjutor; entonces en 1884 fue nombrado Crescencio
Carrillo y Ancona obispo de Lero y coadjutor de Yucatán
con derecho a sucesión, siendo consagrado el 6
de junio de 1884. El obispo Leandro Rodríguez de
la Gala murió el 14 de febrero de 1887, habiendo
ordenado a 67 sacerdotes y publicado quince Cartas Pastorales. |
| |
2.
Carta Pastoral (6 marzo 1870) |
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El culto a la Cruz Parlante había nacido en Chan
Santa Cruz y se había extendido a los grupos dispersos
de sublevados en la parte oriental de la Península,
de tal manera que para 1851 el poder de la Cruz abarcaba
desde Bacalar hasta Valladolid; mientras esto sucedía
en el oriente de la Península, en la región
de los Chenes y en las selvas del sur la situación
era diferente pues se firmaba la paz entre el Gobierno
de Yucatán y los mayas de Chichanhá, por
mediación del corregidor Modesto Méndez
y su viejo compañero el cura Juan de la Cruz Hoil,
tratado de neutralidad que enojó a los cruzoob
y comenzó así la enemistad entre los sublevados
del sur y los sublevados de Chan Santa Cruz; división
y enemistad que aumentará en 1853, cuando los sublevados
del sur firmaron en Belice otro tratado de paz con el
Gobierno de Yucatán, en el que se comprometieron
a combatir a los cruzoob, quienes a pesar de ello, seguieron
creciendo su poder y su dominio 418 sobre los ahora llamados pacíficos del sur, quienes,
pesar que recibían la protección de las
tropas gubernamentales, cedieron Chichanhá en 1860
a los seguidores de la Cruz y se dispersaron en pequeños
grupos en la frontera con Belice.
En
1864, durante el Segundo Imperio, el comisario imperial
José Salazar Ilarregui dirigió a los cruzoob
una proclama, pidiendo a los sublevados someterse pacíficamente
a la protección de Maximiliano, dicha proclama
surtió muy poco efecto; en 1866 las buenas relaciones
de los cruzoob con los ingleses seguían siendo
no bien vistas por los pacíficos del sur y atacaron
algunos campamentos madereros ingleses, haciendo complicadas
las relaciones entre México y la Gran Bretaña,
y las represalias de los ingleses, que en 1867 destruyeron
varias comunidades de los pacíficos; en ese año
algunos pueblos pacíficos como Lochá y Mesapich
fueron sometidos por los cruzoob y algunos de sus pobladores
se unieron a ellos y los acompañaron en sus correrías;
en 1870 la relación entre los pacíficos
del sur y los cruzoob seguía siendo muy crítica.
Teniendo
como marco histórico-social este conflicto entre
los sublevados del sur y los sublevados del oriente de
la Península, ya restaurada la República,
el obispo de Yucatán D. Leandro Rodríguez
de la Gala durante su visita pastoral a Tekax escribió
el 6 de marzo de 1870 una proclama dirigida a: A nuestros
muy amados hijos que habitan las regiones del Sur y del
Oriente de esta Península en nuestra Diócesis
de Yucatán, salud y paz, gracia y bendición
en nuestro Señor Jesucristo 419.
Esta
Carta Pastoral fue publicada en un folleto de ocho páginas
a doble columna, una en español y la otra en maya.
La traducción fue encomendada al presbítero
José del Pilar Vales, originario de Valladolid,
que conocía perfectamente la lengua maya. En la
Carta Pastoral, el obispo Rodríguez de la Gala
se dirigía «a sus muy amados hijos, que moran
apartados o segregados en los cantones del Sur y Oriente
de esta tierra de Yucatán» 420.
Rodríguez de la Gala, al parecer en alusión
a los sublevados de Chan Santa Cruz y a los pueblos pacíficos
del sur que se le habían unido en 1867 421,
les decía «los que os halláis encerrados
voluntariamente dentro de un círculo de hierro» 422 y les manifestaba
que deseaba estrecharlos entre sus brazos y reanudar las
mutuas relaciones que deben existir entre el pastor y
sus ovejas, entre el obispo y sus fieles diocesanos y
les recordaba aquellos días felices en que estaban
asistidos por los sacerdotes y recibían los inmensos
beneficios de la santa Religión, cuando participaban
de las prácticas cristianas y de cada uno de los
Sacramentos y auxilios espirituales; pero, después,
el obispo reconocía como una realidad el alejamiento
de los mayas sublevados de la vida cristiana, diciendo:
«Pasaron ya aquellos días alegres de paz,
de reposo, de calma y de ventura; desaparecieron aquellas
prácticas cristianas, aquellas costumbres religiosas,
aquellos sentimientos piadosos, aquella vida, en fin,
rodeada de dulzuras y de consuelo» 423;
por último, el obispo Rodríguez de la Gala
los exhortaba a dirigirle sus peticiones, seguros de que
serían «bien acogidas y despachadas» 424.
Al
parecer, el obispo Rodríguez de la Gala no formó
alguna comisión eclesiástica para dialogar
con los mayas rebeldes, quizá por las experiencias
anteriores no muy agradables y por la situación
que existía con el Gobierno de Yucatán,
que no era propicia para ello y, entonces prefirió
que nacieran de los sublevados las estrategias a seguir,
como podemos deducir de las últimas palabras que
expresa en su Carta Pastoral: «¿Ignoráis
cómo podréis poneros en relaciones con vuestro
Obispo? Pedid al Dios de las misericordias sus soberanas
luces y mientras os las conceden como se lo pedimos en
nuestras humildes oraciones, recibid nuestra bendición
pastoral» 425.
Si la Carta Pastoral de José María Guerra
escrita en 1848 había sido contestada por Jacinto
Pat, Cecilio Chí y otros jefes mayas, la Carta
Pastoral de Leandro Rodríguez de la Gala parece
que fue recibida con indiferencia por los cruzoob y los
pacíficos, pues no se tienen noticias de alguna
respuesta o alguna iniciativa tomada por los rebeldes,
sino hasta 1884, cuando se firmó el tratado de
Belice, pero por mediación de Henry Fowler, representante
británico en Belice 426. |
| |
C.
EL OBISPO CRESCENCIO CARRILLO Y ANCONA (1884-1897) |
| |
En esta tercera parte presentaremos la vida y obra del
obispo Carrillo y Ancona, dividida en tres pequeños
apartados, donde analizaremos brevemente su obra como
presbítero, después como obispo titular
de Lero y coadjutor de Yucatán (1884-1887) y ya
como obispo de Yucatán (1887-1897); después
haremos un breve comentario de sus escritos referentes
a los mayas y a la Guerra de Castas; y, por último,
analizaremos a través de dos de sus Cartas Pastorales
la forma en que busca la atención pastoral de los
mayas rebeldes, tanto del oriente como del sur de la Península
de Yucatán, y al indígena maya en general. |
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1.
Vida y obra |
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En
1859, en la Imprenta de Rafael Pedrera de la ciudad de
Mérida se imprimió un ensayo biográfico
sobre el cura José Canuto Vela y Rojas escrito
por Crescencio Carrillo y Ancona 427;
a principios de 1860, éste, en compañía
de otros jóvenes, formó la sociedad literaria
La Concordia 428;
el 2 de junio de 1860, el obispo José María
Guerra ordenó presbítero a Carrillo y Ancona,
quien en1861 impartió la cátedra de Literatura
en el Seminario de San Ildefonso; en julio de 1864, Carrillo
y Ancona se hizo cargo de la Academia de ciencias eclesiásticas;
en febrero de 1868, los presbíteros Crescencio
Carrillo y Ancona y Norberto Domínguez abrieron
el Colegio Católico de San Ildefonso; ambos presbíteros
fueron expulsados del Estado de Yucatán y enviados
a Veracruz en febrero de 1869 por ser considerados conservadores,
pero gracias a la intervención del presidente Benito
Juárez pudieron regresar pronto a Yucatán 429. A fines de
1869, el gobernador Manuel Cicerol fundó el Museo
Yucateco con la colección privada de Carrillo y
Ancona, quien fue director de dicho Museo de 1871 a 1874 430. En 1877 el
obispo Rodríguez de la Gala lo designó secretario
de Cámara y Gobierno de la Mitra; en 1879 lo hizo
canónigo del Cabildo-Catedral y en 1883 lo nombró
provisor y vicario general 431. |
| |
2.
Carrillo y Ancona, obispo titular de Lero y coadjutor
de Yucatán (1884–1887) |
| |
León
XIII declaró a Crescencio Carrillo y Ancona obispo
titular de la Iglesia de Lero (Isla del Mar Egeo) y coadjutor
de Yucatán con derecho a futura sucesión,
en el Consistorio del 27 de marzo de 1884; fue consagrado
en la Colegiata de Guadalupe, el 6 de julio de 1884, por
Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, Arzobispo
de México 432;
al regresar a la Diócesis se encargó de
toda la administración eclesiástica por
enfermedad del obispo Rodríguez de la Gala; entonces
inició sus visitas pastorales a las parroquias
de Maxcanú, Halachó, Hecelchakán,
Tenabo y Campeche; en 1885 hizo las visitas pastorales
de Hunucmá y varias parroquias del sur de Yucatán.
El 15 de julio de 1885 restableció la Universidad
Pontificia de Yucatán 433. |
| |
3.
Carrillo y Ancona, obispo de Yucatán (1887-1897) |
| |
En
1891, Carrillo y Ancona dio a conocer en la Diócesis
de Yucatán, a través de su Décima
Carta Pastoral, la Encíclica Rerum Novarum (15
mayo 1891) aplicándola al tema de la servidumbre
en que se encontraban los indígenas de las haciendas
henequeneras y a la Guerra de Castas 434;
el 24 de marzo de 1895, a petición de Carrillo
y Ancona, fue autorizada por León XIII la erección
de la Diócesis de Campeche para favorecer, entre
otras cosas, la atención pastoral de los mayas
rebeldes de oriente y los pacíficos del sur 435.
El
obispo Crescencio Carrillo y Ancona murió el 19
de marzo de 1897 y fue sepultado en la hacienda Petkanché 436. Carrillo y
Ancona, decidido defensor de las apariciones de la Virgen
de Guadalupe, se distinguió por sus investigaciones
y estudios sobre arqueología, linguística
e historia de Yucatán 437,
y además produjo veinticuatro cartas pastorales,
treinta edictos, numerosas circulares, discursos teológicos
y oraciones fúnebres, escribió leyendas
yucatecas, un Epítome de Historia de la Filosofía,
los catecismos de Historia Sagrada, así como diversos
artículos en la prensa periódica 438.
Durante su gobierno eclesiástico Carrillo y Ancona,
debido a la escasez de sacerdotes, con motivo de las vicisitudes
por las que había atravesado el Seminario de la
Diócesis, invitó a sacerdotes y seminaristas
extranjeros para incardinarse a Yucatán 439.
«El obispo Carrillo y Ancona fue quizá el
único que logró, como premio a sus trabajos
históricos en defensa del territorio nacional,
distinciones honoríficas del Gobierno mexicano
de aquella época, bien conocido por sus ideas liberales» 440. |
| |
4.
Sus escritos sobre los mayas |
| |
Las
obras importantes de Carrillo y Ancona sobre los mayas
son dos y las escribió durante el período
del Segundo Imperio (1864-1867): Los mayas de Yucatán.
Estudio histórico sobre la raza indígena
de Yucatán (editada por J. M. Blanco en Veracruz,
1865) y la Observación crítico-histórica
o defensa del clero yucateco (editada por la Imprenta
de José Espinosa en Mérida, 1886). En la
primera obra, Carrillo y Ancona hizo una disertación
histórica y abordó el origen y características
de los indios de Yucatán, el impacto de la conquista
sobre los mayas, la Guerra de Castas y algunas consideraciones
de la situación de los indios 441.
Con la segunda obra, Carrillo y Ancona respondió
a Apolinar García y García 442,
que había escrito la Historia de la Guerra de Castas
de Yucatán, cuya primera entrega había publicado
García y García entre el 22 de noviembre
y el 1 de diciembre de 1865, para que pudiera llegar a
manos de la Emperatriz Carlota que se encontraba en Yucatán 443.
En
su escrito Apolinar García y García pretendía
proporcionar información útil para poder
conformar “un juicio exacto de la revolución
indígena”; además incluía un
discurso preliminar con un resumen de los censos de población
de los años de 1846 y 1862, como muestra de los
efectos de la Guerra de Castas y su prólogo se
basaba en una reseña de los usos y costumbres de
los indígenas, y destacaba las anomalías
en las funciones del clero en las poblaciones del Estado
de Yucatán 444,
señalaba que las causas de la sublevación
fueron la explotación del indígena y el
abuso del clero, entonces Carrillo y Ancona escribió
su obra Observación crítico-histórica
o defensa del clero yucateco, donde critica tales aseveraciones
de García y García, y tras examinar la actuación
de los indígenas y del clero, culpa a los primeros
por su “ignorancia” y falta de colaboración 445. «La
fuerte crítica y censura del presbítero
Crescencio Carrillo y Ancona acabó con la obra
del monarquista Apolinar García y García» 446, pues éste
ya no entregó a la imprenta alguna otra parte de
su obra. |
| |
5.
Pastoral con los indios mayas rebeldes |
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El
obispo Crescencio Carrillo y Ancona tuvo varias iniciativas
para colaborar al mejoramiento de la condición
social de los indígenas mayas, al presentar la
Rerum Novarum a todos los católicos de la Diócesis
de Yucatán, como la que podía ayudar a la
solución del conflicto de la Guerra de Castas,
y al solicitar la erección de la Diócesis
de Campeche para lograr atender pastoralmente a los mayas
rebeldes de Chan Santa Cruz y a los pacíficos del
sur. |
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a.
Décima Carta Pastoral (24 agosto 1891), sobre la
Encíclica Rerum Novarum |
| |
Cuando
el 27 de marzo de 1884 Carrillo y Ancona fue nombrado
obispo de Lero y coadjutor de Yucatán, la situación
de las haciendas henequeneras había prosperado
y la servidumbre de los indígenas continuaba; la
Guerra de Castas se había concentrado en la parte
oriental de la Península, después del fracasado
tratado de Belice en enero de 1884, entre el Gobierno
de Yucatán y los cruzoob; en 1885 la frontera oriente
de Yucatán se convirtió durante algunos
meses en el escenario de escaramuzas de los cruzoob, guiados
por Aniceto Dzul, que consideraban a la reina Victoria,
al igual que los colonos de Belice, como su soberana;
en 1887, Porfirio Díaz consideró oportuno
firmar un tratado con Gran Bretaña que fijara la
frontera entre Yucatán y Belice; pero como los
británicos no aceptaron la posibilidad de que las
tropas gubernamentales tuvieran la posibilidad de perseguir
a los indios rebeldes hasta territorio de Honduras Británica,
el tratado no fue firmado por Porfirio Díaz. «A
principios de los años 1890, el territorio maya
insurgente se hallaba cercado y más vulnerable
que nunca a la “paz porfiriana”» 447.
Ante
este orden de cosas, el obispo de Yucatán Crescencio
Carrillo y Ancona pareció encontrar la posible
solución al conflicto que aquejaba a la Península
de Yucatán, cuando el Papa León XIII (1878-1903)
publicó la Encíclica Rerum Novarum el 15 de mayo de 1891, y propuso dicho documento «como
fundamento de la paz social yucateca» 448,
siendo uno de los dos obispos mexicanos que publicaron
la Encíclica y el único que lo hizo a través
de una Carta Pastoral 449.
Entonces Carrillo y Ancona publicó la Rerum
Novarum en su Décima Carta Pastoral el 24 de agosto de 1891, porque la consideraba oportuna
al momento que se vivía en Yucatán y porque
también era profundamente antiliberal. Según
Carrillo y Ancona la Guerra de Castas había sido
resultado del «liberalismo impío, el cual
es no sólo anticristiano, sino también ateo» 450 y en Yucatán
la promulgación de la Rerum Novarum debía
ayudar a acelerar la comprensión del conflicto
social por el que se atravesaba; debía ser «un
nuevo instrumento de salvación en una guerra que
parecía insoluble, de ahí que recomendara
a todos sus feligreses el estudio y meditación» 451 de dicho documento.
Para
Carrillo y Ancona en Yucatán no existía
la “cuestión obrera” porque la “cuestión
social” revestía el carácter de una
“cuestión racial”. El obispo yucateco
consideraba que la pretendida superioridad de los blancos 452, junto con
el liberalismo económico, político y filosófico,
había causado el desequilibrio de la sociedad y
la irrupción de la cuestión social en la
Península de Yucatán, pues la paz social
había sido mantenida por la Iglesia y en particular
por el fraile franciscano; que el problema comenzó
cuando las Cortes de Cádiz decretaron la extinción
de los conventos franciscanos y la supresión de
las obvenciones parroquiales y cuando los liberales mexicanos
predicaron contra la Iglesia y sus ministros, se necesitaba
entonces el “elemento humano y el elemento religioso”
para reconstruir la sociedad yucateca 453.
Carrillo
y Ancona denunciaba el problema del maltrato al indígena
de parte de muchos propietarios de haciendas y reconocía
que un mejor trato al indígena campesino podría
favorecer “mejores ciudadanos y aún más
útiles servidores”, aunque no dejaba de hablar
de los indígenas como el grupo más bajo
“en la escala social”, que “cultiva
la industria henequenera” 454,
consideraba que el indígena era el principal productor
de la riqueza de la región. En fin, Carrillo y
Ancona se mostraba paternalista con los indígenas
y los consideraba como los principales productores de
la riqueza henequenera, que debían ser exculpados
de la provocación de la Guerra de Castas, prodigarles
los elementales derechos de justicia y ser considerados
iguales a los blancos 455.
En
1892 el Gobierno yucateco solicitó la intervención
del Gobierno federal en la campaña contra los mayas
rebeldes y en 1893 México y Gran Bretaña
firmaron el tratado Mariscal-Saint John, comprometiéndose
a “pacificar” a los mayas de ambos lados,
pero «el presidente [Porfirio Díaz] soñaba
más bien con apaciguar a los mayas rebeldes a fin
de abrir su territorio a la colonización» 456. |
| |
b.
Decimonovena Carta Pastoral (28 julio 1895), sobre la
fundación del Obispado de Campeche |
| |
En
1895, el obispo Carrillo y Ancona pidió al Papa
León XIII la división de la Península
y de la Diócesis de Yucatán por los siguientes
motivos: por las muchas necesidades de la extensa Diócesis
de Yucatán; por la disminución del Clero;
por la división política de la Península
y Diócesis de Yucatán en dos Estados, lo
cual no permitía que se pudiera dar al Estado de
Campeche todo el impulso que necesitaba para su desarrollo
y engrandecimiento debido a la escasez de Clero; por la
urgencia de administrar y fomentar debidamente los cantones
pacíficos de los indios del sur, Xkanhá
e Icaiché, que pertenecían al Estado de
Campeche, sin abandonar el territorio confinante de los
indios rebeldes de Chan Santa Cruz, que hacía muchos
años permanecían enseñoreados de
la parte oriental en el Estado de Yucatán. Entonces
León XIII erigió la Diócesis de Campeche
considerando lo expuesto por el obispo Carrillo y Ancona:
«expuso,
pues, que es muy extensa su Diócesis de Yucatán,
que las necesidades que deben atenderse del pueblo fiel
son muchas, principalmente las de los moradores indígenas,
que careciendo de ilustración y de fe, necesitan
urgentemente del celo de los obreros evangélicos,
sin que en tales necesidades y conversión a la
fe católica, puedan ser atendidos por el Clero
de la Diócesis de Yucatán, por ser escaso
su número» 457.
León
XIII decretó la desmembración de la Diócesis
de Yucatán y la erección del nuevo Obispado
de Campeche por medio de la Bula Praedecessorum Nostrorum del 24 de marzo de 1895, con un territorio que comprendía
76,000 km2 y que abarcaba todo el Estado de Campeche,
y el territorio dominado por los indios rebeldes de Chan
Santa Cruz que pertenecía en el orden político
a la parte oriental del Estado de Yucatán 458.
El obispo Carrillo y Ancona en su función de delegado
apostólico para favorecer mejor la atención
pastoral de los cruzoob y de los pacíficos dispuso
la creación de cinco parroquias en los territorios
conflictivos: Bacalar, Chichanhá, territorio de
indios de Chan Santa Cruz (hoy Felipe Carrillo Puerto,
Quintana Roo), territorio de indios de Xkanhá y
territorio de indios de Icaiché (hoy Josefa Ortiz
de Domínguez, Campeche) 459.
León XIII nombró primer obispo de la Diócesis
de Campeche a Francisco Plancarte y Navarrete (1856-1920) 460, que intentó
la pacificación de los cruzoob para favorecer su
atención pastoral, a la que eran reacios desde
la década de los 50’s 461,
de tal manera que en mayo de 1898, «trata de infiltrarse
en territorio rebelde partiendo de Honduras, con el fin
de comunicarse con los indios y persuadirlos de llegar
a un acuerdo con el gobierno mexicano. La hostilidad de
los insurgentes impidió al prelado penetrar en
la zona y cumplir su misión» 462;
en cambio la mayoría de los pacíficos del
sur habían continuado aceptando la presencia de
clérigos 463.
En noviembre de 1898, Plancarte y Navarrete fue trasladado
a la Diócesis de Cuernavaca; al mes siguiente,
el presidente Porfirio Díaz declaró abierta
la campaña de pacificación de los mayas
rebeldes. El 31 de agosto de 1900 fue nombrado Rómulo
Betancourt y Torres (1858-1901) 464,
como obispo de Campeche, que tomó posesión
de su Diócesis el 20 de diciembre de 1900 y murió
el 21 de octubre de 1901, en Mérida, a causa de
la fiebre amarilla que asoló la Península
aquel año. Cinco meses antes, las tropas federales
al mando del general Vega habían entrado a Chan
Santa Cruz y sus habitantes se habían dispersado 465. |
| |
D.
EL OBISPO JOSÉ GUADALUPE ALBA FRANCO OFM (1898-1899)
|
| |
A
la muerte de D. Crescencio Carrillo y Ancona fue electo
vicario capitular el canónigo Norberto Domínguez
(1832-1902). El 28 de noviembre de 1898, fue elegido obispo
de Yucatán fray José Guadalupe de Jesús
Alva Franco OFM 466 y el 26 de febrero de 1899 fue consagrado en la Profesa
de la Cd. de México por el visitador apostólico
Nicolás Averardi; Alva Franco inmediatamente nombró
al canónigo Norberto Domínguez «apoderado
suyo para tomar posesión de la Diócesis
de Yucatán y vicario general de la misma» 467, pues padecía
fiebres palúdicas que le impidieron atender personalmente
la Diócesis de Yucatán. En diciembre de
1899 fue trasladado a Zacatecas. |
| |
E.
EL OBISPO MARTÍN TRITSCHLER Y CÓRDOVA (1900-1942) |
| |
En
julio de 1900, el Papa León XIII nombró
obispo de Yucatán a Martín Tritschler y
Córdova 468,
quien fue consagrado en la Basílica de Guadalupe
el 11 de noviembre de 1900, por Próspero María
Alarcón, arzobispo de México, y el 1 de
diciembre de 1900 llegó a Mérida. Este obispo
poseía un «carácter prudente y conciliador» 469. Desde 1901,
Tritschler y Córdova se dedicó a practicar
sus visitas pastorales, comenzando Tunkás, Dzitás,
Cenotillo, Calotmul, Espita, Tizimín y Valladolid,
Tekax, Peto, Ticul y otras parroquias; en ese mismo año
contrajo la fiebre amarilla, de la que pudo salir librado
y continuó con sus visitas, principalmente del
oriente de la Diócesis de Yucatán 470. El obispo Martín
Tritschler llegó a Yucatán cinco meses antes
de la ocupación de Chan Santa Cruz por las tropas
federales y poco pudo hacer por aquellos indígenas,
pero su política respecto al estado de servidumbre
injusta e inhumana, en que los hacendados de Yucatán
tenían a los indígenas, es considerada como
«excesivamente prudente, tolerando aquel estado
social de los indígenas –pero nunca aprobándolo-
que se creía necesario para guardar el equilibrio
económico de Yucatán» 471;
nunca pretendió promover reformas radicales ni
remediar los problemas con violencia, sino que esperó
«que por una lenta evolución consciente mejorara
la situación del jornalero de campo» 472,
empleando la palabra evangélica en tono dulce y
paternal. |
| |
340
Nació en 1793 en la ciudad de Campeche. Los primeros
estudios y la filosofía los hizo en Campeche;
en 1808 ingresó al Seminario de San Ildefonso
y fue ordenado sacerdote en 1816; en el Seminariode
fue catedrático de Filosofía, de 1812
a 1818, y de Teología, de 1818 a 1826; en 1824
fue nombrado canónigo de la Catedral y en 1826
el obispo Estevez y Ugarte lo nombró vicerector
del Seminario. Cfr. CRESCENCIO CARRILLO Y ANCONA, El
Obispado, op. cit., T. II, p.989-990.
341
Meneses, al igual que Guerra, era originario de Campeche,
pero entre los dos había un punto de discrepancia:
la política; Meneses desde joven se había
afiliado al partido liberal y formó parte de
la Junta Provisional Gubernativa de 1823-1824; Guerra,
por su parte, fue partidario del partido rutinero o
centralista desde 1824, cuando fue electo por el Congreso
Local, miembro del Poder Ejecutivo de Yucatán
y en 1832 fue electo senador. Cfr. MANUEL A. LANZ, Compendio,
op. cit., pp. 192-193.
342
MARIANO CUEVAS SJ, Historia de la Iglesia en México,
T. V, Editorial “Revista Católica”,
El Paso, Texas, 1928, p. 191.
343
Francisco Pablo Vázquez había sido Enviado
Extraordinario y Ministro Plenipotenciario del Gobierno
mexicano ante la Santa Sede de 1824 a 1831, cuando fue
nombrado obispo de Puebla. Cfr. JOSÉ BRAVO UGARTE,
Diócesis y obispos de la Iglesia Mexicana (1519-1965),
Editorial Jus, México 19652 [1a. ed.: México
1941, Buena Prensa], p. 111.
344
En 1790, fue abandonado, recién nacido en Mérida,
a las puertas de la casa de José Ignacio Pardío
y María Josefa Escudero; estudió en el
Seminario de San Ildefonso y fue ordenado presbítero
en 1812; en 1834, el obispo José María
Guerra, por presión de la Condesa de Cortina,
lo nombró provisor y vicario general. Cfr. JOSÉ
ROGELIO ÁLVAREZ (Director), Enciclopedia de México,
op. cit., T. XI, p. 6205.
345
Meneses continuó su ministerio «en una
esfera de modestia y tranquilidad» en la parroquia
de San Cristóbal, en Mérida, hasta su
muerte en 1856. Cfr. MANUEL A. LANZ, Compendio, op.
cit., p. 194.
346
Cfr. CRESCENCIO CARRILLO Y ANCONA, El Obispado, op.
cit., T. II, pp. 1011-1013.
347
CRESCENCIO CARRILLO Y ANCONA, El Obispado, op. cit.,
T. II, p. 1017.
348
Ibidem.
349
RAMÓN BERZUNZA PINTO, Guerra Social, op. cit.,
p. 57.
350
En 1837, José Justo Corro (1794-1864), presidente
interino de la República, y Pedro Escudero, gobernador
de Yucatán, propusieron a Pardío para
obispo auxiliar de Yucatán sin que se enterara
de esas gestiones el obispo Guerra; el Papa Gregorio
XVI (1831-1846) concedió a Pardío el nombramiento
de obispo titular de Germanicopolis y auxiliar de Yucatán,
pero al llegar las bulas a México el presidente
Anastasio Bustamante (1837-1841) negó el pase
al documento pontificio, pues estaba informado de las
intrigas de Pardío. Después, al tomar
el poder López de Santa Anna, el Senado fue ordenado
a dar curso al nombramiento, pero como Manuel Posada
y Garduño, arzobispo de México, y Francisco
Pablo Vázquez, obispo de Puebla, se negaron a
consagrarlo, Pardío se fue a Venezuela, ayudado
por Manuel Crescencio Rejón, enemigo del obispo
Guerra y ministro plenipotenciario de México
en Sudamérica; en Venezuela fue consagrado por
el arzobispo de Caracas, el 25 de septiembre de 1842.
Murió en 1861, en la Cd. de México. Cfr.
JOSÉ ROGELIO ÁLVAREZ (Director), Enciclopedia
de México, op. cit.,T. XI p. 6205.
351
Ibidem.
352
CRESCENCIO CARRILLO Y ANCONA, El Obispado, op. cit.,
T. II, p. 1021.
353
Cfr. Ibid., 1027.
354
Cfr. CRESCENCIO CARRILLO Y ANCONA, El Obispado, op.
cit., T. II, p. 1036.
355
Ibid., p. 1040.
356
JOSÉ ROGELIO ÁLVAREZ, Enciclopedia de
México, op. cit., T. IV, p. 2045.
357
Cfr. CRESCENCIO CARRILLO Y ANCONA, El Obispado, op.
cit., T. II, p. 1043.
358
Ibid., 1045.
359
Ibid., 1047.
360
En la versión maya: mazeualóob ah cahualóob
ti tulacal ú petel lay cáhoba; hebac paybentzil
ti leóob cú manzcóob númya
tu Lákin y tu Nohol lay lúum c yanila.
MICHEL ANTOCHIW, Los impresos en Lengua Maya dirigidos
a los sublevados en la Guerra de Castas, en Saastun,
op. cit., 0 (1997) 1, pp. 92.
361
Ibid., p. 91.
362
Ibid., pp. 91-92.
363
Ibid., p. 92.
364
Ibidem.
365
Cfr. ANTONIO CANTO LÓPEZ, La Guerra, op. cit.,
p. 180.
366
LEOPOLDO PENICHE VALLADO, Promotores e historiadores
de la rebelión maya de 1847 en Yucatán.
(Constancia crítica), Maldonado Editores/Gobierno
del Estado de Yucatán/Secretaría de Educación,
Mérida de Yucatán 1997, Serie Conmemorativa
Guerra de Castas de Yucatán, 150 años
No. 5, p. 79.
367
Cfr. ANTONIO CANTO LÓPEZ, La Guerra, op. cit.,
pp. 186-187.
368
Los jefes mayas de la región de Sotuta eran Francisco
Caamal, Anselmo Hau, Gregorio Chí, Tomas Poot,
Apolinario Zol y José Victorín.
369
ANTONIO CANTO LÓPEZ, La Guerra, op. cit., p.
187.
370
Ibid., p. 188.
371
LEOPOLDO PENICHE VALLADO, Promotores e historiadores,
op. cit., p. 79.
372
ANTONIO CANTO LÓPEZ, La Guerra, op. cit., p.
190.
373
Ibidem.
374
Ibidem.
375
Nació en Tekax, Yucatán el 19 de enero
de 1802. Prefirió estudiar en el Seminario de
San Ildefonso que ser comerciante como deseaban sus
padres; fue ordenado presbítero en 1825; destacó
en la oratoria sagrada tanto en español como
en lengua maya; de 1829 a 1848 ocupó varios cargos
civiles y eclesiásticos: consejero de gobierno
y diputado a la Legislatura Local; promotor fiscal de
la curia eclesiástica y cura de varias parroquias;
en 1845 el cura Vela era propietario de las haciendas
Pua, Luch y San Juan Buenavista, en la jurisdicción
de Cacalchén. En 1848 tradujo la Carta Pastoral
del obispo José María Guerra dirigida
a los mayas sublevados.Murió el 11 de agosto
de 1859, cuando era cura de Izamal. Cfr. JUAN LÓPEZ
DE ESCALERA, Diccionario Biográfico y de Historia
de México.op. cit., p. 1134; cfr. también
JOSÉ ROGELIO ÁLVAREZ (Director), Enciclopedia
de México, op. cit., T. XIV, p. 7981; cfr. además
PEDRO BRACAMONTE Y SOSA. Amos y haciendas. Las haciendas
de Yucatán, 1789-1860, Ed. Universidad Autónoma
de Yucatán, Mérida de Yucatán 1993,
pp. 185, 192 y 197.
376
«Fue investido de carácter eclesiástico
y político, para que conferenciara con los indios
y tratara por este medio de reducirlos a la obediencia».
JUAN LÓPEZ ESCALERA, Diccionario Biográfico
y de Historia de México, op.cit., p. 1134.
377
ANTONIO CANTO LÓPEZ, La Guerra, op. cit., p.
191.
378
FIDELIO QUINTAL MARTÍN, Correspondencia de la
Guerra de Castas: epistolario documental, 1843-1866,
tr. Academia de la Lengua Maya, Ed. Universidad Autónoma
de Yucatán, Mérida de Yucatán 1992,
Serie “Mérida, la de Yucatán y el
Quinto Centenario”, p. 21.
379
Ibid., p. 30.
380
Ibid., p. 41.
381
Ibid. p. 78.
382
FIDELIO QUINTAL MARTÍN, Correspondencia de la
Guerra de Castas, op. cit., p. 80.
383
LETICIA REINA, Las rebeliones, op. cit., p. 375.
384
VICTORIA REIFLER BRICKER, El Cristo indígena,
el rey nativo. El sustrato histórico de la mitología
del ritual de los mayas, [título en inglés:
The Indian Christ, the Indian King. The Historical Substrate
of Maya myth and ritual, University of Texas Press,
Austin 1981], Ed. Fondo de Cultura Económica,
1993 [1a. reimp.] [1a. ed. en español: 1989],
p. 202.
385
A fines de 1847, Méndez, ante el avance de los
indígenas sublevados, había establecido
la sede del gobierno en Maxcanú. Cfr. NELSON
REED, La Guerra, op. cit., p. 82.
386
Se intentaron «negociaciones de paz valiéndose
de jerarcas eclesiásticos, que por su investidura
sacerdotal inspiraban respeto a los indígenas».
LEOPOLDO PENICHE VALLADO, Promotores e historiadores,
op. cit., p. 108; cfr. NELSON REED, La Guerra, op. cit.,
p. 84.
387
En la visita que hizo el cura José Canuto Vela
a Tzucacab el 7 de marzo de 1848, respondiendo a la
invitación del jefe maya Ignacio Tzuc fue acompañado
por los sacerdotes Manuel Ancona y Bruno Romero. Cfr.
FIDELIO QUINTAL MARTÍN, Correspondencia de la
Guerra de Castas, op. cit., p. 21.
388
El cura Manuel Antonio Sierra era hermano de Justo Sierra
O’Reilly. Cfr. NELSON REED, La Guerra, op. cit.,
pp. 34, 80 y 111.
389
Guerra de Castas en Yucatán su origen, sus consecuencias
y su estado actual 1866, op. cit., p. 82.
390
Cfr. Carta enviada por Juan Pío Poot y José
María Canul a las tropas de los mayas rebeldes
de Tixcacalcupul el 15 de noviembre de 1849. FIDELIO
QUINTAL MARÍN, Correspondencia de la Guerra de
Castas, op. cit., pp. 52-53.
391
Cfr. Guerra de Casta en Yucatán su origen, sus
consecuencias y su estado actual 1866, op. cit., p.
83.
392
NELSON REED, La Guerra, op. cit., p. 128.
393
FIDELIO QUINTAL MARTÍN, Correspondencia de la
Guerra de Castas, op. cit., p. 66.
394
Entre esos jefes mayas no estaban Florentino Chan y
Venancio Pec que se negaron a cooperar con la misión
de paz. Cfr. VICTORIA REIFLER BRICKER, El Cristo indígena,
op. cit., p. 201.
395
Ver IV. A. 4.
396
Cfr. LETICIA REINA, Las rebeliones, op. cit., pp. 375-376
nota 47.
397
Mantuvo los contingentes en los cantones que eran necesarios
para rechazar los ataques mayas, disminuyendo así
el número de elementos de las fuerzas gubernamentales.
398
LEOPOLDO PENICHE VALLADO, Promotores e historiadores,
op. cit., p. 125.
399
En Peto había establecido el general Rómulo
Díaz de la Vega su cuartel general.
400
MARIE LAPOINTE, Los mayas rebeldes, op. cit., p. 106.
Ver el apartado III. C. 2.
401
LEOPOLDO PENICHE VALLADO, Promotores e historiadores,
op. cit., 127.
402
El 22 de septiembre de 1851, Andrés Arana y otros
jefes mayas de la región de los Chenes escribieron
desde Nohayín una carta al padre Manuel Antonio
Sierra, que se encontraba en Bolonchenticul (hoy Bolonchén
de Rejón), quejándose de que las tropas
del Gobierno seguían ocasionando actos de violencia
a pesar de los acuerdos de paz. Cfr. FIDELIO QUINTAL
MARTÍN, Correspondencia de la Guerra de Castas,
op. cit., pp. 108-110.
403
Las tropas de los cantones reducidas a la miseria, organizaban
grupos de guerrillas que hacían expediciones
a los ranchos y milpas de los indígenas, con
el fin de quitarles sus ya escasos depósitos
de maíz para poder subsistir. Cfr. Guerra de
Castas en Yucatán su origen, sus consecuencias
y su estado actual 1866, op. cit., p. 83; también
cfr. LEOPOLDO PENICHE VALLADO, Promotores e historiadores,
op. cit., p. 128-129.
404
El cura Vela envió copia de esta carta al gobernador
Barbachano y al obispo José María Guerra.
405
LEOPOLDO PENICHE VALLADO, Promotores e historiadores,
op. cit., p. 128.
406
LETICIA REINA, Las rebeliones, op. cit., p. 371.
407
José Canuto Vela, Luis Antonio García,
Nicolás Baeza, fray José Gregorio Galaz,
fray Florencio Cerón, José D. Burgos y
Eleuterio Lizarraga. Cfr. LEOPOLDO PENICHE VALLADO,
Promotores e historiadores, op, cit., p. 109.
408
Ibidem.
409
Ibidem.
410
Cfr. Ibidem.
411
LEOPOLDO PENICHE VALLADO, Promotores e historiadores,
op. cit., p. 127.
412
Nació en Mérida, Yucatán, en 1814.
Su infancia la vivió en Bacalar; sus estudios
primarios los hizo en Mérida, donde ingresó
después al Seminario de San Ildefonso; fue ordenado
presbítero por el obispo José María
Guerra en 1837; fue catedrático de latín
(1838 a 1842) y de filosofía (1842 a 1845) en
el Seminario de San Ildefonso, y desde 1846 fue el vicerector
de dicha institución; en 1850 el obispo Guerra
lo nombró canónigo del Cabildo-Catedral;
en 1855 hizo el doctorado de Teología en la Pontificia
Universidad; en 1860 fue designado cura interino de
la parroquia meridana de Santiago. Cfr. CRESCENCIO CARRILLO
Y ANCONA, El Obispado, op. cit., T. II, pp. 1063-1066;
cfr. también JUAN LÓPEZ DE ESCALERA, Diccionario
Biográfico y de Historia de México, op.
cit., p. 950.
413
Cfr. CRESCENCIO CARRILLO Y ANCONA, El Obispado, op.
cit., T. II, p. 1077.
414
Cfr. Ibid., pp. 1069-1070.
415
Cfr. Ibid.,, pp. 1073-1074.
416
Ibid., p. 1075.
417
CRESCENCIO CARRILLO Y ANCONA, El Obispado, op. cit.,
T. II, p. 1082.
418
Los cruzoob pudieron crecer gracias al respaldo de los
ingleses de Belice, que con el propósito de extender
su colonia al norte y, jugando un papel de mediadores,
sugerían a los cruzoob la posibilidad de crear
un territorio indio autónomo, garantizado por
la Gran Bretaña.
419
Versión maya: Ti c mehenoob c hach yamaob ti
nachicahtaliloob ti ú Chikin y ú Nohol
ti ú luumcabil Yucatan laa, toholal, hedzebolal
y c cicithan ti Cristo Ahlohil. MICHEL ANTOCHIW, Los
impresos en Lengua Maya dirigidos a los sublevados en
la Guerra de Castas, en Saastun, op. cit., 0 (1997)
1, p. 106.
420
La traducción completa de la portada, porque
originalmente aparece en maya, es: Carta del Ilmo. Sr.
Obispo Dr. D. Leandro R. de la Gala a sus muy amados
hijos, que moran apartados o segregados en los cantones
del Sur y Oriente de esta tierra de Yucatán.
Mérida. En la Imprenta de José D. Espinosa.
En el año de Cristo Redentor, 1870.
421
Hacia 1864 los mayas pacíficos de Ixkanhá,
aliados con los de Icaiché, que se consideraban
independientes de los blancos «continuaban siendo
católicos y acogían con respeto a los
eclesiásticos que, periódicamente, les
llevaban ayuda espiritual. Esos mayas mantenían
relaciones comerciales con Campeche y con ciertos pueblos
de su región». MARIE LAPOINTE, Los mayas
rebeldes, op. cit., p. 128.
422
MICHEL ANTOCHIW, Los impresos en Lengua Maya, op. cit.
0 (1997) 1, p. 104.
423
MICHEL ANTOCHIW, Los impresos en Lengua Maya, op. cit.,
0 (1997) 1, p. 105.
424
Ibid., p. 106.
425
Ibid.
426
Si los ingleses con este tratado se comprometían
a no seguir dando armas a los cruzoob, a cambio de esta
cooperación ellos esperaban, como así
sucedió después, que el general Teodosio
Canto, vicegobernador de Yucatán, despachara
instrucciones a los jefes de los pacíficos de
Icaiché y Xkanhá para que vieran a los
británicos como buenos amigos y acabar así
cualquier acto futuro de ataque contra Honduras Británica.Cfr.
PAUL SULLIVAN, La búsqueda de la paz entre Yucatán
y los rebeldes mayas 1876-1886, en Saastun, op. cit.,
0 (1997) 3, pp. 17 y 38 nota 35.
427
Nació el 19 de abril de 1837 en Izamal, Yucatán;
en mayo de 1848 los mayas sublevados se acercaron a
Izamal, ésta fue evacuada y la familia Carrillo
y Ancona se trasladó a Mérida, estableciéndose
en el barrio de Santiago; en 1852 ingresó al
Seminario Conciliar de San Ildefonso para estudiar la
Filosofía y la Teología, que concluyó
en 1858.
428
Eran miembros de La Concordia: Crescencio Carrillo,
Apolinar García y García, José
Patricio Nicoli, Olegario Molina, Yanuario Manzanilla,
Tomás Martínez, José Demetrio Molina,
Carmelo Llavén, Joaquín Pren y José
Dolores Rivero Figueroa. La Concordia en 1860-1861 el
periódico literario e histórico La Guirnalda.,
cuyo mentor era Justo Sierra O’Reilly. Cfr FRANCISCO
CANTÓN ROSADO, Historia de la Iglesia en Yucatán
desde 1887 hasta nuestros días, Prólogo
de Carlos R. Menéndez, Compañía
Tipográfica Yucateca, Mérida de Yucatán
1943, pp. 4-5.
429
Cfr. HÉCTOR SUÁREZ SUÁREZ MOLINA,
Historia del Obispado, op. cit., T. III, pp. 1107-1108.
430
Cuando fue sustituido, Carrillo y Ancona no dejó
al Museo Yucateco el Chilam Balam ni otros códices
que formaban parte de su colección privada.
431
Cfr. HÉCTOR M. SUÁREZ MOLINA, Historia
del Obispado, op. cit., T. III, pp. 1109-1111.
432
Cfr. FRANCISCO CANTÓN ROSADO, Historia de la
Iglesia, op. cit., pp. 11-12.
433
Fundada en 1824 por el obispo Estevez y Ugarte había
sido extinguida junto con el Seminario Conciliar de
San Ildefonso en 1861.
434
Ver el apartado IV. C. 5. a.
435
Ver el apartado IV. C. 5. b.
436
En 1900 sus restos mortales fueron trasladados a la
Catedral de Mérida.
437
Cfr. HÉCTOR M. MOLINA SOLÍS, Historia
del Obispado, op. cit., T. III, p. 1134; Cfr. JUAN LÓPEZ
DE ESCALERA, Diccionario Biográfico, op. cit.,
p. 171.
438
Cfr. FRANCISCO CANTÓN ROSADO, Historia de la
Iglesia, op. cit., pp. 31-32.
439
Cfr. HÉCTOR M. SUÁREZ MOLINA, Historia
del Obispado, op. cit.. T. III, p. 1128.
440
FRANCISCO CANTÓN ROSADO, Historia de la Iglesia,
op. cit., p. 31.
441
Cfr. SERGIO QUEZADA Y OTROS, Bibliografía comentada
sobre la cuestión étnica y la Guerra de
Castas de Yucatán, 1821-1910, Ed. Universidad
Autónoma de Yucatán/Secretaría
de Educación Pública, Mérida de
Yucatán 1986, p. 61.
442
Había pertenecido a la sociedad literaria La
Concordia fundada en 1860.
443
La visita de Carlota a Yucatán se realizó
del 22 de noviembre al 19 de diciembre de 1865.
444
SERGIO QUEZADA Y OTROS, Bibliografía comentada,
op. cit., p. 63.
445
Cfr. Ibid., p. 61.
446
MELCHOR CAMPOS GARCÍA, Introducción, estudio
y notas, en Guerra de Castas en Yucatán su origen,
sus consecuencias y su estado actual 1866, op. cit.,
p. xviii.
447
MARIE LAPOINTE, Los mayas rebeldes, op. cit., p. 150.
448
MANUEL CEBALLOS RAMÍREZ, El catolicismo social:
un tercero en discordia Rerum Novarum, la “cuestión
social” y la movilización de los católicos
mexicanos (1891-1911), Ed. Colegio de México,
México 1991, p. 68.
449
El arzobispo de Guadalajara también la publicó,
otros obispos no, quizá por la estructura propia
de la sociedad porfiriana en expansión y las
contradicciones que esto suponía: el país
atravesaba una crisis económica y política
que se complicó por la pérdida de las
cosechas, por el descenso del valor de la plata en los
mercados mundiales, por los problemas de la tercera
reelección de Díaz y por rebeliones en
algunas partes de México; pudieron haber considerado
la difusión de la Rerum Novarum como una forma
de atizar más el fuego o quizá para no
disgustar al régimen porfirista y para no alterar
las relaciones con los liberales. Cfr. MANUEL CEBALLOS
RAMÍREZ. El catolicismo social, op. cit., pp.
63 y 67.
450
Ibid., p. 68.
451
Ibidem.
452
«La pretensión de los blancos de ser descendientes
de los españoles, y por lo tanto guardar la pureza
de la sangre y la superioridad, era una garrafal mentira».
Ibid., p. 69.
453
Cfr. Ibidem.
454
Cfr. Ibid., p. 70.
455
Cfr. MANUEL CEBALLOS RAMÍREZ, El catolicismo
social, op. cit., pp. 70-71.
456
MARIE LAPOINTE, Los mayas rebeldes, op. cit., p. 145.
457
En la Bula Predecessorum Nostrorum dice: «Exposuit
enim, dioecesis Jucatanae fines late protendi, ac plures
esse necessitates fidelis populi, quibus oporteat providere;
et in primis finitimas tribus hominum in sylvis degentium,
et civilis cultus expertium, evangelicorum operiariorum
zelo maxime indigere, cui rei clerus, numero exiguus,
Jucatanae dioecesis, par esse minime potest».
LEONIS XIII. Pontificis Maximi. Acta. Vol. XV, Ex Typographia
Vaticana, Romae 1896, p. 97.
458
«Ahora bien, esta nueva Diócesis, constituida
así, constará de sus mismos términos
y límites, a saber: Tocante al territorio de
Campeche, será comprensión de la Diócesis
el término y extensión del mismo Estado
Civil de Campeche, que se extiende en una considerable
parte del Suroeste de la Península de Yucatán
y que posee, poco más o menos, cien mil habitantes;
y del territorio del Estado Civil de Yucatán,
toda la parte oriental llamada de Chan Santa Cruz, hasta
la otra parte llamada Icaiché, siendo ésta
última parte del Estado de Campeche, y confinante
con el Vicariato Apostólico de Belize-Honduras.
De donde resulta que la nueva Diócesis de Campeche,
a la cual se añade la Iglesia parroquial de Palizada,
constará, poco más o menos, de cuatro
mil leguas cuadradas de superficie». CRESCENCIO
CARRILLO Y ANCONA, Decimanona Carta Pastoral sobre la
fundación del Obispado de Campeche, en Cartas
Pastorales, Primera Serie, Mérida, Imprenta de
“La Revista de Mérida” 1895, p. 456.
459
Cfr. Ibid., p. 461.
460
Nació en Zamora, Michoacán, en 1856. Estudió
la Teología en Roma donde fue ordenado presbítero
en 1880; luego hizo el doctorado en Filosofía
yTeología en la Universidad Gregoriana y Derecho
Canónico en el Colegio de Protonotarios Apostólicos;
fue rector del seminario diocesano de Zamora y párroco
de Tacubaya, en la arquidiócesis de México;
de 1890 a 1892, asistió en Madrid a la Junta
Colombina del IV Centenario del Descubrimiento de América;
después el arzobispo de México Próspero
Alarcón le encomendó solicitar a León
XIII un “oficio” nuevo y más explícito
en la liturgia de la Virgen de Guadalupe y la erección
de las Diócesis de Campeche y Cuernavaca. El
26 de septiembre de 1895 fue nombrado obispo de Campeche,
siendo consagrado en Roma, el 9 de febrero de 1896.
El 28 de noviembre de 1898, fue trasladado a Cuernavaca;
en 1912 fue trasladado al arzobispado de Linares, con
residencia en Monterrey. Se ausentó de su arzobispado
de 1916 a 1918, debido a la Revolución Constitucionalista;
radicó en el Paso, Texas. Regresó en 1919;
murió en Monterrey en 1920. Cfr. JOSÉ
ROGELIO ÁLVAREZ (Director), Enciclopedia de México,
op.cit., T. XI, pp. 6495-6496; cfr. también JOSÉ
BRAVO UGARTE, Diócesis y Obispos, op. cit., p.
37; cfr. además LEONIS XIII, Ex Actis Consistorialibus
Allocutio die 29 Novembris 1985, en Acta Sanctae Sedis,
in compendium opportune redacta et illustrata studio
et cura Victorii Piazzasi. Vol. XXVIII, Ex Typographia
Polyglota S. Cong. de Propaganda Fide, Romae 1895-1896,
p. 332; cfr. LEONIS XIII. Bula Salvator Noster Jesus
Christus, Roma 26 septiembre 1895.
461
En 1893 Crescencio Puc, lugarteniente de Román
Pec, había invitado a un obispo católico
a Chan Santa Cruz, pero «Román Pec [el
general y jefe de los cruzoob de 1890 a 1896] hizo volver
al obispo a Bacalar y ejecutó a Puc. Dos de sus
funcionarios fueron muertos por sospechas de que trataran
de paz con las autoridades mexicanas de Belice».
NELSON REED, La Guerra, op. cit., p. 223.
462
MARIE LAPOINTE, Los mayas rebeldes, op. cit., p. 156.
463
Cfr. Ibid., p. 128.
464
Nació en Irapuato, Guanajuato en 1858 y fue consagrado
obispo en la Catedral de Morelia, Michoacán,
el 30 de noviembre de 1900, por el arzobispo Atenógenes
Silva y Álvarez. Cfr. JOSÉ BRAVO UGARTE,
Diócesis y Obispos, op. cit., p. 37; cfr. HÉCTOR
M. SUÁREZ MOLINA, Historia del Obispado, op.
cit., T. III, p. 1182; también cfr. LEONIS XIII,
Bula Apostolatus officium, Roma 31 agosto 1900.
465
En 1943 se logró establecer en Carrillo Puerto,
la antigua Chan Santa Cruz, una misión católica
a cargo de los los sacedotes Misioneros de Maryknoll
John R. Mc Guire y Robert E. Lee, quienes aprendieron
la lengua maya y lograron la aceptación de los
indígenas mayas de la región; en 1848,
el Gobierno Federal les entregó la iglesia Balam
Nah, que fue restaurada y bendecida en diciembre de
ese mismo año; posteriormente, los Misioneros
de Maryknoll extendieron su labor misional a otras regiones
del territorio de Quintana Roo. Cfr. HÉCTOR M.
SUÁREZ MOLINA, Historia del Obispado, op. cit.,
T. III, pp. 1329-11330; también cfr. NELSON REED,
La Guerra, op. cit., p. 250.
466
Nació en Unión de San Antonio, Jalisco,
en 1841; en 1864 fue ordenado presbítero por
el obispo Ignacio Mateo Guerra; de 1867 a 1891 estuvo
en diferentes curatos, en el de Jerez, Zacatecas, estuvo
12 años. De 1891 a 1899 fue guardián del
Convento de la Villa de Guadalupe, Zacatecas, y de 1893
a 1899 fue el Comisario General de los Colegios de Propaganda
Fide. Fue trasladado a la Diócesis de Zacatecas
el 14 de diciembre de 1899 y tomó posesión
de su nuevo Obispado el 8 de marzo de 1900. Murió
el 11 de julio de 1910, después de haber gobernado
la Diócesis de Zacatecas con gran celo pastoral,
a pesar de sus enfermedades. FRANCISCO CANTÓN
ROSADO, Historia de la Iglesia, op. cit., pp. 49-52.
467
FRANCISCO CANTÓN ROSADO, Historia de la Iglesia,
op. cit., p. 51.
468
Nació en San Andrés Chalchicomula (hoy
Ciudad Serdán), Puebla, en 1868; estudió
en el Seminario de Puebla; hizo la Teología en
Roma, donde después realizó los doctorados
en Filosofía (1887), Teología (1891) y
Derecho Canónico (1893). Fue ordenado sacerdote
en 1891 por el Card. Lucido María Parocchi en
San Juan de Letrán.; en 1893 fue director espiritual
del Seminario de Puebla y secretario de Perfecto Amézquita
y Gutiérrez, obispo de Puebla; en julio de 1900,
León XIII lo nombró obispo de Yucatán
y fue consagrado en la Basílica de Guadalupe
el 11 de noviembre de 1900; en noviembre de 1911 la
Diócesis de Yucatán fue elevada al Arzobispado,
pasando a ser sus sufragáneas Campeche y Tabasco
y Martín Tritschler y Córdova fue nombrado
su primer arzobispo el 6 de marzo de 1907. Entre 1915
y 1929, Tritschler padeció dos períodos
de exilio, falleciendo en 1942.Cfr. HÉCTOR M.
SUÁREZ MOLINA, Historia del Obispado, op.cit.,
T. III, pp. 1178-1180, 1215 y 1299.
469
Cfr. FRANCISCO CANTÓN ROSADO, Historia de la
Iglesia, op. cit., pp. 59.
470
Cfr. Ibid., pp. 61-61.
471
HÉCTOR M. SUÁREZ MOLINA, Historia del
Obispado, op. cit., T. III, p.1196.
472
Ibidem.
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