Calkiní, 17 de junio de 2005
 
¿Cómo es un buen padre?
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¡Cuán grande riqueza es, aun entre los pobres, el ser hijo de buen padre! Juan Luis Vives

¿Te has preguntado qué significa ser un buen padre? Significa ser la primera piedra, a la cual se adhieren las que le siguen. El amor del padre es de importancia suma: da seguridad, confianza en el porvenir, establece los límites de la conducta infantil, y cierra el círculo del amor que debe rodear al niño. El padre proporciona un elemento único y esencial en el desarrollo del hijo y su influencia es poderosa en la salud emocional.

 

La madre le dice: "con cuidado", y el padre le dice "uno más", al estimular al pequeño a subir otro peldaño para que llegue a la cima. Juntos, tomados de la mano, padre y madre guían al retoño en el camino de la vida.

El buen padre se abre a las necesidades más sutiles del hijo: las emocionales y las psíquicas. Trasciende la preocupación de sí mismo y sus ocupaciones, y logra ver al hijo en sus propios términos. Propicia el ambiente que le permita el desarrollo de su potencial en un marco de libertad responsable, no de dominación. No se detiene en la periferia, sino que conoce al hijo de cerca. Lo guía sin agresividad, con firmeza motivada y razonada, por el camino de los valores que desea heredarle. El buen padre se ha dado permiso para ver con ojos de amor a su hijo. Advierte en él, más allá de las limitaciones presentes, el cúmulo de posibilidades que está por realizar. Y a su lado goza cada peldaño de su desarrollo.

Ser padre es un derecho y un privilegio. El hombre adulto es capaz de ser un padre responsable, tierno y amoroso. En lo profundo de su ser, él anhela que sus hijos sean los mejores del mundo y que él, como padre, sea uno de los mejores. Pero, a veces no es así. Lamentablemente es común que la paternidad se abandone o se haga "a medias". Muchos padres delegan el deber de guiar y orientar a sus hijos a la mujer o a otras personas. De esta forma anulan la capacidad especial que tienen, y más aún, no cumplen con la responsabilidad de aprender, en unión con los hijos, el arte de ser padre.

¿Qué pasa? ¿Acaso es tan difícil ser padre? Se suele escuchar que ser padre es sentir una mezcla de alegría, preocupación, miedo, dolor, resentimiento y satisfacción. Es posible que muchos padres vivan acomplejados por el miedo al fracaso, o se sientan atormentados por un sentimiento de culpa al no haber ejercido bien la paternidad.

Ser padre no es fácil; no es un mero papel o tarea, ni tampoco una simple responsabilidad cotidiana; es una relación dinámica padre-madre-hijo. Este triángulo trasciende perdura más allá de las separaciones, el divorcio y aun la muerte. La familia entera se desarrolla dentro de ese triángulo; establece vínculos, aprende y copia.

No basta con tener hijos, criarlos, vestirlos y educarlos. Hay que amarlos e integrarlos en una relación completa, creativa y, sin barreras. Con toda sinceridad debemos identificar nuestros defectos; pero más importante aún es procurar mejorar nuestra forma de actuar con nuestros hijos.

Si quieres ser buen padre aprende a ser niño:

Es importante pensar que dentro de cada padre, se esconde siempre el haber sido un niño. A veces sale a la luz este “niño escondido”. Otras veces ese niño permanece oculto, invisible, pero no por eso deja de estar allí.

¿Cómo debería ser un papá que se convierte en niño? Pues está claro: debería ser capaz de dejar el traje que lo aprisiona, los asuntos importantes que lo tienen siempre ocupado, las prisas por cumplir toda una serie de requisitos. Dejar de lado tantas cosas para sentarse en el suelo y jugar, con un coche en miniaturas, a carreras con su hijo, o a doctor de las muñecas de la hija, o a veterinario de las tortugas del más pequeño.

Para muchos la idea de haber llegado a adulto es sinónimo de estabilidad, de algo de aburrimiento, de monotonía. No hay tiempo para convertirse en un niño, y a veces no tiene ni tiempo para estar con los hijos. Hay niños que sólo ven a sus padres en la noche, antes de acostarse, y, por las prisas y los cansancios de la jornada, apenas si hay tiempo para un saludo y un “hasta mañana”. El fin de semana, quizá, los padres están algo de tiempo en casa, pero es el momento en que los hijos salen con los amigos, o simplemente quedan pegados al aparato de la televisión o a un juego electrónico para no molestar a los papás.

Sin embargo, qué agradable es la familia en la que tanto papá como mamá dedican lo mejor de su tiempo a sus hijos. Hoy es papá quien lee un cuento. Mañana es mamá quien juega con la hija pequeña, y las dos peinan juntas a la muñeca favorita. Pasado mañana son los dos, papá y mamá, que acompañan a los hijos a jugar pelota en un entretenido día de campo. Y cada día, al caer la noche, pequeños y grandes se reúnen a rezar juntos, como si todos fuesen igualmente niños e igualmente grandes, oraciones sencillas y cariñosas como el “Ángel de la guarda mi dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día”.

Los padres son grandes cuando se hacen como niños, es entonces cuando también los niños aprenden que es posible ser grandes dando todo el cariño y las energías a los demás. ¿No es esta la mejor educación que podemos ofrecer a nuestros hijos?

Ayude a sus hijos a sentirse amados y seguros:

1. Asegúrese que sus hijos sepan que usted los ama, aun cuando ellos hagan algo erróneo.
2. Anime a sus hijos. Elogie sus logros y talentos. Reconozca las habilidades que están desarrollando.
3. Pase tiempo con sus hijos. Haga juntos cosas que ambos disfruten. Escuche a sus hijos.
4. Aprenda como usar opciones que no sean físicas para la disciplina. Existen muchas alternativas. Dependiendo de la edad de su hijo y la etapa de su desarrollo.

Consejos para comunicarte con tu hijo:

1. Inicia la plática durante la niñez para tomar la delantera adaptando las explicaciones a su nivel de madurez y edad.

2. Habla personalmente con tu hijo. Cada uno es diferente.

3. Enséñalos a pensar. No sirve decir lo que es bueno o malo si no saben el porqué.

4. Enséñales cómo tomar decisiones que les beneficien tomando en cuenta factores de riesgo, factores protectores y potencialidades.

5. Dales consejos directos y veraces explicando las consecuencias.

6. Platica de temas como el amor y el autorespeto.

7. Habla de los gustos personales de tus hijos. Anímalos a participar en actividades deportivas, artísticas y de voluntariado.

8. Observa sus amistades, sus relaciones amorosas y establezcan acuerdos y límites en horarios y salidas.

9. Hablar de sexualidad con tu hijo no es darle permiso para tener relaciones. Es darle herramientas para que tome buenas decisiones.

10. Antes de hablar, escucha y ponte en su lugar.

11. Pasa el mayor tiempo posible con tus hijos.

12. Actúa coherentemente con lo que le recomiendas. Las palabras mueven pero el ejemplo conquista.

13. Sobre todo demuéstrales constantemente el amor que les tienes.

 

Fuente: Texto enviado por su autor / Foto (modificada): Santiago Canto Sosa