La
madre le dice: "con cuidado", y el padre le dice "uno
más", al estimular al pequeño a subir otro
peldaño para que llegue a la cima. Juntos, tomados de
la mano, padre y madre guían al retoño en el camino
de la vida.
El
buen padre se abre a las necesidades más sutiles del
hijo: las emocionales y las psíquicas. Trasciende la
preocupación de sí mismo y sus ocupaciones, y
logra ver al hijo en sus propios términos. Propicia el
ambiente que le permita el desarrollo de su potencial en un
marco de libertad responsable, no de dominación. No se
detiene en la periferia, sino que conoce al hijo de cerca. Lo
guía sin agresividad, con firmeza motivada y razonada,
por el camino de los valores que desea heredarle. El buen padre
se ha dado permiso para ver con ojos de amor a su hijo. Advierte
en él, más allá de las limitaciones presentes,
el cúmulo de posibilidades que está por realizar.
Y a su lado goza cada peldaño de su desarrollo.
Ser
padre es un derecho y un privilegio. El hombre adulto es capaz
de ser un padre responsable, tierno y amoroso. En lo profundo
de su ser, él anhela que sus hijos sean los mejores del
mundo y que él, como padre, sea uno de los mejores. Pero,
a veces no es así. Lamentablemente es común que
la paternidad se abandone o se haga "a medias". Muchos
padres delegan el deber de guiar y orientar a sus hijos a la
mujer o a otras personas. De esta forma anulan la capacidad
especial que tienen, y más aún, no cumplen con
la responsabilidad de aprender, en unión con los hijos,
el arte de ser padre.
¿Qué
pasa? ¿Acaso es tan difícil ser padre? Se suele
escuchar que ser padre es sentir una mezcla de alegría,
preocupación, miedo, dolor, resentimiento y satisfacción.
Es posible que muchos padres vivan acomplejados por el miedo
al fracaso, o se sientan atormentados por un sentimiento de
culpa al no haber ejercido bien la paternidad.
Ser
padre no es fácil; no es un mero papel o tarea, ni tampoco
una simple responsabilidad cotidiana; es una relación
dinámica padre-madre-hijo. Este triángulo trasciende
perdura más allá de las separaciones, el divorcio
y aun la muerte. La familia entera se desarrolla dentro de ese
triángulo; establece vínculos, aprende y copia.
No
basta con tener hijos, criarlos, vestirlos y educarlos. Hay
que amarlos e integrarlos en una relación completa, creativa
y, sin barreras. Con toda sinceridad debemos identificar nuestros
defectos; pero más importante aún es procurar
mejorar nuestra forma de actuar con nuestros hijos.
Si
quieres ser buen padre aprende a ser niño:
Es
importante pensar que dentro de cada padre, se esconde siempre
el haber sido un niño. A veces sale a la luz este “niño
escondido”. Otras veces ese niño permanece oculto,
invisible, pero no por eso deja de estar allí.
¿Cómo
debería ser un papá que se convierte en niño?
Pues está claro: debería ser capaz de dejar el
traje que lo aprisiona, los asuntos importantes que lo tienen
siempre ocupado, las prisas por cumplir toda una serie de requisitos.
Dejar de lado tantas cosas para sentarse en el suelo y jugar,
con un coche en miniaturas, a carreras con su hijo, o a doctor
de las muñecas de la hija, o a veterinario de las tortugas
del más pequeño.
Para
muchos la idea de haber llegado a adulto es sinónimo
de estabilidad, de algo de aburrimiento, de monotonía.
No hay tiempo para convertirse en un niño, y a veces
no tiene ni tiempo para estar con los hijos. Hay niños
que sólo ven a sus padres en la noche, antes de acostarse,
y, por las prisas y los cansancios de la jornada, apenas si
hay tiempo para un saludo y un “hasta mañana”.
El fin de semana, quizá, los padres están algo
de tiempo en casa, pero es el momento en que los hijos salen
con los amigos, o simplemente quedan pegados al aparato de la
televisión o a un juego electrónico para no molestar
a los papás.
Sin
embargo, qué agradable es la familia en la que tanto
papá como mamá dedican lo mejor de su tiempo a
sus hijos. Hoy es papá quien lee un cuento. Mañana
es mamá quien juega con la hija pequeña, y las
dos peinan juntas a la muñeca favorita. Pasado mañana
son los dos, papá y mamá, que acompañan
a los hijos a jugar pelota en un entretenido día de campo.
Y cada día, al caer la noche, pequeños y grandes
se reúnen a rezar juntos, como si todos fuesen igualmente
niños e igualmente grandes, oraciones sencillas y cariñosas
como el “Ángel de la guarda mi dulce compañía,
no me desampares ni de noche ni de día”.
Los
padres son grandes cuando se hacen como niños, es entonces
cuando también los niños aprenden que es posible
ser grandes dando todo el cariño y las energías
a los demás. ¿No es esta la mejor educación
que podemos ofrecer a nuestros hijos?
Ayude a sus hijos a sentirse amados y seguros:
1.
Asegúrese que sus hijos sepan que usted los ama, aun
cuando ellos hagan algo erróneo.
2. Anime a sus hijos. Elogie sus logros y talentos. Reconozca
las habilidades que están desarrollando.
3. Pase tiempo con sus hijos. Haga juntos cosas que ambos disfruten.
Escuche a sus hijos.
4. Aprenda como usar opciones que no sean físicas para
la disciplina. Existen muchas alternativas. Dependiendo de la
edad de su hijo y la etapa de su desarrollo.
Consejos
para comunicarte con tu hijo:
1.
Inicia la plática durante la niñez para tomar
la delantera adaptando las explicaciones a su nivel de madurez
y edad.
2.
Habla personalmente con tu hijo. Cada uno es diferente.
3.
Enséñalos a pensar. No sirve decir lo que es bueno
o malo si no saben el porqué.
4.
Enséñales cómo tomar decisiones que les
beneficien tomando en cuenta factores de riesgo, factores protectores
y potencialidades.
5.
Dales consejos directos y veraces explicando las consecuencias.
6.
Platica de temas como el amor y el autorespeto.
7.
Habla de los gustos personales de tus hijos. Anímalos
a participar en actividades deportivas, artísticas y
de voluntariado.
8.
Observa sus amistades, sus relaciones amorosas y establezcan
acuerdos y límites en horarios y salidas.
9.
Hablar de sexualidad con tu hijo no es darle permiso para tener
relaciones. Es darle herramientas para que tome buenas decisiones.
10.
Antes de hablar, escucha y ponte en su lugar.
11.
Pasa el mayor tiempo posible con tus hijos.
12.
Actúa coherentemente con lo que le recomiendas. Las palabras
mueven pero el ejemplo conquista.
13.
Sobre todo demuéstrales constantemente el amor que les
tienes. |