Que
se cante para olvidar la pena
por
siguiriya, soleá, toná o tango,
que
los taranteros de Linares
vuelvan
a la mina con sus cantares
para
que el tajo de la vida se allane.
Vengan
cantaores de versos,
que
el verso armoniza y hermana.
Lo
salvaje se torna humano,
en
el torno del corazón,
donde
retoña el amor de los poetas.
Que
sus brazos de verbo nos abracen,
que
sus baños de besos nos enamoren,
que
sus caricias nos lleven a otros universos,
lejos
de este vivir de sí mismo,
que
rueda en sí mismo ensimismado,
cerca
de Dios, hacedor del más hondo poema
que
ningún cantaor cantó, ni juglar entonó. |