Con estos bárbaros, llegaron frailes franciscanos que apaciguaron un poco la maldad de los conquistadores; les fueron inculcando una nueva religión, destruyeron sus templos mayas para construir sobre los mismos un enorme edificio que tardó más de 150 años en terminarse. Así, nace el exconvento de Calkiní, que incluye templo, capilla y espacio para frailes. Desde esos años arribó la imagen del Cristo Moreno de la Misericordia, el cual se colocó en un nicho construido exprofeso para su resguardo y veneración, precisamente para inculcarles a los indigenas la religión católica, como todas las religiones creyendo en un dios bueno.
A esta venerada imagen, desde que se tiene memoria, se le realizan sus festejos anuales en el mes de octubre; entran y salen del templo, infinidad de gremios que en las últimas décadas han alcanzado ser una gran fiesta religiosa en esta región. Es un Cristo que ha hecho historia, se le atribuyen muchos milagros; ha sido testigo de grandes acontecimientos en la vida de este lugar, ha visto desfilar generaciones de calkinienses, mismas que le rinden veneración todo el tiempo; es una hermosa imagen de un hombre normal, tallada con un material que ha aguantado muchos años (actualmente presenta ciertos deterioros), nos muestra características de una crucifixión cruel. A pesar de los años, la imagen se conserva casi intacta.
Al paso de los años, desde que arribó a este lugar, la venerada imagen muestra características y semejanza de los pobladores. Al Cristo lo considero el más antiguo de los calkinienses y ya forma parte de nuestra identidad y cultura. Así pasarán los años y estoy seguro que su devoción y fe a él no morirá; generaciones han pasado y otras vendrán y el Cristo de la Misericordia seguirá como guardián y protector de esta ciudad que un día lo vio llegar…