En
realidad, el analfabetismo es un problema complejo, en donde
las inequidades sociales y de género, acentúan
la discriminación y exclusión de las mujeres
en los programas educativos; mismas que se agravan, por las
condiciones socioeconómicas e ideológicas imperantes
en las comunidades rurales y marginadas. La lucha contra el
analfabetismo debe ser una tarea permanente, urgente, para
hacer frente a una injusticia histórica: aprender a
leer y escribir, porque independientemente del factor de género;
atendiendo a la población de 15 y más años
de edad, en el estado de Campeche, son 443 363 personas, de
las cuales, 54 153 no tiene instrucción, 80 131 tienen
primaria completa y 96 488 no terminaron la primaria, dichos
indicadores reflejan el nivel de instrucción y el porcentaje
de la población incluida dentro del grupo de personas
alfabetizadas; estos valores, comprueban que todavía
hay jóvenes y adultos que no han podido ejercer a plenitud
el derecho a educación.
Según datos del INEGI (publicados en la pag. 101 de “Las
mujeres en Campeche”, 2005.), cita los siguiente “entre
1970 y 2000 el dato de analfabetismo entre la población
de 15 y más años de edad, se redujo 13.5 puntos
al pasar de 25.3 a 11.8%; con base al censo 2000, se registra
que en Campeche, un total de 52 323 analfabetas, de los cuales
40.2% son hombres y 59.8% son mujeres; este resultado, evidencia
las desigualdades de alfabetización por sexo, en localidades
con menos desarrollo urbano, con predominio de patrones culturales
sin equidad de género”. En el mundo, 1 de cada
7 personas es analfabeta.
Es
cierto que el problema del analfabetismo no es privativo
de Campeche y sus municipios, pero también, es cierto
que teniendo una población inferior al millón
de habitantes, los esfuerzos humanos y la disposición
de materiales didácticos, libros de texto, cuadernos
de trabajo, asesores comunitarios, aunados a una fuerte e intensa
campaña de sensibilización, podría
impactar a los altos índices de personas que no saben
leer y escribir, del tal suerte, que el IEEA (Campeche) lograría
resultados satisfactorios, en la lucha contra el analfabetismo;
pero ante todo, mejoraría la calidad de vida y las expectativas
individuales de las personas, aunado a ello, su condición
socioeconómica; porque un sujeto alfabetizado, es
dueño de su palabra y desde ella, puede ejercer su ciudadanía;
accede a la libertad del pensamiento, a la expresión
y al conocimiento. La alfabetización es el puente al
conocimiento. Ojalá pronto desaparezca del vocabulario,
la palabra analfabeto y aumente el número de personas
alfabetizadas.
En
la medida, que los gobiernos, a través de las dependencias
creadas para la coordinación de la educación, asuman
el compromiso y responsabilidad para asegurar educación
básica para todos y abatir el rezago en la población; estarán
demostrando voluntad e inteligencia, en materia de desarrollo
humano y desarrollo sustentable; sólo así, las
comunidades avanzarán, alcanzando altos niveles de participación
ciudadana, creando hombres y mujeres con las habilidades
intelectuales y comunicativas básicas, para enfrentarse
en la vida cotidiana y resolver adecuadamente, las situaciones
problemáticas de su entorno. En nuestra entidad, la
dependencia responsable de la educación de los adultos,
atendiendo a las líneas de acción de la Ley General
de Educación y al Programa Nacional de Educación,
organizó jornadas de trabajo, para incentivar
a la población sin certificado de educación primaria
o secundaria, a participar en los programas de certificación;
esto como una medida, para abatir el rezago educativo y asegurar
que la población sin instrucción básica,
concluya los estudios correspondientes.
En
este siglo XXI, la alfabetización debe ser una prioridad
en las políticas públicas, ya lo decía
anteriormente, Torres Bodet y Vasconcelos, la educación
es la llave de la sabiduría, es la vacuna contra la
ignorancia y la mejor inversión, para el progreso de
los pueblos; de ningún modo, debe verse, como una estrategia
antidemocrática; mucho menos, como arma que atenta contra
los derechos universales del hombre.
San
Francisco de Campeche, Cam., septiembre de 2007. |