Me
parece muy saludable que, en el marco de los actos conmemorativos
del Día Internacional de Lucha
contra la Violencia sobre la Mujer, se celebren iniciativas
de sensibilización contra los malos tratos. Yo siempre
digo que algo es mejor que nada. Pero la cuestión de
la violencia doméstica tiene unas raíces más
profundas, difíciles de curar de la noche a la mañana,
cuando fuerzas contrarias insisten en separar el matrimonio
del amor y el amor de la sexualidad.
Ahí está el llamado amor libre, el de usar y
dejar tirado, pegando fuerte. El sexo por el sexo se ve como
normal, nada escandaliza. La publicidad no habla del ser humano,
ni de la complementariedad sexual como signo de donación.
Todo se compra, se vende. Bajo esta atmósfera banal,
donde el hedonismo y el relativismo moral rigen, lo lógico
es que se crezca la bestia. A los hechos me remito, en los
países de nuestro entorno cultural, donde hay más
separaciones y divorcios, las estadísticas nos dicen
que es donde más casos de violencia doméstica
se producen. Cuestión que también nos debiera
hacer reflexionar.
Sin
embargo hay que unirse, en voz y obras, para que este terrorismo
contra la mujer o cualquier otro ser indefenso, cese tanto
dentro como fuera del hogar. La violencia, en cualquier modo
y manera, -física, sexual, psicológica,
o verbal-, es una vuelta a la brutalidad de las cavernas. En
este sentido, veo hasta muy bien que el gobierno nos ofrezca
una película. Pasemos de quedarnos sólo como
espectadores. Ahondemos en el asunto. Pidamos nuestro propio
papel y alcemos nuestro propio argumento en consonancia con
el hilo argumental de la campaña que narra el final
de una historia de malos tratos, haciéndolo desde tres
puntos de vista diferentes: el de la mujer maltratada, el del
maltratador y el de las personas que configuran su entorno.
A partir de esta narración común, se desarrollan
tres piezas distintas en las que una mujer víctima de
la violencia de género sale de un juzgado para volver
a casa. En el viaje, la mujer va acompañada de sus amigos
y cuando llega a su hogar es arropada por sus hijos y vecinos.
El agresor se queda solo, aislado y custodiado en los juzgados.
Piense la síntesis: ¿Termina el problema o empiezan
otros añadidos que, a veces, agravan aún más
la situación? Esto es lo que hay que reconsiderar.
Las
intenciones podrán ser todo lo sensible que anhelemos,
pero lo cierto es que una mujer cuando huye encuentra más
puertas cerradas que abiertas. Y el agresor ni se queda solo,
ni todo lo aislado que se debiera. La ley tiene sus vacíos
y lagunas. No es la llave perfecta para ponerla a salvo. Los
medios para comenzar una nueva vida, sin miedo al agresor,
son todavía muy insuficientes. Apenas unas migajas.
Los maltratadores esto lo saben y, en consecuencia, se muestran
más altaneros y comienza la trama del revanchismo, bajo
el guión de nuevos escarmientos a la víctima.
Por otra parte, la solución no es que la sociedad se
movilice un día, o cuando suceda una desgracia, todos
estamos llamados a poner una atención especial y constante
en denunciar esa violencia doméstica que intuimos o
de la que somos testigos. En esto, como en tantas cosas, se
hace mucha vista larga.
Es
coherente que la campaña sea el punto de partida
de otras acciones de sensibilización. Pero hay que dar
un paso más allá de los buenos propósitos
para que se regenere la cultura de hacer familia en familia.
Considero que pretender resolver este problema sólo
desde un punto de vista jurídico social, sin poner freno
al diluvio de exaltaciones pornográficas contrarias
a la dignidad de la persona, es un mal ambiente para remover
conciencias y reciclar conductas. Pienso que no estaría
demás la creación de centros de verdadera orientación
familiar, dirigidos a reeducar y rehabilitar el entramado familiar.
Con personas que no tienen vínculo familiar alguno y
con la escuela desmotivada, resulta complicado humanizar a
nadie. ¿Dónde han quedado las exigencias del
amor y del perdón? En este mundo de apariencias, que
vive de ensoñaciones y superficialidades, no lo veo
por ninguna parte. Sólo violencia, simientes de odio
y sedimentos de venganza, negocios de abogados y cuentos de
la lechera. |