| Ante
la magnitud del flagelo del SIDA, cualquier ayuda vale un
mundo. Un millón de euros aporta España
este año a la iniciativa IAVI (Internacional Aids Vaccine
Initiative); un programa público-privado que trabaja
para tratar de acelerar el desarrollo de una vacuna que prevenga
el VIH. En la actualidad, el citado equipo ha identificado
seis posibles vacunas y ha comenzado la aplicación en
pruebas en once países. Vacunas seguras, efectivas y
accesibles, es lo que piden las victimas de esta epidemia.
Los pobres también tienen derechos a ponerse estos anticuerpos.
No siempre es así.
Lo
de ser buenos samaritanos es el propósito de la
cooperación española que han tomado la lucha
contra esta dolencia como una prioridad. Un verdadero azote
mundial que se traga a diario muchas vidas. Cualquier auxilio
es un paso más para detener el dolor. Desde luego, en
la lucha contra este drama, todos debemos sentirnos implicados.
Es cierto que corresponde a los gobernantes y a las autoridades,
a través de sus instituciones, proporcionar informaciones
claras y correctas al servicio de los ciudadanos, así como
dedicar recursos suficientes a la educación de los jóvenes
y al cuidado de la salud; pero también, nosotros mismos,
podemos ser aliento para esas gentes que viven recluidas en
la desesperación.
Alguien
dijo, que se alcanza el éxito convirtiendo
cada paso en una meta y cada meta en un paso, y no le faltó juicio,
puesto que la marcha de la salud es el ingrediente principal
de la vida. Toda apuesta, pues, por atajar el padecimiento
me parece una luz en la noche. A todo este padecer, que es
grande, hay que sumarle posiciones de rechazo. El temor al
contagio ahí está. Conocer científicamente
qué cosas pueden causar contagio y cuáles no,
es también otro avance más, para que no se desencadenen
procesos de reclusión y exclusión al menor síntoma.
Nadie está libre, el SIDA no es un problema exclusivo
de los bautizados como “grupos de riesgo", es un
asunto de todos. La prevención va a depender muy mucho
de los comportamientos de cada uno de nosotros.
Al
parecer, más de la mitad de los nuevos infectados
con SIDA cada día en España adquieren la enfermedad
después de tener contacto (de tipo sexual por lo general)
con portadores del VIH que ignoran que lo son. De acuerdo con
la Ministra de Salud, Elena Salgado, en el país existen
entre 35.000 y 40.000 personas en estas condiciones, totalmente
ignorantes del peligro que ellas representan para sus prójimos,
y especialmente para sus parejas. Cada día la cifra
aumenta entre 8 y 10 personas más infectadas con el
virus. Está visto que las recomendaciones de las autoridades
sanitarias, como pueden ser el uso de preservativos en las
relaciones sexuales y la utilización de jeringuillas
nuevas cuando se trata del uso de la droga por vía intravenosa,
no resta infectados. Habría que complementarlas con
otras.
Por
desgracia, seguimos siendo más un país de recomendados
a la vida fácil que de encomendados a la vida consecuente.
Lo malo es que el SIDA no entiende de protegidos, a quien
le toca la china, le ha tocado. Circunscribirse, únicamente,
a estas medidas de sanidad, como puede ser el divertimento
de “póntelo/pónselo”, es igual
que predicar en el desierto. A las estadísticas me
remito. La puerta a los contagios sigue abierta y de qué modo.
Pienso que una forma de cerrarla de plano, pasa por tomar
otras llaves más responsables. Cuando menos aumentarían
los sanos deseos de vivir. Corregir comportamientos
enviciados, modificar actitudes en las que no soy lo que
soy, es tan justo como necesario. En todo caso, levantarme
yo mismo para ser yo en sociedad es un signo de libertad
que nos vive. Algo que no tenemos en este mundo de esclavos
que nos mata, huyendo de toda ética y moral. |