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las vanguardias históricas, clásicos
contemporáneos y arte actual, por estas fechas febreriles,
cuando en el sur de la madre patria despiertan los almendros
la claridad de su pureza trazando horizontes de nieve y, por
el norte, empiezan a adormecerse los fríos fraguándose
la suavidad de las luces, suelen darse cita en la feria internacional
de Arco, una multitud de galerías procedentes de todos
los mundos, arropados por el encuentro de sensibilidades, bajo
el universo expositivo del arte: pintura, escultura, instalaciones,
fotografía, vídeo, new media, dibujo y grabado.
Sin duda, es una buena ocasión para adentrarse en ese
abecedario de sensaciones y, después de esa contemplación,
quizás surja el deseo de aprender el arte de pensar
y vivir creativamente.
Está visto que cuando nos sorprendemos, descubrimos
y atrapamos las inmensas posibilidades creativas que nos ofrece
esta vida que nos ha tocado vivir, evidentemente nos cambia
la forma de hallarnos y de reencontrar el camino. ¿Qué es
el arte, sino una manera de orientarse en la existencia? Por
ello, me parece sumamente interesante que el Ministerio de
Cultura haya activado, con motivo de la XXVII edición
de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo Arco,
un proyecto de ideas y propuestas para el arte. Transmitir
al mundo ideas expresivas del arte, por parte de los propios
cultivadores, es como invitar a vivir lo que no se vive, es
sobre todo participar un estado de luz que nos pone alas para
ver al mundo desde otras alturas más estéticas,
distintas a este inseguro y esclavizado sistema productivo,
de agobiante y jerarquizado poder que aplasta a las personas
más vulnerables, dejándolas insensiblemente tiradas
en la cuneta del olvido, bajo la etiqueta de la exclusión.
Nuestro
siglo exige otra estética y el arte, cuando
es puro, puede instruirnos para llevar a buen término
proyectos compartidos en torno a un mundo más cohesionado.
Bien es verdad que también, a veces, asistimos a la
teorización de un arte incapaz de hablar una lengua
universal, un lenguaje común, optando por lingüísticas
egoístas y egocéntricas, tribales y mediocres,
que para nada comunica. También este arte, que pongo
en duda que lo sea, cuando menos debe huir de matarse asimismo,
puesto que la finalidad del arte siguiendo la idea aristotélica,
es dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas, no el copiar
su apariencia o el inventarse, en vez de la belleza, el mal
gusto. Además, lo que paulatinamente ha perdido el actual
mundo electrónico y consumista, es justo el estupor,
dando paso a la vulgaridad. Para salir de ese letargo de simpleza
y terquedad, lo más sensato es racionalizar la belleza
cultivada y contemplada, que será aquello que visto
place. La persona debe saber guiarse. El arte y el razonamiento
son dos inestimables herramientas de conducción para
un mundo que no es del todo claro.
Seríamos injustos, a pesar de que nos apasione todo
lo que se aproxime al talento, sino dijésemos que son
muchos los observadores que piden un retorno a la verdadera
belleza. Algo que parece, a juzgar por algunos críticos,
le falta al arte moderno. Quizás debiéramos pensar
que la inspiración es el destello del mundo. Si el mundo
es aterrador, el reflejo también lo es. Sin embargo,
a mi me parece una sensata idea potenciar un encuentro de sensibilidades,
como es Arco al fin y al cabo, para ofrecer al mundo un despertar
en el arte, o sea en el orden. Seguro que se puede mejorar
la feria, pero ahí está fiel a la cita un año
más, llamándonos y llevándonos a ese baile
de colores y calores, para inyectarnos níveas sacudidas,
para dejarnos el alma en el sueño de la obra pictórica
y que, el asombro, si es que nos sobrecoge, acabe injertándonos
pensamientos nuevos en un mundo viejo y de viejos.
Arco
nos debe hacer ver la belleza. Nos la hará sentir
en la medida que aglutine talento artístico. El mundo
necesita saborear la indescifrable hermosura y hacerla suya,
antes de perdernos en el rumor y en la ira, en el galopar y
en la incompetencia, en la negación de los verdaderos
valores, en el vacío y en un laberinto que no conduce
a ningún sitio y que marca el fin de toda esperanza.
Haría falta reencontrar el modo de trabajar con la pureza
como compañera de viaje, extraer su respiración,
llevar consigo la paciencia de los artistas, un arte de vivir
que ennoblezca al ser humano. En cambio, se instrumentalizan
las cosas, se sacan de quicio, se confunden las semánticas,
arropando y confundiendo lenguajes que nada tienen que ver
con el lunar del arte.
Entendemos
que el éxito comercial de Arco está asegurado,
pero precisamente por su posicionamiento privilegiado en el
panorama artístico internacional, debería suscitar
algo más que un simple interés de mercado. Hay
que dejar oír la voz del artista, tanto a través
de su obra como de sus gestos, su manera de mirar hacía
sí y hacia los demás, hacia el paisaje y hacia
el universo, sólo así se pueden entender las
historias de la vida y comprender el valor artístico.
A
mi juicio, los tiempos actuales caminan ausentes de auténtica
belleza, sin entusiasmo alguno, lo que dificulta un naciente
resurgir. La presencia de los grandes mercados artísticos
de Nueva York, Londres y Alemania, además de Brasil
como uno de los ejes internacionales más emergentes
y de mayor efervescencia artística en la actualidad,
puede ser un motivo extraordinario para el análisis,
en un mundo hambriento de artistas, pues únicamente
ellos son capaces de transmitir la potencia del bien refugiada
en la naturaleza de lo bello. Sólo desde el olimpo
de los verdaderos cultivadores del arte, el crecimiento de
la persona es un seguro de por vida. En relación con
las obras pictóricas, los humanos de todos los tiempos
y espacios, alumbraron destinos, encendieron el gusto por
la vida y el sueño futuro. Esperemos que también
a los de ahora, podamos escucharles y nos resuciten con el
salvavidas de lo bello, un presente más saludable
y un porvenir más humano. Sería la gran lección
de Arco 2008.
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