Hoy
me he citado con la vida para hablar del camino. En ocasiones
pensamos avanzar cuando nos movemos, y sin apenas darnos cuenta,
retrocedemos al punto de partida y volvemos al mismo sitio.
A Dios gracias, tenemos fuerzas centrípetas que nos
ayudan a dar un nuevo paso, el olvido (sea por omisión
o por perdón) y el anhelo por vivir. Soy de los que
pienso que la existencia es puro deseo, lo malo es cuando
se vicia, entonces se pierden los poéticos hábitos
y subsistir se convierte en una quimera. Recientemente James
Paul McCartney, uno de los músicos más influyentes
en el actual escenario de la vereda musical, nos advertía
sobre el misticismo de las palabras: “El caos y la creación
se refieren en el álbum a que cuando no has escrito
una canción está allí y hay muchas pequeñas
vibraciones, lo transformas en una canción y se convierte
en creación”. Sus declaraciones nos trasladan
a un abecedario contemplativo, el de la reflexión más
profunda; un aire que se nos puede pasar desapercibido, pero
que está presente como vestimenta para los sentidos,
sólo es cuestión de adentrarse y dejar que nos
despierte el asombro.
Si
la vida no debe ser un guión que se nos impone, sino
una propuesta creativa a la que todos estamos convocados,
deberíamos poner universal tino para que la existencia
tuviese un sabor más de belleza que de maraña,
y escuchar los variados timbres naturales y humanos, para
que nadie se sienta extranjero en una senda por la que todos
pasamos. Luego, pasa lo que pasa. Cuando se encabrita la madre
naturaleza es para echarse a temblar. Lo último, el
Katrina. Está visto que el aluvión de agresiones
al medio ambiente nos pasa factura. Eso de contaminar el libro
del universo hasta saciarlo de impurezas, quebranta el orden
y resquebraja la armonía. Podremos tener una esperanza
de vida grande, pero si después no sabemos vivirla
de nada nos sirve. A estas alturas de siglo, pienso que todavía
no hemos sido educados para vivir con los demás. Resulta
curioso el triunfalismo de algunos sectores de la sociedad
que lo ven todo en estado óptimo, aunque para ello
tengan que salirse por la tangente y escurran el bulto de
los desequilibrios, desarrollos repletos de desajustes y poca
sensatez de prudencia.
La
avalancha de invasiones mafiosas que nos sorprenden a diario
en cualquier esquina, altamente profesionalizadas en segar
y comercializar vidas humanas, es otra prueba más del
retroceso que sufrimos en propia carne. No estaría
demás una cumbre de análisis auténtico,
entre distintos convecinos y vecinos afectados, para analizar
esta nueva y dolorosa penuria. Que no se quede sólo
en la foto protocolaria y poco más. La bandeja de terror
que se nos ofrece causa pánico en muchas personas hasta
el total desequilibrio de la persona. La guerra psicológica
está en marcha, lo que hace retornarnos a un mundo
de resentimientos. Los mejores médicos para el mundo
siempre han sido, el doctor ética y la estética
doctora, el doctor alegría y la comprensiva doctora,
el doctor reposo y la reposada doctora. Lo de andar aceleradamente
nos resta saber y previsión. Tan saludable es el respeto
que hemos de tener frente a la libertad de las conciencias,
que no admite manipulación alguna, como la protección
a todo ataque ajeno, sea real o psicológico. Eso de
atemorizarnos es otra manera de revolvernos el estómago,
sacarnos la bilis y de matarnos en vida.
En
esa vuelta a la regresión no cabe la huida, ni tampoco
la retirada, y menos todavía el abandono, hay que sumar
fuerzas a favor de la vida para que los problemas que la acorralan
tengan una resolución benefactora para todos. Donde
hay educación no existe la alarmante distinción
de clase que soportamos, sino donaires que nos alegran la
existencia. No se puede ser optimista por mucho que nos digan
que en España se vive muy bien, cuando tenemos una
creciente juventud que ha dejado de ser futuro, fracasada
hasta el desánimo total, y que ha tomado la droga como
compañera de viaje de un camino sin horizonte. Necio
espíritu es perder las ganas de vivir cuando se es
joven y se tiene toda una vida para caminar. Pues, como dice
una titular del ramo educativo, no le tengamos miedo al debate
y hagámoslo. Seguramente llegaríamos a un punto
de encuentro donde estarían esos docentes que son pésimos
maestros porque nunca han sido discípulos, del mismo
modo que las familias que han perdido el corazón. Al
final, todos somos un poco responsables de todo.
En
suma, no son pocos los retrocesos que nos sacan de madre,
a pesar de tantos descubrimientos humanos. Eso de encubrir
monedas falsas de cambio se nos da muy bien. Hasta el punto
que parece que vivimos en un mundo de mentira. Creo que se
precisa un estilo nuevo de andar por la vida, menos altanero
y jerárquico, y más de autenticidad humana entre
ciudadanos. En consecuencia, bajo una vocación humanista
y evocación al desinterés, hemos de cooperar
en algo que podemos hacer sin engaños, en verdadera
donación, ayudar a que la felicidad sea un placer compartido
con cuantas más personas mejor. Según dijo Goethe,
el hombre más feliz del mundo es aquel que sepa reconocer
los méritos de los demás y pueda alegrarse del
bien ajeno como si fuera propio. ¿Cuántos están
dispuestos a cumplir la enseñanza? De momento, fúndense
instituciones capaces de promover otros repartos y ordenemos
el caos de un mercado que ha perdido el alma de tanto venderla
al diablo y pongamos un retén de salvas que nos quite
el miedo que llevamos a flor de piel. A continuación,
levantemos el telón de la voz y la palabra, en libertad.
Y hágase la justicia con justicia de amor.