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El
11 de junio, la Iglesia local celebró la
fiesta de Corpus Christi; una tradición
sólida de la ciudad, donde diversas calles
tuvieron altares confeccionados por grupos apostólicos.
El
padre José Luis Canto Sosa ofició
la misa de las seis de la tarde, preámbulo
de la ofrenda de los frutos primiciales: alimentos
de la tierra, en mesas y ventanas.
En
la tarde del jueves, grupos de fieles colocaron
las mesas. A las seis, la liturgia en el templo
de San Luis Obispo. La salida del Santísimo,
en manos del párroco, a las 7:30 p.m.
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Decenas
de católicos, encabezados por acólitos
y ministros, siguieron el vehículo que
transportó al Santísimo por "el
callejón", bajando hacia la calle
22; en un costado de la 17, la multitud se detuvo,
y el sacerdote comenzó el rito, frente
al primer altar.
El
recorrido continuó sobre la calle 22. La
gente dobló hacia la 23, donde en la puerta
de la casa de la familia Rodríguez Sánchez
fue repetida la ceremonia. Lo mismo sucedió,
en el altar ubicado al final de la misma calle,
en confluencia con la 20. De aquí, se siguió
al norte. La familia González-Castellanos
preparó su ofrenda de motivos frutales.
Más adelante, cerca de la tienda de Lupita
Carvajal estuvo otra mesa.
La
marcha llegó a la esquina de las calles
20x15; en ésta, también se colocó
un altar; como en la esquina de la tienda "Las
quince letras", cerca de los semáforos.
Los
fieles entraron, de nuevo, por la calle 22, rumbo
al "callejón" (17) y se trasladaron
hacia la entrada de la parroquia, donde a las
nueve de la noche concluyó la procesión,
con el ritual correspondiente.
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