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Ordenan sacerdote a Javier Eloir Can Trejo

Nota del 4 de junio de 2012.
 

A las 10:00 de la mañana del jueves 31 de mayo, en la Santa Iglesia Catedral de San Francisco de Campeche, inició la Misa por la Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, en la que Mons. Ramón Castro Castro, Obispo de la Diócesis, concedió el orden sacerdotal en el grado de presbíteros a los siguientes jóvenes: Mario Fernando Haas Cohuó, José Guadalupe Pérez, Wenceslao Tucuch Huchín, Leonel Vargas Zacarías, Javier Eloir Can Trejo, Efraín Rosales Centeno y Lázaro Hernández Que. Javier Eloir es oriundo de Calkiní.

 
 

Durante la Liturgia de la Palabra, los asistentes a la Celebración Eucarística escucharon con atención la Primera Lectura (Is 61, 1-3), que da a conocer como el profeta es ungido y enviado a anunciar la buena nueva a los pobres; el Salmo Responsorial (Salmo 109) que invita a todos a reconocer a Cristo, sacerdote para siempre, que ofrece el pan y el vino, como Melquisedec;  la Segunda Lectura (Hb 5, 1-10) cuyo autor presenta, al igual que el Salmo, a Jesús como sumo sacerdote, Sacerdote eterno, como  Melquisedec y, por último, el Evangelio (Mt 5, 13-16) que narra cómo Jesús invita a sus discípulos a ser la sal de la tierra y la luz del mundo.

Terminada la proclamación del Evangelio, el Pbro. Próspero Huchín Sánchez, Vicario General de la Diócesis de Campeche, fue llamando uno a uno a los que serían ordenados presbíteros para presentarlos al Obispo como dignos para ser admitidos en el grado del presbiterado.

 
 

Seguidamente, Mons. Castro llevó a cabo la Homilía, en la que hizo la reflexión de la Palabra de Dios y sobre la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, exhortando a los Diáconos presentados para la ordenación presbiteral a amar al presbiterio de la Diócesis, amar al Pueblo de Dios que peregrina en Campeche y amar al Obispo. Amor que se debe reflejar en la obediencia a sus decisiones, mandatos e instrucciones. También los invitó a ser santos, sanos y sabios sacerdotes.

Terminada la Homilía, Mons. Castro fue interrogando a cada uno de los elegidos para el orden presbiteral, para que manifestaran su aceptación de las exigencias que trae consigo la consagración al servicio de Dios y de su Pueblo: servir con humildad, amor y espíritu de fe, así como vivir el celibato y obedecer al Obispo. Cada uno de los elegidos se acercó al Obispo y de rodillas fueron colocando sus manos juntas entre sus manos en signo de obediencia.

 
 

Después, los candidatos al orden de los presbíteros  se postraron rostro en tierra, signo de su total dedicación a Dios, del reconocimiento de sus flaquezas y humanidad, de sus renuncias a cualquier interés ajeno y de su abandono en las manos de Dios, quien los ha llamado por pura gratuidad a servirlo. Mientras tanto, todos los asistentes, estando de rodillas, entonaron las Letanías pidiendo la intercesión de los santos para que Dios derrame su gracia y su bendición en cada uno de los candidatos.

Luego el Sr. Obispo impuso las manos en silencio a cada uno de los elegidos y enseguida los más de setenta presbíteros presentes fueron imponiendo, igualmente en silencio, las manos sobre cada uno de los elegidos.

 
 

El Coro dirigió entre tanto el canto del “Veni Creator”. Al terminar de pasar los presbíteros a imponer las manos, Mons. Castro Castro hizo la Plegaria de Ordenación con las manos extendidas pidiendo a Dios, entre otras gracias y bendiciones, que les confiera la dignidad del presbiterado, que renueve en sus corazones el Espíritu de Santidad, que reciban el segundo grado del ministerio sacerdotal y que sean, con su conducta, ejemplo de vida.

Al concluir la Plegaria de Ordenación, los nuevos presbíteros fueron revestidos con la estola presbiteral y la casulla, por presbíteros que los apadrinaron en cercanía con sus familias. La estola presbiteral y la casulla manifiestan visiblemente el ministerio que desde ahora van a ejercer los nuevos presbíteros. Posteriormente, el  Obispo fue ungiendo con el Santo Crisma las palmas de las manos de cada ordenad,o como signo de su peculiar participación en el sacerdocio de Cristo y de la especial unción del Espíritu Santo para hacer fecundo su ministerio.

 
 

Luego, recibieron de manos de Don Ramón Castro la patena con el pan y el cáliz con el vino, significando con ello que deberán presidir la Celebración Eucarística, que deberán orientar sus vidas de modo que realicen personalmente la entrega de Jesús en la cruz, que deberán de ser pan que alimente a la humanidad hambrienta de Dios y que  como sacerdotes han de presentar constantemente a Dios la ofrenda de los fieles.

Enseguida, Mons. Castro dio el saludo de la Paz a los siete nuevos presbíteros como signo de su acogida como colaboradores suyos y de que han sido admitidos en la comunidad de presbíteros. También dieron el saludo de la paz el Pbro. Próspero Huchín Sánchez, Vicario General, el Pbro. Guillermo Pedroza López, Vice- Rector del Seminario Diocesano, y el Pbro. Álvaro Barrera Pinzón, Vicario de la Pastoral Presbiteral. Además del saludo de la Paz, les besaron las manos recién ungidas con el Santo Crisma.

 
 

Los nuevos presbíteros se quedaron en el Presbiterio para concelebrar la Eucaristía con el Sr. Obispo. La Santa Misa finalizó a las 13:00 horas. El Pbro. Leonel Virgen Zacarías agradeció en nombre de los neo-presbíteros por el don del sacerdocio recibido. El Sr. Obispo dio lectura de los nombramientos de los lugares asignados para el ministerio pastoral  de los neo- presbíteros. Por último, los nuevos sacerdotes permanecieron en la nave central de la S. I. Catedral para el besa manos.

Los nuevos sacerdotes se trasladaron a las instalaciones del Seminario Mayor “San José”, donde se realizó un alegre convivio con tacos de cochinita, refrescos y pastel, contando con la presencia del Sr. Obispo, presbíteros, diáconos, religiosos, religiosas, seminaristas, familiares, amigos y otros fieles que los felicitaron y les desearon ser fecundos en su ministerio sacerdotal.

 
 
 
 
Fuente: José Luis Canto Sosa / Fotos: Hidalgo Herrera Cauich