Cuando se abrieron las puertas del nicho, el vicario de la parroquia, Pbro. Manuel May Euán, inciensó la imagen, para luego iniciar las difíciles maniobras dirigidas por Manuel Briceño Blanco; ayudantes Alfredo Cuevas, Manuel López Trejo, Genaro Cocom, Ernesto Ávila Segovia y otros, quienes cada año auxilian en esta bajada. Al traspasar la puerta de la capilla, la imagen asomó en la nave central del templo; se escucharon aplausos, tronar de voladores. El coro “Shalom” entonaba el Himno al Cristo (escrito por Jorge Anchevida Chan). Una vez en el centro del recinto, el pesado crucifijo fue sacado de su base, y en hombros se le trasladó hasta un catafalco instalado en el centro del templo.
En ese momento, cientos de manos se abalanzaron hacia el Cristo, lo abrazaron y rodearon, cobijándolo con un calor humano, patentizándole de esta manera la fe y el amor hacia la venerada imagen. No podía faltar doña Lucía Ac, quien desde hace años, con un gran manojo de la aromática ruda, embalsama la imagen; al igual, otras personas hicieron lo mismo. Hubo un momento en que los cargadores no podían controlar la ola humana que se acercó a la imagen; pero con mucha educación, poco a poco, los feligreses veneraron al más “antiguo calkiniense” que -según historiadores- arribó a estas tierras en 1565.