En su homilía, el prelado hizo alusión al Evangelio de San Lucas, destacando: transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor de acuerdo con lo escrito en la ley; todo primogénito varón será consagrado al Señor. Vivía en Jerusalén un hombre justo llamado Simeón, temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel, en el moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías. Movido por el Espíritu, fue al templo y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la Ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo: "Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me había prometido, porque mis ojos han visto al Salvador al que has preparado para bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo Israel, el niño iba creciendo y fortaleciéndose. Es de mucha importancia educar bien a los hijos; recordemos que hace no mucho tiempo, nuestros padres llevaban a los niños a presentarlos al templo. Se ha ido perdiendo esta costumbre, ahora son pocas las familias que lo realizan. Debemos imitar a la Sagrada Familia que son ejemplo a seguir, y recordemos que la luz de las velas es la Luz de Cristo que ilumina nuestras vidas, una luz viva, para tratar de vivir cristianamente.
Al finalizar la Eucaristía, el sacerdotes realizó la bendición de varias imágenes del Niño Dios, Divino Niño y otras.
De igual manera, se realizaron bendiciones de velas en misas de 5:00 de la tarde y 7:00 de la noche.